Despiden al arzobispo emérito de Yucatán, Manuel Castro Ruiz

Custodiado por paredes de piedra y 12 imponentes columnas,
fue colocado en su última morada el arzobispo emérito de
Yucatán, Manuel Castro Ruiz, quien falleció ayer debido a
complicaciones cardiacas.   En una ceremonia encabezada por
su sucesor, Emilio Carlos Berlie Belaunzarán; el arzobispo
auxiliar, Rafael Palma, y el obispo de la prelatura
Cancún-Chetumal, Pedro Pablo Elizondo, más de mil 500 fieles
dieron el último adiós a quien fuera arzobispo de 1969 hasta
1995.   Colocado en un féretro caoba con una imagen de la Virgen
de Guadalupe, se realizó la ceremonia litúrgica en la que se
destacó la labor del prelado, en especial su gran compromiso
con la tarea evangelizadora en cada uno de los rincones de la
geografía estatal.   Con el rostro sereno, el arzobispo Belaunzarán
también evocó la tarea evangelizadora encomendada por El


















Vaticano y lo definió como un hombre sabio, del que hace 13
años recibió consejos y estímulos para continuar con el esfuerzo
de consolidar una grey devota.   "Fue un arzobispo que supo
gastarse y desgastarse por todas las personas de su
arquidiócesis, por lo que visitó una a una todas las comunidades
a las que llevó el Evangelio, e incluso él mismo conducía para
mostrar el camino a seguir", mencionó.   Destacó la larga
dolencia del obispo yucateco, y que hasta ayer fue llamado "para
dar cuentas de la virtud, pero al mismo tiempo, del trabajo arduo
encomendado y seguido al pie de la letra por el mandato de
Cristo".   Durante la celebración litúrgica, el secretario canciller,
Pedro Echeverría, leyó una reseña del arzobispo fallecido y
posteriormente, el vicario general, Joaquín Vázquez Avila, dio a
conocer un texto del secretario del Vaticano, Tarcisio Beltrone.   
Posterior a la ceremonia litúrgica, 24 sacerdotes se turnaron para
dar una vuelta a la catedral yucateca con el féretro a cuestas
hasta llegar al sitio final de su sepulcro.   Este se encuentra
localizado en el ala izquierda del templo catedralicio bajo la
mirada de una enorme figura de un Cristo negro, en el que se
disponen los restos de los altos jerarcas de la Iglesia católica
yucateca.