LE GUSTABA A ENRIQUE ALVAREZ FELIX RECREAR
HISTORIAS SENCILLAS

* Hace una década falleció este defensor de las telenovelas
- El actor Enrique Alvarez, hijo de la
diva mexicana María Félix, quien vivió de una manera discreta, porque
detestaba el escándalo y que nunca se casó, murió de un ataque
cardiaco el 24 de mayo de 1996.

Su trabajo permanente fue el de actor. Trabajó intensamente en
el cine mexicano y en la televisión. El histrión, quien luchó por
"ser un verdadero actor y brillar con luz propia", lejos de la sombra
de su madre, María Félix, nació el 6 de abril de 1934, en
Guadalajara, Jalisco.

Enrique fue fruto del primer matrimonio de "La Doña" con el
ingeniero Enrique Alvarez, un próspero fabricante de zapatos, Quique
-como le decían sus amigos- continuó una tradición de las familias de
abolengo, estudió la carrera de diplomático.

Pero, cuando entregó a su madre el título obtenido con honores,
se dedicó a lo que realmente le interesaba: ser actor de cine, teatro
y televisión.

Separados sus progenitores, Alvarez vivió primero con su padre,
hasta que su madre se lo llevó por fin con la ayuda de su entonces
esposo, el laureado cantautor Agustín Lara.

Desde entonces, madre e hijo estuvieron muy unidos, no obstante
que ella lo envió a estudiar a Canadá, Estados Unidos y Francia en
colegios militares, para que aprendiera a ser disciplinado, según
decía ella.

Con 32 años de carrera actoral, Enrique se inició en el cine con
un pequeño papel en la película "Simón del desierto" (1964), dirigida
por el español Luis Buñuel, pero él se sentía más bien un actor de
televisión y teatro.

Alcanzó la fama con el filme "Los Caifanes" (Juan Ibáñez, 1964)
y aunque participó en unos 20 filmes, aseguraba que "el cine es un
sarcófago que no está en mi vida, lo que existe es la televisión, lo
mejor del mundo, y el teatro que está a la altura de cualquier país:
ahí es donde deben estar los actores".

Su participación en teatro, la consolidó en obras como "El
hombre de La Mancha", "Alerta en misa" y en "Los encantos del
divorcio".

Sigue
LE GUSTABA. dos. divorcio

Alvarez Félix era un hombre habituado a la lectura y le gustaba
viajar mucho, por lo que decía: "Me tomo mi año sabático después de
cada telenovela para descansar y viajar, pero no como turista, sino
en plan de estudio tras la conquista de más cultura".

Consideraba el escándalo como el precio que debía pagar el
artista por la fama.

"Desde pequeño vi cómo pagaban su precio las celebridades. Vi
cómo mi mamá enfrentaba esas cosas y aprendí desde entonces a no
darles mucha importancia. Siempre se van a inventar cosas de la gente
famosa, pero por suerte, yo no soy una celebridad, ni nada por el
estilo", comentaba.

En cine participó en filmes como "Los cuervos están de luto"
(Francisco del Villar, 1965), "Requiem por un canalla" (Fernando
Orozco y Berra, 1966), "Laberinto de pasiones" (Miguel Morayta, 1970)
y "La casa del pelícano" (Sergio Véjar, 1977).

Nunca actuó al lado de su famosa madre, aunque siempre se tuvo
el proyecto en mente y hasta se llegó a trabajar el guión, basado en
una novela de Carlos Fuentes, en los años 70.

Alvarez Félix se definió a sí mismo como un actor al que le
gustaban las historias sencillas "de amor, familiares, los hechos que
la gente puede considerar como suyos, que lleguen, en las que se
pueda creer".

Defensor de las telenovelas, decía que éstas trataban temas
reales que a la gente le llegaban de forma verdadera, además que
consideraba que a través de este medio podía atraer público hacia lo
que más le interesaba hacer: el teatro.


NTX
Google
Web www.lasnoticiasmexico.com

Your Ad Here