Raúl Velasco

El doble de Raúl Velasco Cuando México era otro, pe ro muy parecido a
éste en el fondo, había dos personajes indiscutibles que ostentaban todo el
poder y, de alguna manera, todo giraba alrededor de ellos en la televisión
mexicana: Jacobo Zabludowsky y Raúl Velasco.
Su equivalente en la política era Fidel Velázquez, otro cacique olvidado. En ¦
ese momento el PRI, vigoroso aún, tenía esos "soldados del presidente".
Todo era por México.
Antier, cenando en un perdido restaurante ruso de la colonia del Valle, el
Kolobok, me sorprendí a mí mismo viendo Siempre en domingo. Lo miraba
de reojo pues estudiaba la carta y veía a los dueños, rusos de cepa, y
pensaba qué hacían tan lejos de su patria y cómo y por qué habrían llegado
hasta aquí. ¿Cómo cambia una vida, cómo se transforma en un segundo?,
me lamentaba pues todos sin querer o queriendo hemos estado en esa
circunstancia. Por alguna razón, especulé, habían partido de su natal
pueblucho de la Rusia soviética y la decisión había durado un segundo.
Había un hijo y un padre, y dos meseros que también hablaban ruso.
Pensé en la familia Jodorowsky y en los hijos de Alejandro, Brontis y
Adanowsky, los dos que ahora tengo presentes. Me imaginé a Alejandro
Jodorowsky heredando este restaurante a su hijo, y éste, cuarenta años
después, a su hijo... y así: una espiral sinfín que de pronto se mueve
cuando una decisión —dé un segundo— cambia todo. A veces ni siquiera
es una decisión: es un hecho, una circunstancia que nos envuelve.
En la pantalla cantaba un dueto y traté de enfocar para detectar quién
diablos era —¿Pimpinela?—. Ver Siempre en domingo a estas alturas
tema que tener un trama oscura. Observé con atención: no reconocía a los
cantantes, y entonces me di cuenta que el audio estaba más bien bajo y
que no era español lo que cantaban. ¡Era ruso! ¡Claro! No podía ser el
programa de Raúl Velasco, pero sí la copia, el clon, allá en la tierra de
Dostoievski. Me quedé abstraído viendo cómo, salvo por el lenguaje, todo
era lo mismo: la moda, las sonrisas, la coreografía, los escenarios, las
actitudes, los tipos de cantantes, etc.. Quizá hasta el dueto se llamaba
"Pimpinela" en ruso. Quizá también el conductor tenía la misma baja
adrenalina de Velasco y usaba pirámides y estaba al tanto de todo adelanto
del new age. Traté de indagar el nombre del programa pero el mesero me
respondió "es que es ruso" y enseguida me dijo que el dueño vendía el
DVD (igual que las famosas empanadas). Se lo pedí, costaba 8o pesos.
Era una caja pirata como cualquiera, con fotos de cantantillos y cantantillas
enseñando el palmito. Y una constante: ¡el Raúl Velasco de allá! La sonrisa,
la actitud, la desfachatez y la evidente artiflcialidad eran las mismas de
nuestro Raúl, el que recordaba. Pensé: mi recuerdo es ochentero, pero
Siempre en domingo empezó en 1969: entonces Raúl era otro, no era el
que yo conocí.
La relatividad del tiempo y de la percepción siempre nos juega trampas,
¿cómo encontrar la verdad entonces? Terminé la sopa. Era una variante de
un consomé de pollo pero con pasta.
Agradecí el calor. También en eso había un doble: los consomés son el
patrimonio de la humanidad. Recordé el gran episodio de Sienfiéld y el
mundo bizarro. Pensé en los programas de hoy domingo en la noche,
insulsos concursos de baile y de cantantes, y en cómo todo sigue siendo lo
mismo: mismas caras, modas, actitudes, coreografías, letras... Damos
vueltas sin cesar en lo mismo y nada se transforma, sólo avanza
lentamente. ¿Hacia dónde?, ¿hacia ese momento que nos habrá de
cambiar definitivamente?
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