Obama encara un agitado último tramo de la transición

El presidente electo de EE.UU., Barack Obama, se encuentra ya
en Washington para comenzar el último tramo de la transición
que, ante problemas como la crisis económica o la violencia en
Gaza, promete ser de todo menos tranquilo.

Hasta ahora, la transición del Gobierno del presidente George W.
Bush a la Administración Obama se había desarrollado sin
apenas incidentes, pero en los últimos días se han acumulado
los acontecimientos.

El presidente electo, que hoy se reunía con los líderes del
Congreso para tratar sobre la situación económica, ha indicado
que se concentrará en los primeros días de su mandato en el


















lanzamiento de su plan de estímulo para recuperar la actividad
económica.

Sin embargo, su propio equipo ha reconocido que es "muy
improbable" que ese plan, que se calcula que tendría un coste
entre los 675.000 y los 775.000 millones de dólares, esté listo
para la firma presidencial el día 20, el día que Obama jurará su
cargo.

Obama podría pronunciar esta semana un discurso sobre el
plan, cuyos detalles concretos aún se ultiman, pero que, al
parecer, contendría hasta 300.000 millones de dólares en
recortes de impuestos.

Al mismo tiempo, el mandatario electo, que durante la campaña
afirmó que un presidente debe poder "hacer más de una cosa a
la vez", deberá probar su polivalencia y prestar también atención a
asuntos como la situación en Gaza, donde el Ejército israelí ha
entrado con tanques para impedir que el grupo palestino Hamás
lance cohetes contra el sur de Israel.

Hasta ahora, Obama y su equipo han mantenido un estricto
silencio sobre la crisis, con el argumento de que "presidente no
hay más que uno" y Bush aún ocupa el cargo.

Sin embargo, en el mundo árabe aumentan las demandas de
una reacción del presidente electo.

El ministro de Exteriores de la Autoridad Nacional Palestina,
Riyad al Malki, expresó hoy su "decepción" por el silencio de
Obama y declaró que confía "en que divulgue una declaración
firme cuanto antes".

Pero no sólo son los grandes problemas internacionales los que
requieren una pronta atención del futuro mandatario.

El presidente electo y su equipo deben comenzar ahora de nuevo
la búsqueda de un secretario de Comercio, después de que el
gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, retiró su
candidatura este domingo.

Richardson, quien hubiera sido el hispano más prominente en el
Gobierno de Obama, está en pleno centro de una investigación
judicial que trata de determinar cómo una compañía que realizó
contribuciones a sus actividades políticas logró un lucrativo
contrato con el gobierno de Nuevo México.

Hasta el momento, el equipo de Obama no cuenta con un
reemplazo claro para Richardson, aunque grupos hispanos ya
han reclamado que el nuevo nombramiento sea también latino.

La baja del gobernador representa un duro golpe para el equipo
de Obama, que se había preciado de desarrollar una transición
sin incidentes.

Entre otras cosas, el episodio ha puesto en entredicho el proceso
de comprobación de los candidatos gubernamentales, pues la
investigación en torno a Richardson se conocía desde el pasado
verano.

Las acusaciones son, asimismo, en cierto modo similares a las
que se han presentado formalmente contra otro gobernador
demócrata, Rod Blagojevich, de Illinois, acusado de querer
lucrarse al adjudicar la vacante dejada por Obama en el Senado.

El que se ha denominado "caso Blagojevich" representa otro
dolor de cabeza para el presidente electo. El gobernador, al que
los demócratas han reclamado que dimita, ha hecho caso omiso
de los llamados a su renuncia y ha nombrado como senador al
fiscal general de Illinois, Ronald Burris.

Burris ha aceptado el cargo pero el líder demócrata en el Senado,
Harry Reid, ha indicado que no lo ratificará para que ocupe el
escaño.

Para hacer las cosas aún más complicadas, el presidente electo
debe resolver estos problemas desde una habitación de hotel,
muy a su pesar tras dos años de recorrer el país en la campaña
electoral.

Los Obama querían haberse trasladado al pabellón de invitados
de la Casa Blanca, Blair House, pero se les indicó que ese
edificio ya estaba comprometido para otros actos hasta el
próximo día 15. Un recordatorio de que, efectivamente,
"presidente no hay más que uno".