Ariel López Padilla
Su fascinación por las artes lo heredó de familia y lo llevó a explorar
diferentes disciplinas artísticas, entre ellas, la danza y el ballet clásico,
además de la actuación, la pintura y la literatura. Sobre estas
especialidades, sus anhelos y las razones que tuvo para retornar a México,
luego de diez años de ausencia, nos habla el actor, quien, recientemente,
se incorporó a las filas de TV Azteca y se reencontró con su hija María, fruto
de su relación con Mariana Levy (q.e.p.d).
—Ariel, si no me equivoco, llevas 20 años como actor, ¿y eso que significa
para ti? —En las telenovelas, porque yo empecé en 1990 y fue el año en el
que por primera vez me subí a un escenario de televisión con el Dr.
Cándido Pérez, pero ya había estudiado actuación en Guadalajara y
después entré al CEA a un curso propedéutico que estaba enfocado en
cómo se hace la televisión y en ese sentido tuve la oportunidad de que
Javier Díaz Dueñas, que es un extraordinario maestro, nos enseñara a
integrarnos al rigor de la televisión, porque muchas veces se piensa que la
televisión es un lugar de ensueño, pero es de mucho trabajo, demanda
disponibilidad por eso no hago ni teatro, ni cine ni otra cosa que no sea
novela.
—La Inquietud por la actuación, ¿te viene de herencia? —Yo creo que ya era
mi destino ser pintor, escultor o bailarín, o escribir portadas partes, porque
en mi casa había la vena artística. Yo siempre he creído que para hacer
algo bien debes de ser muy especifico y concentrarte en una cosa y
conforme pasa el tiempo me doy cuenta que es así. Se requiere de mucho
sentido común, tener los pies en la tierra y saber que es lo que vas a hacer
y por qué y para qué, pero no te puedes dedicar profesionalmente a todo.
—En ese sentido, ¿tus padres te apoyaron cuando decidiste ser actor? —Mi
madre quiso ser bailarina de ballet en su momento, pero terminó
estudiando sicología, porque quería entender a sus hijos.
Somos tres hombres y los tres tenemos mucha sensibilidad. Los artistas
vivimos en una especie de vértigo en el sentido de que estamos en una
búsqueda permanente y también tratando de encontrar. Es un constante
cuestionamiento a nivel personal, qué es lo que quieres hacer y cómo lo
quieres hacer. El haber estado en Rusia y ser el primer mexicano que pisó
el escenario Bolshoi compitiendo por México, es una semilla, me atreví a
romper los miedos, entonces, es un punto de partida y no porque yo Lo
hice, fue circunstancial. Trabajé muy duro para ello y así le vas haciendo en
cada aspecto que se te presenta como ser humano.
SyEÑACONDlRIGÍR LA COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA —¿ Por ded icarte
a la actuación dejaste a un lado el ballet? —Nunca lo he dejado, porque yo
creo que el ballet es mi estructura o mi columna vertebral y eso es algo real
y concreto. Con el ballet entro en contacto conmigo mismo, porque el ballet
es un proceso científico, el saber colocar tus músculos, tu postura, es una
especie de máquina que te permite conocerte a ti mismo. A nivel
profesional ya no lo hago, pero hice una temporada en diciembre para el
ballet clásico de Miami, que dirige Pablo Peña y me tocó hacer un papel de
carácter, que era el papel de Clara en El cascanueces y en el Miami City
Ballet también he estado cerca. En lo personal le debo a la danza
muchísimo y al ballet clásico, siendo muy honesto y sin hacer
autocampaña, espero tener la oportunidad de dirigir la Compañía Nacional
de Danza, pues es uno de mis grandes sueños. De hecho, antes de
dedicarme a la actuación tuve la oportunidad en Guadalajara de dirigir las
compañías tanto del ballet clásico como de folclor y de la de
contemporáneo.
A mis 48 años creo que tengo una experiencia que podría ser muy rica a
nivel personal de compartirle a la gente joven la parte mediática.
—Desafortunadamente, tienes que irte al extranjero para que te valoren en
tu país...
—Cuando regresas no tienes donde reflejar esos conocimientos. Yo creo
que hace falta un poco ese pivote, ese poder de tener un punto flexible entre
la institución, donde coincida y gane. Tuve muy buenos amigos y recuerdos,
me tocó ser el primer bailarín que formó el sindicato de bailarines y que, en
su momento, todos me decían cómo te atreves.
—Si se te presenta la oportunidad de dirigir la Compañía Nacional de
Danza, ¿este cargo lo alternarías con la actuación? —En la Universidad
Internacional de La Florida estuve como presidente del Consejo Artístico de
la parte multicultural y entonces me decían ¿a qué te dedicas?, y me decían
que me contrataron para pensar, entonces, esa parte me gusta porque no
aspiro a la parte del poder o yo tengo el control, si no a la parte de aportar y
desarrollar ideas. No me importaría, sino soy el director, pero por lo menos
ser parte de una influencia positiva para los jóvenes.
—Tú mejor que nadie sabes que en México los actores de televisión no son
requeridos en él séptimo arte, en ese sentido, ¿a lo largo de tu carrera
viviste algún tipo de discriminación? —Yo creo que tengo el orgullo y la
formación de mi tía Dunia (Zaldívar) que ella ganó Arieles y es una persona
reconocida dentro del cine, teatro y televisión, pero nunca me ha quitado el
sueño el cine, aunque mi formación es de cine, de hecho, no iba mucho a
la escuela por ir al cine. Era autodidacta y entiendo muy bien el lenguaje del
cine y le apuesto al cine de comedia, no de grosería, pienso que hay que
ser universal, no le tengo miedo a las malas palabras, pero yo creo que un
buen actor no las necesita. Hay que esperar a que esta generación (de
cineastas mexicanos) madure y que podamos hacer, dejemos los
resentimientos o prejuicios.
La gente que me conoce sabe que soy soy muy disciplinado y que el
escenario es sagrado para mí. Les urge un trabajo de dicción porque no se
les entiende y a veces es doloroso ver así nuestras películas, y las tengo
que ver en subtítulos para entenderlas.
SE QUEDA A VIVIR EN MÉXÍCO —Entonces, ¿radicarás en México? —Mi
objetivo es quedarme en México hasta la mayoría de edad de María (su hija)
y más a allá de los logros artísticos y profesionales, están ios logros
personales. Creo que el tiempo te va dando justamente esa perspectiva y
que a veces no son tan importantes las medallas y los reconocimientos,
sino la sonrisa de tu hija que siente que estás ahí. Me quedo en México muy
contento y agradecido con TV Azteca, creo que nuestro acercamiento a nivel
profesional ha sido muy positivo, fructífero. Además ha funcionado la
telenovela Quiéreme dentro de sus grandes vicisitudes, las palabras
mientes, pero los números no. Estamos en pláticas para ver cual es el
siguiente proyecto, ésta profesión es de tomar riesgos y crecer.
—Realmente, ¿por qué abandonaste México? —Fueron muchas historias,
tragos muy amargos que me tocó vivir y desencuentros a nivel de
información. Estaba en una postura que estaba complicado contratarme
(por un supuesto intento de violación a una bailarina), estaba en tela de
juicio mi reputación y persona. Desde que tengo uso de razón he trabajado,
yo he vendido calcetines, perfumes, ropa y por la parte artística vendo mis
cuadros, pero si tengo que picar piedra lo hago, no le tengo miedo al
trabajo. En aquel entonces me llamaron de Miami y había una oferta de
trabajo, y poco a poco me empezaron a contratar y ya me quedé trabajando
y realicé nueve novelas en nueve años.
—¿Crees que era el momento ideal para volver a tu tierra y reencontrarte
con tu hija María? —Me decía una amiga que los tiempos de Dios son
perfectos, pero mi presencia en México tiene el único significado que estoy
agradecido, te lo digo de corazón y porque quiero estar cerca de María.


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