VITTORIO DE SICA, ICONO DEL CINE NEORREALISTA ITALIANO
El cineasta y actor italiano Vittorio De Sica, quien participó en más de
cien películas, además de haber dirigido 30 cintas, ganador tres
premios Oscar como Mejor Actor Extranjero, falleció el 13 de noviembre
de 1974.
Vittorio De Sica nació en Sora, Frosinone, Italia, el 7 de julio de 1901.
Pasó su infancia en Nápoles y en 1912 se trasladó con su familia a
Roma; allí, al mismo tiempo que cursaba estudios de contabilidad,
surgió su interés por el teatro.
Así, en 1918 debutó en el cine con un papel secundario en "El proceso
Clemenceau" de Bencivenga. En 1922 consiguió que lo contrataran
como figurante en la compañía de Tatiana Pavlova.
En 1927, tras intervenir en las revistas dirigidas por Mario Mattoli, obtuvo
sus primeros éxitos y se fue imponiendo como uno de los actores más
apreciados por el público.
Luego, rodó otras películas en las que se mostraba tal como era, para
dar vida al personaje de un joven divertido y despreocupado, pero el
reconocimiento del público lo consiguió en 1932 como protagonista de
"Que sinvergüenzas son los hombres!" de Mario Camerini.
Pero cuando realmente se convirtió en uno de los actores principales de
la época (sin abandonar las tablas a las que se mantuvo fiel durante
mucho tiempo) fue a principios de los años 30.
Su carrera de divo se consolidó con películas de valor desigual entre las
que cabe recordar "Daró un milione", "Il signor Max" y "Grandes
almacenes", dirigidas por Mario Camerini. En 1939 debutó como director
con "Rosas escarlatas", adaptación de un texto teatral de gran éxito.
Tras rodar algunas simpáticas comedias, cambió de género con el
intenso filme "Los niños nos miran", que anunciaba la legendaria época
del Neorrealismo italiano y marcó el inicio de la afortunada colaboración
con Cesare Zavattini. De dicha época son "El limpiabotas" (1946) y
"Ladrón de bicicletas" (1948), que le valieron el Oscar dedicado a las
películas extranjeras que entraron a formar parte de la historia del cine
mundial.
"Milagro en Milán" (1951) y "Umberto D." (1952) consagraron la maestría
de De Sica. Luego, acabó por dirigir películas puramente comerciales y
sólo en contadas ocasiones logró mostrar el talento de antaño.
Tras "La puerta del cielo", una obra de circunstancias realizada durante
el invierno de 1943 para evitar ir a Alemania, De Sica afrontó los años de
la posguerra con el profundo deseo de participar en la reconstrucción
del cine italiano.
En esas películas, dibujó uno de los retratos más exactos de la Italia de
posguerra, en el que el sentimentalismo no alteraba la precisión del
testimonio social y en el que la elección ideológica que emanaba del
humanismo no ocultaba una poderosa reivindicación.
Los niños abandonados de "El limpiabotas", el parado de "El ladrón de
bicicletas", los miserables de "Milagro en Milán", el jubilado de "Umberto
D.", representaban la búsqueda de un mundo en el que la injusticia
social fuese abolida.
También cabe citar las cintas "Ayer, hoy y mañana" (1963) y "El jardin de
los Finzi-Contini" (1970), dos películas que lo hicieron acreedor de
nueva cuenta a la estatuilla dorada.
Como actor, destacan el famoso díptico iniciado con "Pan, amor y
fantasía" de Comencini y su interpretación en "El general de la Rovere"
de Rossellini.
A partir de "Estación Termini" (1953), De Sica entró en un período de
decadencia en el que alternaría trabajos personales con obras de
encargo, siendo estas últimas las más numerosas.
Ya en el ocaso de su carrera, tras una operación en los pulmones,
murió en Neuilly, Francia el 13 de noviembre de 1974.

