Capítulo 1
Ana y su equipo han montado un dispositivo en el interior de un
prostíbulo. Ana cree reconocer a Serguei Yakutov, el asesino de
su familia, en el interior del local. Se inicia una persecución que
acaba en tiroteo. Uno de los agentes del equipo de Ana, Ignacio
Mendoza, resulta herido. Y lo que es peor, el sospechoso no es
Yakutov. Lo llevan detenido a comisaría donde afirma ser un
vulgar taxista en su país de origen.
El Grupo de Localización de fugitivos recibe un nuevo caso. Se
trata de Joseph Okelo, un dictador y criminal de guerra africano
que, al parecer, reside en la actualidad en la costa levantina. El
equipo se encamina hasta allí con la baja segura de Ignacio
Mendoza que ha presentado su renuncia a continuar en el grupo.
Allí, interrogan a un joven africano que atacó en un chiringuito de
playa al supuesto Okelo. El joven se reafirma en su identificación:
el hombre al que intentó agredir era el dictador Okelo. Nunca
olvidaría la cara del hombre que le obligó a matar a su madre.
En comisaría, el supuesto taxista serbio detenido afirma saber
dónde se encuentra Yakutov. Pero, sólo lo dirá a cambio de que le
liberen. Ana le pide una prueba y él realiza una llamada, unos
compinches suyos le harán llegar la prueba de que Yakutov sigue
vivo y dónde se encuentra actualmente.
Okelo está protegido en su retiro levantino por parte de la policía
local y algún político. Gloria, una concejala que sabe de la
protección que se da al dictador africano, quiere hablar con Ana y
su equipo y contarlo todo. Pero, un disparo acaba con su vida. El
equipo decide montar un dispositivo para tratar de incriminar a de
alguna forma Okelo y poder detenerlo.
La gente que contactó el detenido serbio entrega un periódico de
día anterior con las huellas de Yakutov. Sin embargo, el tiempo
para mantenerlo detenido se acaba y hay que ponerlo a
disposición judicial. Ana convence a Julia, la psicóloga del grupo,
para que alargue ilegalmente la estancia del detenido. Ana
abandona la investigación de Okelo y acude a la dirección que
éste último le ha dado, la dirección donde supuestamente se
esconde Yakutov.
Okelo es detenido, pero sale libre al no poder demostrarse su
identidad. Esa misma noche comienza a preparar la huida del
país con su familia. El equipo tiene que intervenir y lo interceptan
cuando éste tomaba ya una avioneta para fugarse. Además, Ana y
su gente han conseguido una testigo, una monja a la que Okelo
violó, que puede probar la identidad del criminal de guerra.
Ana descubre que alguien manipuló el registro de las huellas del
periódico de Yakutov y que las que tienen en comisaría no son las
del hombre que acabó con su familia. En la dirección que le
facilitaron descubre, también, que Yakutov es realmente el
supuesto taxista que tienen detenido en la comisaría. Ana corre
desesperadamente hacia allí para detenerlo.
Sin embargo, Porto ha descubierto que retienen al detenido
ilegalmente y lo ha enviado al juzgado como corresponde. Allí, lo
dejan libre y Yakutov puede huir otra vez. Ana cae en la
desesperación el asesino de su familia se le vuelve a escapar
entre las manos.


