Una corrida amplia y generosa del Conde la Corte, sin torear

Los toros del Conde de la Corte fueron los verdaderos
protagonistas de la corrida de hoy en Pamplona, por presencia y
esencia aunque ninguno de los tres toreros se llegó a dar por
enterado.



FICHA DEL FESTEJO.- Toros del heredero del Conde de la Corte
-cuarto y sexto con el hierro de María Olea, del mismo encaste y
casa ganadera-, muy bien presentados, nobles y de buen juego,
aunque el excesivo castigo que llevaron en varas apagó las
buenas embestidas en la muleta. Del buen envío destacaron
tercero y cuarto.



















Miguel Abellán: dos pinchazos, media atravesada y descabello
(silencio); y pinchazo y bajonazo (silencio).

Francisco Marco: pinchazo y más de media (silencio); y dos
pinchazos y descabello (silencio).

Serafín Marín: pinchazo hondo y tres descabellos (silencio tras un
aviso); y tres pinchazos y descabello (silencio).

Lleno de "no hay billetes" en tarde agradable.

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FALTAN TOREROS



La típica corrida sanferminera. En "el Palco", la alcaldesa de
Pamplona, según costumbre de esta plaza y feria en el día del
patrón, San Fermín. Ya había advertido en declaraciones
periodísticas Yolanda Barcina que estaba preparada para
aguantar la bronca, que también es tradición, de las peñas del
"sol" cuando aparece en escena, compensada, no podía ser de
otra manera, con una gran ovación de "la otra España", desde "la
sombra". Alucinante.



















Y antes, y a lo largo del festejo, las canciones a ritmo frenético
que no se renuevan desde hace muchas generaciones. Se llevan
la palma la ranchera "el rey" que popularizó Jorge Negrete y "la
chica ye-yé" de Concha Velasco. Los sones del televisivo e
internacional himno de "eurovisión" anuncian la gran atracción
que va a comenzar justo cuando las cuadrillas arrancan el
paseíllo. Es la locura.

Un espectáculo único, que, por muchas imitaciones que tenga,
sólo se da en Pamplona. Es "¡San!-¡Fer!-¡mín!". No hay otro.

Vino y comida, más que en las Bodas de Caná. La diversión,
arriba, en el tendido, es total.

Y a todo esto, en el ruedo seis "pavos" del señor Conde de la
Corte más serios que una cicatriz, que diría el castizo. Seis toros
amplios de cuerna y con volumen, de hermosa badana y pechos
muy cargados.

Los toreros, atónitos por el espectáculo de cinemascope y en
tecnicolor que se ofrece en el tendido, pero más que nada
sobrecogidos por la descomunal presencia de los bóvidos. ¿Será
posible que puedan embestir reses así? La duda fue su gran
error.

Embistieron, y embistieron bien "los condesos". Incluso podían
haber embestido más y mejor si no les matan la bravura en el
caballo. Porque hay que ver cómo les dieron en varas a los seis.
Puyazos enormes y con saña, cebándose los picadores, en
ocasiones también tapándoles la salida.

Pobres toros, que todavía se movieron en la muleta con docilidad.
Porque fue la nobleza característica común en los seis. Aunque
lógicamente no aguantaron hasta el final. Pobres toros, hay que
insistir, cuyo único "defecto" era su descomunal armamento.
Porque, antes de seguir, hay que dejar bien claro que la corrida,
toda la corrida, tuvo nobleza.

Pero definitivamente no están acostumbrados los toreros a esta
estampa de toro. Así que soplan malos vientos para el
espectáculo taurino. Está claro que lo que quieren (los taurinos)
es "la tonta del bote", y por supuesto previo paso por "el mueco",
es decir, toros "afeitados". Como en Burgos, y antes en Algeciras,
y en Alicante... y en tantas ferias donde no se llega a tiempo de
dar la voz de alarma.

"El mejor semental -dijo una vez un personaje que tuvo mucho
peso específico como apoderado y empresario, y que incluso
ejerce ahora como ganadero- es el serrucho". ¡Qué barbaridad!

Esa es la consecuencia de que los tres toreros de hoy en
Pamplona no hayan podido ni querido con la corrida del Conde
de la Corte.

El primer toro de la tarde tenía más de metro y medio entre los
dos pitones. La verdad es que el toro no terminó de echarse para
adelante, como no terminaba Abellán de ponerse frente a él. Y por
dudarle a la hora de matar, quedándose en la cara, se llevó un
tremendo revolcón. Menos mal que no pasó nada. Y a este
respecto hay que advertir que nadie busca una "Fiesta" cruenta.
Auténtica, sí, de toros en puntas, y si no hay sangre, mejor.

El cuarto, uno de los dos grandes toros en la tarde, embistió con
temple y ritmo a pesar de lo que le había zurrado el del castoreño.
Duró lo justo en la muleta, sin embargo, suficiente para haberle
formado un buen lío. Abellán estuvo otra vez en el suelo, haciendo
la croqueta para zafarse de los descomunales y astifinos pitones,
que, dicho sea de paso, tampoco le buscaron con maldad.

El torero de la tierra, Marco, tuvo el lote menos claro, y anduvo el
hombre voluntarioso. Se comprometió más en el quinto, pero sin
resolver nada.

Y Marín, otro petardo. Torpe y arrugado con el excelente tercero, al
que no le cogió nunca la distancia, la media distancia, donde el
toro tomaba la muleta humillado y desplazándose largo. El último
se movió con menos clase, pero también "sirvió".

Está claro que hacen falta toreros. Menos mal que en Pamplona
por estos días el espectáculo está también en el tendido. Pero no
es eso.