Sinopsis
Los hermanos Beto (Diego Luna) y Tato (Gael García Bernal) Verdusco trabajan en un
rancho platanero. Viven con su madre Elvira (Dolores Heredia), que ha tenido una larga lista
de parejas e hijos, y sueñan con algún día construirle una casota en la playa. Beto está
casado con Toña (Adriana Paz) y tienen dos pequeños. Le encantan las apuestas y jugar
futbol. Es portero del equipo de su pueblo, y basta verlo en cualquier partido para entender
por qué le dicen “el Rudo”. Tato es amiguero, enamoradizo y toca el acordeón; juega de
delantero en el mismo equipo, pero sueña con ser cantante.
Un día camino a un partido, encuentran al argentino Darío “Batuta” Vidali (Guillermo
Francella) quien se acerca a ver el juego y se impresiona con los hermanos. Al terminar el
partido, les explica que es promotor de talento futbolístico. Ve en ambos un gran potencial,
pero ahora sólo puede llevarse a uno, y les pide a ellos que decidan cómo sortearlo. Ellos
deciden tirar un penalti. Beto ve su gran oportunidad y le pide a Tato que tire a la derecha.
Tato asiente y tira… a su derecha. Beto se lanza hacia el lado contrario. Gol. Beto siente que
su hermano lo traicionó y se lo hace saber a mentadas de madre.


















En la Ciudad de México, Batuta lleva a Tato a probarse al prestigioso Deportivo
Amaranto. Para motivarlo, promete ayudarlo en su carrera de cantante… si triunfa como
futbolista. Tato se revela como una máquina de hacer goles y es concentrado con el primer
equipo pero al paso de las semanas no sale de la banca, situación que empieza a
desesperarlo.
Batuta le consigue a Beto la portería del Atlético Nopaleros de la División de Ascenso.
Beto se escapa sin decirle a Toña y llega a la Ciudad de México. En sus primeros juegos,
Beto se antagoniza con el Director Técnico que lo manda a la banca indefinidamente.
Mientras tanto, Tato tiene su primer partido y se gana el apodo de “el Cursi” por su estilo de
juego lleno de florituras.
La temporada avanza. Mientras Beto sigue sin jugar, Tato se convierte en el novato
del año. Su foto está en todos los diarios y suplementos deportivos, junto con su
sobrenombre, que le choca. Batuta le entrega la casa amueblada, con todo y camionetota
nueva que le regala el Club, y además le consigue un contrato para grabar un sencillo, con
todo y videoclip. Para Beto también hay buenas noticias: el Nopaleros subió a Primera
División y lo quiere de titular. En su alegría y abundancia, los hermanos olvidan todos los
rencores y Tato invita a Beto a vivir con él.
La vida les sonríe. Cuando van un día al Hipódromo, el público los reconoce y les
pide autógrafos. Tato es abordado por la escultural conductora de televisión Maya Vega
(Jessica Mas), a quien admira desde siempre. Beto a su vez es abordado por Jorge W
Rudo y Cursi, una película de Carlos Cuarón
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(Salvador Zerboni), un tipo yuppie que pone a sus órdenes entretenimiento tipo Las Vegas al
más alto nivel.
Triunfadores, los hermanos vuelven a Tlachatlán. Tato recibe una llamada de Batuta
para informarle que ha sido convocado a la Selección Nacional. Beto va a ver a Toña, que se
volvió distribuidora de suplementos alimenticios y no piensa irse a la ciudad con él. Los
hermanos llevan a Elvira a la playa y compiten soñando con la casa que un día le van a
construir.
De vuelta en la ciudad, la fama de Beto crece a la par con su afición al juego. Por su
parte, Tato se aficiona a Maya y le regala todo lo que quiere, pero su distracción se hace
obvia en la cancha. Mientras tanto, Toña llega con los niños a estar con su marido.
Beto pierde todo en el casino, hasta los muebles de Tato, y esa mala noche afloran
de pronto los viejos rencores entre los hermanos, que acaban a los golpes.
Tato y Maya se comprometen. Beto se muda con su familia a un hotelucho. Jorge W
le pone un ultimátum: si en dos semanas no paga, le va a ir muy mal. Justo en dos semanas
es el partido entre Nopaleros y Amaranto, con el que Beto podría romper el récord de más
minutos sin recibir gol. Mientras tanto, Elvira llama con excelentes noticias: Nadia (Tania
Esmeralda Aguilar ) se va a casar con Don Casimiro (Alfredo Alfonso), de quien se rumora
que es narco.
Los hermanos llegan a la narcoboda de su hermana, y Don Casimiro les cuenta que
él va a encargarse de cumplirles su sueño al construirle la casota en la playa a su nueva
suegra; los hermanos han sido desplazados.
Beto le pide ayuda con su deuda de juego a Batuta, quien le propone que venda el
partido, pero Beto no acepta. Tato, mientras tanto, deja el enésimo recado en el celular de
Maya, sin recibir respuesta.
De vuelta en la ciudad, es Tato quien recibe un ultimátum: la directiva del Amaranto le
va a dar una última oportunidad de romper su mala racha, o será enviado a la División de
Ascenso. En el hotel la noche antes del partido, ve un programa de chismes donde Maya
anuncia su noviazgo con otro futbolista. Tato se pone como loco y el médico lo tiene que
sedar. Mientras tanto, Beto llama a Toña, que está deshecha pues la empresa de
suplementos alimenticios le jugó chueco. Beto le promete que todo estará bien, llama a
Batuta y acepta vender el juego.
Gran expectativa genera el anunciado duelo entre hermanos, y el récord que Beto
está a punto de romper. Tato está en pésimo estado y lo mandan a la banca. Batuta está
nervioso pero al ver que Beto hace todo lo posible por dejarse golear, dobla la apuesta en su
contra. Con todo, el primer tiempo queda cero-cero. En el medio tiempo, Beto se entera de lo
ocurrido entre Maya y Tato. El partido sigue estancado, y el Amaranto acaba metiendo a
Rudo y Cursi, una película de Carlos Cuarón
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jugar a Tato. Hacia el final del juego, un foul en el área de Beto resulta en un penalti que
Tato va a cobrar. Con la bola en el manchón, los hermanos se ponen a saldar cuentas. Beto
le aclara su solidaridad y le pide perdón. Tato también. Beto le pide que tire a la derecha.
Tato tira a la derecha… de Beto. El balón se estrella contra el arquero. El partido termina en
ceros.
Beto rompe el récord de más minutos sin gol, pero en el taxi de camino a casa es
interceptado por los matones de Jorge W que le balacean las piernas. Batuta nos cuenta qué
fue de los hermanos: Tato pasó brevemente por la División de Ascenso y acabó
administrando un karaoke de su narcocuñado. Beto acabó de D.T. de un equipo de Segunda
División, también propiedad de Don Casimiro. Batuta perdió todo en la apuesta y termina
como empezó: peinando las canchas llaneras en busca del diamante en bruto para que la
pelota siga rodando.
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