El actor defeño de 61 años, ganador de cinco Arieles y tres Diosas de Plata,
próximo a cumplir 50 años de trayectoria, retorna al género de la telenovela en
Amar sin Límites, producida por Angeli Nesma.

Felizmente casado desde hace 38 años, con tres hijas, una de ellas Amaranta
Ruiz, actriz y comediante, José Carlos Ruiz, el eterno Juárez de la novela histórica
El Caruaje, se dice bendecido tan sólo "por tener llamado para el próximo día".

"SOY UN AGRADECIDO DE LA VIDA"

-José Carlos, ¿qué ha sentido al volver a los foros de televisión?

"Cumplo 50 años ininterrumpidos como actor, con 70 películas, telenovelas y
obras de teatro, por lo que a estas alturas de mi vida, más que los premios y las
distinciones, tener llamado de trabajo para mañana es lo mejor que me puede
pasar. Soy un agradecido con la vida".


















-¿Cómo lo veremos en Amar sin Límites?

"Seré un abuelo consentidor y querendón. Aurelio, mi personaje, con mi nieto
Diego (Valentino Lanús) y con mi hija Clemencia (María Sorté), que sufrirá en
serio a lo largo de la telenovela".

-A la distancia ¿qué siente de haber sido encasillado por Juárez, el personaje?

"Fue un parteaguas en mi carrera, mi plataforma de lanzamiento. Sí fue un
personaje que me encasilló, no me daban trabajo porque decían que yo era
Juárez. '¡Aquí no trabaja Juárez!í, me decían los productores y directores de
televisión y cine. Acudí con Raúl Astor en ese entonces y le dije: 'Ustedes me
metieron al pozo, ahora ¡sáquenme!í. Llegué al programa Noches Tapatías con
Pepe Morris y Rafael Portilla, y recitaba con música poemas de Lorca y de
Nicolás Guillén".


















-¿Qué anécdotas recuerda de haber sido Juárez en El Carruaje?

"Salía de mi casa y mis hijas me decían: 'ya te vas a trabajar papá Juárezí. En la
calle y todavía hoy, a 32 años de El Carruaje, la gente me saluda como 'señor
Juárez, señor licenciado, ¡cómo lo recordamos como don Benito!í. Es un
recuerdo imborrable, como lo fue personificar a Juan Diego, don Jesús de Los
Albañiles, o El Carajo, de la película El Apando".

José Carlos Ruiz se considera "un mexicanote" en toda la extensión de la
palabra, "que a mi edad creo tener éxito porque la gente me apapacha".


José Carlos Ruiz es un actor completo. Da gracias a la vida haber conocido el
cine y ser parte de él. Hombre maduro, de rasgos marcados, que le dan
expresión de hombre serio y duro, lo mismo ha encarnado a Benito Juárez que a
un albañil, un obrero, el soldado, el maestro, el viejo, el abuelo, un pintor lleno de
fe o un presidiario pura escoria. Es integrante de lo que se conoce como los
rostros de los setenta o la Segunda época de oro del cine nacional.

Sentado frente a un vaso con café, dentro del Ciclo de Conferencias “Charlas de
café” en la Cineteca Nacional, se reúne con todos aquellos que se interesan por
escuchar las anécdotas de aquel cine con el que se inició en los sesentas y los
setentas, y que, a diferencia del cine norteamericano actual, nuestras películas
tenían argumento, y no sólo efectos especiales que es lo que ahora más vende,
considera.

Aprendió y dio sus primeros pasos en el teatro de Bellas Artes, cuando siguiendo
a una chica se topó frente a frente con la actuación. Y se quedó durante siete
años, aprendiendo los secretos del arte, ese lugar se volvió su casa, su útero, el
lugar de su nacimiento. Estudió con Salvador Novo, Seki Sano, Fernando Valle
entre muchos maestros talentosos que enseñaban a alumnos que igualmente
tenían una enorme capacidad de aprendizaje. Durante este tiempo incursionó en
alrededor de 60 obras de teatro primero en papeles secundarios y después le
dieron de figura principal. Pero quería ser “famoso” y así se fue a la televisión,
donde hizo muchas telenovelas “El carruaje”, “Las momias de Guanajuato”,
“Corona de Lágrimas”, entre muchas más.

A lo largo de cuarenta años de trabajo actoral, cuenta que en lugar del ir a la
escuela, se iba al cine, y entró por la puerta de esa industria de pura casualidad:
primero como espectador en el Cine Universal y el Öpera donde por 50 centavos
podía viajar por todo el mundo desde la galería, donde veía el Halcón maltés,
Casablanca, y también mexicanas: En la Palma de tu mano y Ay Jalisco No te
Rajes

Pero su verdadero despertar le llegó con el cine. A manera de revelación, se da
cuenta del sentido de su vida, cuando trabajaba en la película Viento negro de
Servando González:

-“ Estando en Altar, por Sonora, con enormes actores, José Elías Moreno, Jorge
Martínez de Hoyos, Enrique Lizalde, Fernando Luján, Ciangherotti, y yo que no era
nadie, que ahí andaba de ayudante, padeciendo, sufriendo, viviendo, resintiendo
dentro de mí aquella maravillosa aventura de estar en el desierto, donde no
había hoteles ni nada. Vivíamos en los furgones del ferrocarril. Comíamos casi
arena en la comida, estuvimos 8, 9 semanas ahí, día y noche, veíamos
alacranes, escorpiones, tarántulas, coyotes, lobos, y me cae encima , en carne
propia, en carne viva, el cine: eso que yo había visto tantas veces en mi vida
desde niño, de pronto me cae encima el cine; me asombro, me sorprendo , muy
íntimamente pienso que estoy en el mejor momento, en el mejor espacio para
ser actor, para estar vivo, porque el cine, es lo más hermoso que me ha dado la
vida”.

Después de haber participado en por lo menos 70 películas de variado géneros
con directores de amplia trayectoria y haber viajado con ellas por el mundo, José
Carlos Ruiz considera que existen dos tipos de cine: el cine bueno y el cine malo.

-“Hacer mucho cine no es hacer el mejor. Yo pienso que hay muchos valores en
este momento en el cine nacional, mucho talento, pero no hay disposición
económica ni de estructura para que el cine crezca y se convierta nuevamente en
lo que fue. La ley Cinematográfica dista mucho de lo que debería ser. Aparte
tenemos la competencia brutal, de propaganda y distribución de copias, de
exhibición de cine norteamericano.”

Afirma que el gusto del espectador mexicano se ha deformado. Ahora
esperamos el vértigo de la velocidad, de Rambo, de Schwarzenegger El cine
nacional somos todos, dice. Si hay buenos actores, buenos directores, buenos
argumentistas pero no hay público, y no hay salas para exhibir el cine mexicano,
todo eso no sirve para nada”.

Y sugiere: “habría que hacer una gran convocatoria, grabar con impuestos a las
palomitas, por ejemplo, verdad? Los de las palomitas se hacen millonarios. Una
bolsa con un refresco, 40 pesos. Y ya que se está desplazando una película
mexicana, por exhibir cine extranjero, pues que pagaran un cargo que sería de
gran apoyo a nuestra industria “para que vuelva a ser lo que fue”.

Su participación en el cine forma parte ya de películas “clásicas” mexicanas:
Viento Negro de Servando González, (película con la que debuta en el cine en
1963 ), Los albañiles de Jorge Fons, El Apando de Felipe Cazals(1975), La
guerra Santa de Carlos Enrique Taboada(1978) , el Milusos de Roberto G. Rivera
(1981), Bajo la Metralla, Cazals (1982), o Vidas Errantes ,de Juan Antonio de la
Riva (1984) y Goitia, un Dios para sí mismo, de Diego López (1989), de entre
muchas otras películas.

Además de su trabajo con grandes realizadores, también ha participado en
operas primas de jóvenes directores. El cortometraje “De Jazmín en Flor” de
Daniel Gruener (1996) y Dos Crímenes, de Roberto Sneider (1995) basado en
una novela de Jorge Ibargüengoitia son trabajos destacados. Ha recibido
reconocimiento por su labor actoral entre los que destacan cinco premios Ariel y
Tres Diosas de Plata, además de premios internacionales a su actuación.

De los nuevos directores que están triunfando recientemente en otros países,
reconoce la labor que están realizando y “aunque no les estoy pidiendo chamba”
dice que le gustaría mucho integrarse a alguno de sus proyectos. José Carlos
Ruiz es un personaje en sí mismo, ameno, agradable y con muchas anécdotas:
en suma es un gran actor al que hay que distinguir dentro de una larga carrera
cinematográfica de alta calidad y prepara
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