EL ARTE DE CONVIVIR Y LA CORTESIA SOCIAL
INTRODUCCION

¿A qué no eres capaz de quitarle la capa?

El Sol dijo estas palabras al Viento cuando juntos observaban el
deambular de un mendigo por la solitaria carretera. El poderoso
Viento pensó que sería tarea fácil y comenzó a soplar. El hombre
se asía a la capa tomándola con las dos manos cruzadas al
frente. El Viento entonces decidió soplar con mayor fuerza. En
respuesta, el mendigo se aferró a su vieja prenda de abrigo,
arrollándosela al cuerpo para evitar que el Viento la arrastrara. A
su vez, el Viento se enfurecía y soplaba con más vigor sin lograr
su propósito. De manera que, a pesar de su orgullo, tuvo que
rendirse, darse por vencido.

-¿Lo ves?-le reprochó el Sol-. Esa no es la manera. ¡Fíjate como
lo consigo yo!

Poco a poco, suavemente el Sol fue lanzando cada vez un mayor
número de rayos. El mendigo, contento, empezó a sentir su
calidez, así que desenrolló la capa y echó todo su vuelo a la
espalda. Al final terminó por quitársela y ponerla en el suelo.
Gratificado, hizo un alto en el camino y sonrió de cara al Sol.


















La moraleja de esta vieja fábula es tan sencilla como ella misma;
la calidez del Sol consiguió lo que el Viento, con toda su violencia,
no logró. Asimismo sucede en nuestras relaciones con los
demás.

En la vida podemos rechazar o no compartir las ideas de los
otros. Sin embargo, la convivencia se dará mejor y más
fácilmente si la concebimos desde la aceptación, la comprensión
y el respeto.

La cortesía debe surgir de una entrega auténtica y de ceder
voluntariamente al otro parte de nuestro poder, de nuestro placer
y quizá de nuestra comodidad, no como mera forma de etiqueta o
apariencia. De poco nos servirá ser las personas más cultas y
correctas, si estas cualidades no nos proporcionan la sensación
de bienestar y paz que obtenemos al entregar un poco de
nosotros mismos.


















Lo que expongo en este segundo libro de El arte de convivir no
intenta ser la verdad absoluta, simplemente se trata de puntos de
referencia que considero facilitan la convivencia social y nos dan
la seguridad de saber que estamos actuando correctamente.

Como la casa es la cuna donde la naturaleza de un niño se
esculpe, el libro empieza con el hogar, para seguir con los
vecinos, la calle, los restaurantes, teatros, deportes, viajes,
etcétera. Todo aquello que llevamos a cabo como parte de una
comunidad.

Es cierto que con cortesía difícilmente solucionaremos los
problemas que vivimos actualmente, sin embargo, también es
cierto que cada cual puede fabricar un pequeño cielo en su
entorno.

Para lograrlo no hay que hacer cosas extraordinarias, sino
sencillamente siendo sinceros y acogedores como el Sol bastará
con dar calidez a la vida de los demás.

GABY VARGAS