SOY MUJER SOY INVENCIBLE Y ESTOY EXHAUSTA
INTRODUCCIÓN
Al regresar de un viaje por la República Mexicana , me da mucho
gusto darme cuenta de que ya no hay profesiones exclusivamente
masculinas: el capitán del avión es mujer; a la par, veo en el
periódico la foto de una mujer nombrada general del Ejército
Mexicano. Más tarde, noto con sorpresa que en el mariachi que
ameniza la comida, quien toca el violin es mujer. Y así por el
estilo, día con día la percepción y el hecho mismo de que hay
jefas de Estado, científicas, astronautas, diputadas, policías y
demás, va en aumento. ¡Qué maravilla! ¡Qué orgullo! ¡Claro que
podemos! El éxito de una mujer es el éxito de todas.
Hoy es el tiempo de las mujeres. Nuestro tiempo. Es nuestro
momento y nuestra oportunidad. También, nuestro gran reto. Las
posibilidades de marcar una diferencia en el mundo en que
vivimos son ilimitadas; las mujeres tenemos un gran poder,
además de cualidades, dones, fortalezas y, sobre todo, una gran
influencia en la vida de los que nos rodean.
Como la mayoría de las mujeres de mi generación, fui educada
para creer que el verdadero poder viene del trabajo o de un título
profesional, y así nos lo exigimos. Es un hecho que hoy en día
nos fijamos muchas metas que compiten entre sí. Queremos ser
“super poderosas”: hacer todo perfecto, ser cultas, guapas,
delgadas, estar a la moda, ser las mejores mamás, caminar con
tacones de aguja, ser competitivas, tomar clases de todo, ganar
bien, ser sexys, tener la casa linda, desarrollarnos internamente,
ser interesantes, profesionales, tener nuestros pequeños
placeres y, además, contar con tiempo para descansar. Sí, las
mujeres tenemos hambre de tiempo.
Si sumamos todo el tiempo que requiere lo anterior, el día tendría
que tener, exactamente, 42 horas, pero tiene 24 y nosotras solo
una cantidad limitada de energía que dejamos repartida en
pedacitos por todos lados. Difícilmente nos damos oportunidad
para recargarla, lo cual nos lleva a un gran desgaste físico y
mental. Por ende, estamos atrapadas en un juego difícil de ganar.
¿Podemos tenerlo todo? Por supuesto que sí, quizá no al mismo
tiempo. Lograrlo es cuestión de definir los asuntos prioritarios de
nuestra existencia, de acuerdo con las etapas de nuestra vida.
Hoy, después de casi 30 años de trabajar para lograr lo que un
día soñé, puedo comprender que el verdadero poder tiene muy
poco que ver con lo que nuestro currículo diga. En realidad, surge
de encontrar nuestra propia voz, ser honestas con nosotras
mismas y seguir los dictados de nuestro corazón.
Permíteme compartir contigo la anécdota que dio origen a este
libro:
Una mañana, de vacaciones en Cancún, salí a caminar por la
playa. Aproveché para hacer ejercicio, gozar de la vista del mar,
respirar aire limpio y agradecer los regalos que la vida me ha
dado. De pronto, vi a una señora que caminaba en dirección
contraria a mí y que, por su apariencia, supongo era
estadounidense.
Al ver la leyenda impresa en letras negras sobre su playera
blanca, de inmediato me identifiqué y pensé: “Sí, sí, así me
siento, exactamente así”. Alguien supo expresar en pocas
palabras lo que, sin darme cuenta, yo sentía y vivía. Por un
instante, la mujer y yo nos miramos y sonreímos en perfecta
complicidad. No sé quién era, de dónde venía, ni los años que
tenía y, mucho menos, a qué se dedicaba. Ella tampoco sabía
nada de mí. Sin embargo, esa leyenda de inmediato nos
hermanó.
Cada una siguió su camino. Nunca nos volvimos a ver. Lo que
tenía escrito en su camiseta era, precisamente, el título de este
libro: “Soy mujer, soy invincible, ¡y estoy exhausta!”
Estoy segura de que hoy en día millones de mujeres en el mundo
nos sentimos identificadas con esta frase, no importa de dónde
vengamos ni la situación que vivamos.
A lo largo de mi trayectoria profesional, he tenido la oportunidad
de viajar por la mayoría de los estados de México. Así, he leído,
escuchado y conocido a mujeres con historias maravillosas.
Historias que deberían estar escritas con letras de oro, porque
son un ejemplo a seguir. Mujeres profesionales, luchonas,
fuertes, recias, tesonudas, que trabajan entre 14 y 16 horas
diarias; que realizan grandes proyectos con eficiencia y entrega,
al mismo tiempo que desempeñan sus roles de madre, esposa,
amante, cocinera, chofer, lavandera, psicóloga y demás
quehaceres que todas conocemos y llevamos a cabo.
Esto me ha enseñado que cuando una mujer se enfrenta a una
situación límite, ya sea la enfermedad de un hijo, sacar adelante
a una familia, asumir un reto, empezar un trabajo, afrontar una
discapacidad o una adversidad de la vida, saca fuerzas que ni
ella misma sabe que tiene. Nos volvemos invencibles. Las
mujeres tenemos una gran fortaleza interna y externa que todavía
no acabamos de reconocer. Es por eso que resulta tan
significativa la frase de Eleanor Roosvelt: “Las mujeres son como
una bolsita de té; nunca sabes lo fuertes que son hasta que las
metes en agua caliente.”
Como muchas mujeres, tengo una familia –mi mayor orgullo- y
35 años de estar felizmente casada con un hombre al que admiro
y adoro. Puedo decir que he pasado por todas las situaciones, o
casi, y sé lo difícil que es tratar de hacer todo y lograr un equilibrio
a pesar de las caídas, los logros, las oportunidades y demandas
que hoy tenemos. Sin embargo, debo asegurarte que se puede.
Por otro lado, pertenezco a la “generación sandwich” de mujeres
que nos desarrollamos en los años setenta, entre una mamá
modelo de los años cincuenta y la revolución feminista de nuestro
tiempo. Crecimos con un pie en el pasado y otro en el futuro, lo
cual nos ha dado una buena dosis de confusión.
Nos educaron mujeres cuyo único fin era casarse, entregarse,
atender a su esposo y formar una familia para dedicarse a ella
por entero. Al mismo tiempo, el movimiento feminista nos llamó a
despertar, a revalorarnos, a ser libres sexualmente, a soltar esos
viejos conceptos y a desarrollarnos como mujeres
independientes, como personas. Y es así que, para bien o para
mal, toda mujer liberada de hoy tiene encriptada en la conciencia
a la mujer tradicional de mediados del siglo pasado. Por ello,
cada vez que actuamos desde este poder adquirido, nuestra
esencia entra en conflicto.
En estas páginas no pretendo dar una solución, tipo receta de
cocina, a los multiples dilemas y las paradojas de nuestra
existencia. Porque no hay una solución única; la historia de cada
mujer es distinta. Me basta cumplir con lo que dice mi querido
amigo Germán Dehesa: “Nuestra obligación es mostrar, no
demostrar, y mucho menos aconsejar.” Lo que busco es provocar
la reflexión; ayudarnos a ver a distancia el camino que hemos
decidido recorrer, porque es producto de las decisiones que
tomamos. Quisiera que sintieras un abrazo comprensivo de
apoyo y solidaridad. Sé que juntas encontraremos formas más
femenidas para lograr el equilibrio que generalmente
alcanzamos por un momento y vemos esfumarse al siguiente.
Durante la investigación que realicé para dar forma a estas
páginas, me di cuenta de que el tema de las mujer es inagotable.
Podría escribir una enciclopedia completa y, aún así, dejar
aspectos pendientes, razón por la que en este libro decidí
enfocarme en los puntos clave e inmediatos de la vida de la
mujer actual. Dividí el contendido en cinco capítulos: “Yo con mi
pareja”, “Yo y mi trabajo”, “Yo con mi familia”, “Yo y mi salud” y,
finalmente, “Yo conmigo misma”.
El primer capítulo, “Yo con mi pareja”, trata sobre tópicos tan
diversos como el amor que llega cuando menos lo esperas, la
comunicación con tu pareja, la infidelidad, las lecciones que
puede darnos una amante y la violencia física dentro de una
relación amorosa.
En el segundo capítulo, “Yo y mi trabajo”, expongo temas como po
qué trabajamos, por qué sentimos culpa, la disyuntiva entre
embarazarse o no, trabajar en casa, por qué no sabemos pedir,
las paradojas del dinero y otras situaciones a las que nos
enfretamos hoy.
En el tercer capítulo, “Yo con mi familia”, encontrarás temas
relacionados con el equilibrio entre nuestra vida personal y la
familia, y qué tanto nos afecta la necesidad de brindar una
educación sólida y coherente a los hijos, en especial cuando lo
haces sola.
En el cuarto capítulo, “Yo y mi salud”, abordo las maneras en que
podemos cargarnos de energía, sentirnos y vernos major; hablo
sobre los antioxidants, la dieta anti edad, las conductas
autodestractivas, y otros temas que considero parte fundamental
de nuestra feminidad.
Por ultimo, en el capítulo “Yo conmigo misma”, que disfruté
mucho escribir, abordo el tema de las mujeres solas y exitosas,
además de muchas circunstancias que vivimos la mayoría de las
mujeres, como pasar por una crisis, descubrir el fondo del enojo,
nuestra relación con el espejo y los trucos de la mente; qué tanto
nos queremos, la piel del alma, entre otros temas que espero
disfrutes.
Para terminar estas palabras introductorias te invito a visualizar la
manera en que un alfarero crea una vasija: coloca una mano en
el exterior mientras, con la otra, en el interior, resiste la presión
para darle forma a su obra. Si permite que la presión de afuera
sea mayor que la de adentro, no solo el espacio interior se
reducirá, sino que podrá perder el control de la vasija, incluso
romperla.
¿Cuántas veces permitimos, en el proceso de moldear nuestra
vida, que sea la mano exterior la que ejerza y domine la presión?
Las citas, los compromisos, lo tangible y lo material se vuelven
prioridades. Es fácil dejar a un lado todo aquello que no es
cuantificable, que no conduce al éxito y que tampoco tiene una
retibución inmediata –comunicación real, congruencia, tiempo de
reflexión, espiritualidad, crecimiento interior y entrega-, pero que
al faltar lleva al rompimiento irremediable de la vasija.
Acudamos entonces, querida lectora, a nuestra mano interior
para restablecer el equilibrio perdido. Quizás debamos anhelar
una vida más simple y reconsiderar nuestra propia exigencia,
para encontrar el poder que verdaderamente importa.

