El Triángulo de las Bermudas? ó ¿El Triángulo del Diablo?
¿Cuál es el misterio del Triángulo de las Bermudas? ¿Qué es lo
que hay y qué es lo que ocurre ahí? ¿Por qué desaparecen aviones,
barcos, con todo y su gente?
El Triángulo de las Bermudas, también conocido con el Triángulo
del Diablo y el Limbo de los Perdidos, es un área geográfica de
3.900.000 kilómetros cuadrados, situado entre las Islas Bermudas,
Puerto Rico y Melbourne (Florida).
Un triángulo legendario se puede dibujar en el Océano Atlántico si
unimos con una línea recta las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort
Lauderdale. A lo largo de los años se han ido produciendo
informes que detallaban la desaparición misteriosa de navíos,
personas y aeroplanos al adentrarse en esta zona cargada de
mitos y leyendas.
No es de extrañar que adquiriera pronto el nombre del “Triángulo
del Diablo”, basado en la superstición de que el mismo Diablo se
encontraba oculto en esta localidad engullendo con deleite a los
viajeros cansados y perdidos que se adentraban en sus
dominios... ¿realmente era una manifestación maléfica la que
captura todo lo que pasa por sus proximidades?, ¿estamos ante
nuevos casos de abducciones extraterrestres?, ¿se trata de un
vórtice místico que nos traslada a otra dimensión?, ¿o
simplemente aquellos que no deseaban ser encontrados huían en
busca de las cálidas aguas caribeñas en busca del olvido
aprovechándose del mito?.
Desde el punto de vista periodístico, la leyenda del triángulo
misterioso nació de forma oficial el 16 de septiembre de 1950,
cuando la Asociación de Prensa Asociada envió al reportero E.V.W.
Jones para informar de las misteriosas desapariciones de naves y
aviones entre la costa de Florida y las Islas Bermudas. Dos años
después este artículo, aparecido en la revista Destiny sería
corroborado por otro de George X. Sand en el que se informaba de
una “serie de extrañas desapariciones marinas sin dejar rastro
alguno durante los últimos años en un triángulo acuoso limitado
por Florida, las Bermudas y Puerto Rico”.
Ante tal misterio, es lógico que diversos autores pretendiesen
ofrecer sus visiones particulares sobre los acontecimientos. Así, M.
K. Jessup escribió sobre ellas y ofreció la primera interpretación
basada en la idea de que inteligencias extraterrestres se podían
encontrar tras los acontecimientos en el libro “The Case for the
UFO”. También se hico eco de las sobrecogedoras noticias Donald
E. Kyhoe, en su obra “The Flying Saucer Conspiracy” (“La
conspiración de los platillos volantes” de 1955).
Por otro lado, Frank Edwards (en “Stranger Than Science”) coincide
con los anteriores en la idea de que civilizaciones extraterrestres
podían tener un lugar de reunión local en el triángulo. Finalmente
fue Vicent H. Gaddis quien propuso la denominación que ha
llegado hasta nosotros en su obra “El Triángulo de las Bermudas”.
Al margen de que no existe ningún testimonio ni indicios sólidos
que animen a pensar sobre supuestas civilizaciones extraterrestres
situadas precisamente en esa zona geográfica, a lo largo de los
años se han escrito infinidad de artículos, libros, series de
televisión, películas basadas en el misterio y explotando
generalmente un punto de vista bastante sensacionalista.
Si nos centramos en la estadística, podemos afirmar que a lo largo
del último siglo se ha documentado la desaparición de unas mil
personas en el Triángulo. Puestos a realizar un examen
concienzudo de los datos, muchas de ellas se transforman en
meras leyendas, sin visos de verosimilitud, pero siempre quedan
ejemplos para la incógnita.
Las primeras menciones a problemas de navegación en esta zona
del mundo se remontan a las expediciones de Cristóbal Colón.
Mucha de la información que sobre sus viajes nos ha llegado se
remite directamente a los diarios que redactaba informando de los
acontecimientos acaecidos durante sus travesías. Sus primeras
dificultades tuvieron lugar al llegar al Mar de los Sargazos, donde la
tripulación fue defraudada en varias ocasiones ante la esperanza
de encontrar tierra firme al avistar algas marinas y pájaros
sobrevolando los navíos, cosa que posteriormente no corría.
Naturalmente todo esto puede ser explicado racionalmente
alegando las fuertes corrientes marinas y climatología adversa de
la zona, y la precariedad de los sistemas de navegación de
aquellos momentos
También resulta curioso que Colón informase de la caída de
meteoros, descritos por él mismo como “pelotas luminosas que
bajaban desde el cielo”. Durante sus viajes por el Mar Caribe
también describieron bailes de luces en el horizonte... ¿podría
tratarse de fenómenos atmosféricos?
A lo largo de los años, se ha notificado la desaparición de hasta
cien naves y aeronaves en las Bermudas, entre ellas:
- La del navío Mary Celeste el 1872.
- El 1947 se perdió contacto de forma definitiva con un C-45
Superfort del ejército norteamericano a 100 millas de las islas
Bermudas.
- El año 1948, de un cuatrimotor Tudor IV civil con 31 pasajeros a
bordo.
- El mismo año, un DC-3 fue perdido con 32 pasajeros y toda su
tripulación.
- El 1949 desapareció el segundo avión Tudor IV.
- El 1950 barco americano S.S. Sandra (de 350 pies) se perdió sin
dejar rastro.
- El 1952 el avión de transporte de pasajeros británico York
desapareció con sus 33 pasajeros.
- El navío de la armada norteamericana Constelation, el 1954, con
sus 42 tripulantes.
- Dos años después, el hidroavión Martín P5M, con 10 tripulantes a
bordo.
- El 1963, el barco Reina del Sulpher, también sin dejar rastro.
- El 1967, el carguero militar YC-122.
- El 1970, el fletador francés Milton latrides.
- El 1972, el barco alemán Anita (de 20.000 toneladas), con 32
tripulantes.
- El 1997, desaparecieron todos los pasajeros de un yate alemán.
Otros autores opinan que en la zona del Triángulo de las Bermudas
se encuentra alojada la mítica ciudad perdida de la Atlántida.
Naturalmente nunca se han extraído evidencias que demuestren
esas teorías.
A la hora de la verdad, ninguna explicación es determinante, ni está
corroborada por pruebas suficientes, imprescindibles si queremos
llevar a cabo un análisis serio y científico del misterio. Sigue
resultando escalofriante la coincidencia de desapariciones en una
determinada zona del mundo, siempre sin rastros. El único
argumento que nos queda es que tal vez, a pesar de prepotencia
que han dado al hombre los descubrimientos científicos y técnicos,
y el alto grado de conocimiento que ha llegado a adquirir sobre el
mundo que nos rodea, existen misterios que la naturaleza se
resiste a desvelar. Este y otros pueden servir advertencia e inspirar
temor en el corazón de los hombres, pero también puede
animarlos a seguir indagando en busca de la verdad.


Los Grandes Misterios del
Tercer Milenio