
Alberto Estrella, simplemente actor
Se define como un artista afortunado, porque el público no le ubica como actor
de cine, de televisión o de teatro sino simplemente como un actor al que se le
puede ver en cualquiera de los tres medios.
Es Alberto Estrella, actor mexicano, al que se le ha visto en pantalla a través de
películas como “Santitos”, “Salón México” o “La virgen de la lujuria” y
recientemente en telenovelas como “Alma de Hierro” o “Niña de mi corazón”.
Sus inicios fueron en el teatro universitario en un tiempo en el que, dice, como
tal vez ahora aún sucede, había prejuicios para hacer televisión ya que se
consideraba que dicho medio lograba que el actor se prostituyera porque
estaba, supuestamente, vendiendo la parte creativa, pero él lo vio como un
oficio, como una puerta para ejercer y una manera de sostenerse.
Agrega que el teatro ha sido un espacio que le ha brindado la posibilidad de
crecer como actor también a través de la tarea.
Entre los primeros trabajos de Estrella se encuentra haber dado vida al
personaje de Abelardo, en ese entonces llamado Montoya, en la tercer
temporada de la serie Plaza Sésamo. Con una sonrisa por los recuerdos que le
trae el mencionarle esa etapa de su vida, el actor recuerda que el estar dentro
de la botarga le permitió darse cuenta del significado de trabajar por placer y
para dar placer, percatarse de que se tiene que ganar el trabajo.
Comparte en exclusiva para Infonor Radio que cuando audicionó para el papel
de Montoya “era muy chavillo, con muy buena condición física, ganas de
aprender y mucha coordinación”. Añade que fue su primer trabajo para
televisión y le permitió aprender del movimiento de cámaras, lo técnico y la
organización de un set de televisión. Apunta que no le importó estar dentro de
una botarga sino darle al personaje un carácter y hacerlo verdadero.
Con pasión en la mirada y un destello de luz en ella, Alberto apunta que su lado
poco conocido tiene que ver con su interés por la vida, por las cosas que le
mueven, le motivan y le importan, que la mayoría de las veces nada tienen que
ver con lo material, como la familia, amistad, su profesión, el amor, el bienestar
social y dejar un mundo mejor para los que vienen.
Le quedan aún más de 200 personajes, entre ellos dice buscaría llevar al teatro
“El Gesticulador”, de Rodolfo Usigli; “El Pequeño caso”, de Jorge Lívido, o le
encantaría montar una obra de Sor Juana Inés de la Cruz, Víctor Hugo Rascón
Banda, Emilio Carballido, una obra de Luigui Pirandello o trabajar en textos de
Antón Chéjov; algo de farsa, comedia, tragedia griega o mexicana.
Finalmente, con una evidente nostalgia en la mirada, Estrella recuerda que sus
padres, “cineastas de hueso colorado”, fueron quienes sembraron en él la
semilla de la pasión por el cine, y vivían deliciosas tardes en las que por horas
veían tres o cuatro películas mexicanas.
Dice que aún le emociona pensar en la imagen final de “La Perla”, dirigida por
Emilio “Indio” Fernández, película que marcó su vida y de la que recuerda aún la
escena final en la que los dos personajes centrales, encarnados por María
Elena Márquez y Pedro Armendáriz, están frente a mar con la perla causante de
las desgracias en su vida y la deben regresar: Ella le dice a él “tú”, Él le dice
“tú”, y dicen los dos y lanzan la perla al mar, “y es que y la vida es así –dice el
actor– no se trata de uno, ni del otro, se trata de dos o más, hay que aprender a
compartir”, finaliza.

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