|
|
 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
ENTRE AMENAZAS CONTINUA MI VIDA, PERO NO ME INTIMIDAN:
ISABEL MIRANDA
* "Lucharé hasta encontrar a mi hijo", dice la madre de Hugo Wallace
Por Arturo Angel Mendieta
México, 16 Abr (Notimex).- "Es chistoso cómo ha cambiado mi
vida: entre llamadas de medios que siempre me apoyan, de autoridades
que pocas veces tienen noticias y de amenazas e insultos que no me
intimidan; esta es mi vida, mi rutina", dice María Isabel Miranda.
Madre de Hugo Wallace, secuestrado y posiblemente asesinado,
dice sentirse orgullosa de él, de quien habla como una persona "a la
antigua", empresario, padre de una niña de 10 años, jugador de futbol
americano, hombre generador de empleos y amante de las motocicletas.
Isabel, como le gusta que la llamen, da un sorbo a su café en un
restaurante al sur de la ciudad. A su lado, tres teléfonos celulares
que vigila en todo momento. Luego afirma que Hugo no tenía enemigos,
pero siempre confiaba en los demás; quizá ése fue su único "pecado".
"Hubo uno conocido de él que nunca me gustó, ése era Jacobo
Tagle. Tenían una relación de negocios nada más, pero a mí me causaba
desconfianza, ya que ese muchacho no tenía ni trabajo ni nada, y en
general no me parecía alguien de bien".
En la mesa contigua dos familiares están a la expectativa,
mientras Isabel comenta que el tiempo confirmó su presentimiento,
pues fue Jacobo quien presentó a Juana Hilda González Lomelí, para
que fungiera como carnada y así secuestrar a Hugo Wallace.
Recuerda con precisión el 11 de julio del año pasado, el día del
secuestro: "al filo de las dos y media de la tarde me despedí de
Hugo, como siempre. Vestía una camisa rosa a rayas y un pantalón de
mezclilla. Se me acercó, le di la bendición y listo".
"A eso de las seis de la tarde me habló y me dijo que iba al
cine a Plaza Universidad, aunque no me comentó con quién, pero a su
primo le confirmó que iba con una muchacha que le presentó Jacobo",
agrega la madre de Hugo.
Hasta el otro día presintió que algo andaba mal, pues Hugo no le
hablaba ni contestaba el teléfono que siempre traía prendido. "Horas
más tarde descubrimos su camioneta abandonada, me puse a llorar y
concluí que era un secuestro", explica.
"Además un vecino del lugar me dijo que de ese auto sacaron a un
muchacho como a la fuerza y lo llevaron a un departamento de la calle
Peruggino". En ese lugar un niño dijo que escuchó balazos, lo que
confirmó un policía preventivo que atendió un llamado al 060.
"Desde el primer momento en que supimos que se trataba de un
secuestro avisé a la policía del Distrito Federal y a la Procuraduría
General de la República (PGR), como era mi derecho; es por eso que
ahora yo puedo decir con seguridad que ellos poco y nada han hecho al
respecto", señala Isabel.
Sigue
ENTRE AMENAZAS CONTINUA MI VIDA. dos. Isabel
Comenta que fue hasta los 30 días cuando los secuestradores se
comunicaron con ella, pues desde el inicio el secuestro no les salió
"nada bien por dos factores: dejaron la camioneta y no la pudieron
mover y la llamada de un vecino al 060 por el escándalo que armaron".
"Después de un mes recibí unas fotos de él y unas palabras: mamá
quiero regresar con mi hijita y con ustedes, no me fallen"; durante
algún tiempo se mantuvo la comunicación con avisos en diarios y en
Internet hasta que los secuestradores dejaron de responder, expuso.
Isabel dice sin embargo que esto no la motivó a investigar por
su cuenta, sino la "inoperancia" de las autoridades que observó desde
el día que revisaron la camioneta, la cual remolcaron y manipularon
sin la menor precaución para luego decir que no había huellas.
Señala que en un inicio hizo investigación de gabinete, es
decir, verificó llamadas, direcciones, entre otras, pero con el
tiempo se dio cuenta que tenía que salir a "campo", donde con la
ayuda de varias personas comenzó a unir cabos.
"Es interesante cómo puedes averiguar más que toda la policía
completa al preguntar y con el apoyo de un vecino, un vendedor de una
tienda y una señora que tiene un puesto de quesadillas", manifiesta
Miranda de Wallace.
De esta forma, Isabel Miranda supo que la casa donde retuvieron
a su hijo era una de seguridad y que uno de los captores era un
judicial que siempre estaba armado, y la otra una chica de buena
apariencia de Guadalajara.
"Me comencé a disfrazar y a usar nombres falsos para obtener
información. Después, los viajes a Veracruz y Guadalajara que hice,
porque cuando pedí apoyo a las autoridades me dijeron que no había
dinero para los viáticos, absurdo", sentencia.
Luego identificó y encontró a Juana Hilda González y a César
Freyre, quien por cierto la encañonaría con un arma al momento de
enfrentarlo en una calle de la capital; "por fortuna entró mi hermano
y un policía auxiliar que estaba cerca y lograron detenerlo", cuenta.
Sobre los anuncios espectaculares, Isabel sonríe: "fue una buena
idea, primero estábamos desesperados y pegábamos volantes con la
contraseña que los secuestradores pedían; la gente no entendía pero
sí despertaban su atención y se preguntaba a qué se referían".
Luego de capturar a César Freyre, Isabel y los suyos recordaron
el efecto de los volantes y concluyeron que debían exhibir a ese
sujeto para que alguien lo identificara y también lo denunciaran.
Primero cotizamos en periódicos pero era caro, por lo que
hablamos con varios empresarios quienes ofrecieron espacios libres en
espectaculares para presentar el caso: "En un inicio nos cobraban una
cuota simbólica, pero ahora nos apoyan con espacios gratis".
Sigue
ENTRE AMENAZAS CONTINUA MI VIDA. tres y última. gratis
"Se han venido sumando más; hay un empresario que nos va a
regalar 40 mil trípticos y otros 50 mil volantes. Todo esto ha sido
un trabajo conjunto, no sólo mío, porque la verdad estamos hartos de
la delincuencia", indica Isabel Miranda.
Luego de ver el resultado de los anuncios decidieron exhibir a
los que estaban prófugos, como Jacobo Tagle y Brenda Quevedo, por
quienes ofrecieron una recompensa para evitar que los delincuentes
dieran dinero a quienes los pudieran atrapar.
"Es triste que ofrezcamos dinero por ellos, como se hacía en el
pasado, pero no queda de otra, la corrupción aquí nos obliga a usar
este recurso y prácticamente ponerle precio a su cabeza", lamenta.
María Isabel Miranda es profesionista, esposa, madre y abuela.
Era maestra de nivel básico y medio, y hasta hace poco impartía
clases en una escuela que no revela por recomendación de la autoridad
y para proteger a sus compañeras.
"Mi lucha terminará hasta que pasen dos cosas: que encuentre a
mi hijo, y que todos los responsables estén tras las rejas y con
penas de 50 años, aunque, si fuera por mí, merecerían la pena de
muerte".
