El juicio duró un año y no dio muestras de debilidad de Sadam

Bagdad, 5 nov (EFE).- El juicio por el llamado "caso Duyail" ha sido uno de
los que más expectativas ha levantado no sólo en Irak, sino en todo el
mundo, pues era la primera vez en que se juzga públicamente a un jefe de
estado depuesto por una invasión militar.

El proceso, que comenzó el 19 de octubre de 2005, ha sido muy
controvertido, pues ha dado lugar a asesinatos, a agrias polémicas, a
intervenciones del gobierno iraquí en el juicio y a sonadas declaraciones
de Sadam durante las sesiones.

Sadam ha contado con el respaldo de un equipo internacional de
abogados defensores entre los que han estado destacados letrados como
el ex secretario de Justicia de EEUU, Ramsey Clark, el ex ministro francés
de Exteriores, Roland Dumas; o el ex presidente argelino, Ahmed Ben Bella.

Tres de los abogados defensores, todos ellos iraquíes, han sido
asesinados a lo largo del proceso, lo que ha motivado huelgas y boicoteos
del equipo defensor para exigir al tribunal que garantizase su protección.

Aunque las sesiones han sido grabadas y televisadas, lo han sido siempre
con un desfase de una media hora, lo que ha permitido a las autoridades
judiciales "censurar" los momentos más delicados, aquellos en los que
Sadam y sus siete colaboradores buscaban a gritos poner evidencia al
tribunal que los juzgaba.

Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional
Human Rights Watch (HRW) -que ha vigilado con personal "in situ" al
menos el 80 por cien de las sesiones- han criticado esta censura de las
imágenes, el intervencionismo del gobierno, pero, sobre todo, la falta de
garantías de la defensa y la escasa independencia del tribunal.






















HRW denunció poco antes de que se conociera el veredicto que "hay una
serie de fallos de peso, tanto administrativos como de procedimiento, que
minan la credibilidad del tribunal", lo que "suscita serias preocupaciones
sobre deficiencias en la equidad del proceso".

El primer juez que tomó testimonio a Sadam fue el kurdo Rizgar Mohamed
Amin, pero tres meses más tarde, en enero de 2006, el gobierno iraquí
forzó su dimisión por considerarlo demasiado condescendiente con el
dictador en sus numerosas salidas de tono.

El nuevo juez, el también kurdo Rauf Rashid Abdel Rahman, ha
demostrado tener más autoridad que su predecesor y ha cortado en seco
-incluso con la expulsión de los procesados- las frecuentes peroratas en
las que Sadam aprovechaba para proclamar que sigue considerándose el
presidente legítimo de Irak y negar de paso la legitimidad del tribunal que le
juzga.

Sadam no ha dado nunca muestras de abatimiento durante el proceso.
Con una poblada barba que nunca lució cuando era presidente, y vestido
con correctos trajes de corte occidental, se ha mostrado altanero y retador,
al igual que sus compañeros, estos últimos vestidos con las tradicionales
túnicas y turbantes.

Incluso cuando el fiscal jefe, Yafar al Musawi, pidió la pena de muerte para
Sadam y tres de sus colaboradores, el 19 de junio, no dio muestras de
flaqueza. Días más tarde proclamó en público que prefería morir ante el
pelotón de fusilamiento antes que ahorcado.

La ley iraquí permite la condena a muerte por los delitos de que es
acusado Sadam, aunque se han elevado numerosas voces en todo el
mundo para pedir que no se aplique la pena máxima. Incluso el propio
presidente iraquí, Yalal Talabani, condenado él mismo a muerte por
Sadam, se ha mostrado contrario a la pena capital para el dictador y ha
anunciado que, si es ejecutado, él no asistirá a la ejecución. EFE