
Vendedor sin permiso para vender / El boicot
1 - Don Rodolfo rompe su silencio de 32 años
2 - Vendedor sin permiso para vender / El boicot
3 - Fin del boicot / Pacto de caballeros
4 - Las acciones volaron
´´ Previendo yo futuros problemas dadas las circunstancias, le pedí por
favor a Carmelita que nos acompañara a la sala de juntas, tomara nota de
lo que había sucedido. Los ahí presentes, nuestro socio Manuel G. Rivero
González, mi muy querido amigo y otro pilar de la empresa, hombre que
siempre estuvo con nosotros en las duras y en las maduras, junto con
Enrique Gómez Junco, Abelardo A. Leal Jr., Martín Navarro, Ricardo
Weigend y César Smichdt, habíamos logrado tener un equipo humano
idóneo, gente honrada a carta cabal y fieles a las siete letras. Levantamos
el acta, la firmamos y al poco tiempo entra a la sala de juntas el Lic. Sergio
Valdez Flaquer acompañado del Notario Público, Fernando Arechavaleta
Palafox, que venían a levantar un Acta de la Asamblea. Le dije yo al señor
Notario:
- Mire usted, aquí está una copia del Acta de la Asamblea, puede usted
llevarla a su oficina, ponerla en su libro de actas, firma usted, me da una
copia, pero para que yo esté seguro de que letra por letra se va a copiar
fielmente, se va a ir con usted Enrique Gómez Junco.
Al día siguiente, llamé a la oficina de Don Eugenio Garza Sada, me
presenté y le hice saber lo que había acontecido. Don Eugenio me contestó:
- Nuestro enviado no estaba autorizado para hacer esa oferta.
- Señor - le dije yo - ¿entonces a qué fue? ¿ A insultarnos? No señor
perdóneme, yo no estoy acostumbrado a que se me trate así.
- Pues lo voy a mandar llamar.
- Llámelo por favor.
Viene el Lic. Valdez Falquer y le digo yo:
- Quiero que delante de Don Eugenio repitas lo que ayer me dijiste. Y no le
quedó más remedio que repetirlo, pero para esto llevaba en mi bolsillo una
copia del Acta.
Don Eugenio lo despide y le dice que está bien, que regrese a su oficina, y
me vuelve a repetir:
- El señor no estaba autorizado a eso.
- Don Eugenio, usted es una persona ecuánime - le dije yo - por favor
recapacite, píenselo. Buenos días - y salí -.
Tres o cuatro días después, Javier Garza Sepúlveda, que en paz de Dios
esté, me llama y me dice:
- Viejo te invito un café al Paso Autel.
- Sí Javier, cómo no, ahí nos vemos.
Fui a la cita y me dice: Rodolfo, tregua por favor.
- Javier, tú dime quién está en lo correcto, tú dime quién tiene la razón
- Bueno es que muchas veces...tú sabes, que por quedar bien con los
jefes, muchas veces los ejecutivos...
-No-, le dije -no, por favor no me digas eso, no es una, ya son muchas.
- Yo sé perfectamente bien que yo no soy santo de la devoción de ninguno
de ellos, yo tengo mucha responsabilidad, mucha gente dependen de que
yo no meta la pata, pero deja ver qué hago...
- Encantado de la vida espero tu llamada.
Me llama al poco tiempo y me dice:
- Desgraciadamente yo no le veo solución al problema.
- Bueno, ni modo, ya veremos, a ver qué sucede.
Amenaza de boicot
Pasa posiblemente una semana, diez días y Eugenio Garza Lagüera (hijo
de Don Eugenio Garza Sada) me llama:
- Quisiera platicar contigo.
- Sí - le dije - como no, yo estoy dispuesto a platicar con quien sea.
- ¿Te parece que pases por mí acá, por la puerta de atrás de la Cervecería?
- Sí, doce en punto yo ahí estoy.
Para las doce, paso yo por enfrente de la puerta de la Cervecería y el señor
no aparecía, seguí mi camino, cuatro, cinco cuadras después, llamada en
el radio del automóvil de mi oficina. Era Carmelita:
- Señor, fíjese que se tardó un poquito Don Eugenio, él dice que lo vio
pasar pero no lo alcanzó.
- Yo estuve a las doce Carmelita.
- Pues dice la señorita, su secretaria, que es si posible que mañana a las
doce...
- Mañana a las doce, y a las doce en punto, yo no espero a nadie.
Al día siguiente a las doce en punto pasé por él. Ya estaba ahí, se subió al
automóvil y le dije:
- Voy a apagar el radio para que no vayas a creer que tengo un micrófono
accionado para que se oiga en todas partes. Se me quedó viendo.
- Qué pasó - le dije -¿ cuándo van a entregar las acciones?
- ¿Las tienes en la mano?
- No - le dije - pero a mí me prometieron venderlas.
- Pues no, eso no va a suceder, contestó.
- ¡Ah! Entonces los enviados de ustedes no tienen palabra.
- Es que no estaba autorizado.
- No, mira, ya me cansé de oír esa canción...¿ A qué estaba autorizado?¿ A
insultar gente? no le tolero eso. ¿Qué les ha hecho Manuel Rivero, qué les
ha hecho Enrique Gómez Junco, qué les ha hecho Abelardo Leal?
Yo sé que ustedes son el grupo más poderoso de todo México, pero eso no
nos va a quitar a nosotros evitar que sigamos siendo independientes.
- Pues si tú no aceptas como están las cosas, nosotros vamos a decretar
un boicot.
- Cómo no, ustedes pueden decretar lo que quieran.
- Pues no nada más nuestras empresas, sino todas aquellas empresas
que estén asociadas con nosotros.
-OK. No sé si tú estás enterado de lo que sucedió en la última asamblea
de la Asociación Interamericana de Prensa (SIP por sus siglas en inglés).
Una empresa publicitaria de la Ciudad de México nos mandó una carta,
diciéndonos que nos iba a dar anuncios en el sentido inverso de la
importancia que le diéramos nosotros a los accidentes de aviación. O sea
que si al accidente de aviación le dabas la primera página, los anuncios
iban a ser más chicos. Me llevé esa carta a la asamblea de la Asociación
Interamericana de Prensa, la leí públicamente a la hora que me tocó hacer
el reporte sobre la libertad de prensa en México y no nada más le costó la
chamba al individuo que mandó la carta, le cancelaron la cuenta a la
empresa publicitaria, y todos los periódicos de Estados Unidos, de México,
Centro y Sudamérica la publicaron.
-No, a mí eso no me inquieta.
- OK.
Lo regrese a su oficina.
Contra el boicot, a buscar anunciantes
¨ Regresé a mi oficina, junté a mi gente:
- Va a pasar esto, vamos a tener que buscar publicidad en donde la haya.
Enrique Gómez Junco me dice:
- Acuérdate que tanto Hachar´s como Joe Brand y como Joskes en San
Antonio, siempre han estado dispuestos a publicar más anuncios con
nosotros.
- Vamos a buscarlos, tú te vas a Laredo, yo me voy a San Antonio, y vamos
a tener que pedalearle para salir adelante, porque yo no voy a permitir que
esta gente nos dobleguen, y unidos todos nosotros salimos adelante.
¡Vamos a darle!
Y efectivamente, aguantamos siete largos años de boicot.
Antes de que se terminara el boicot, se tomó la decisión de irnos a offset . Y
en una de las asambleas de la Asociación Interamericana de Prensa, mi
amigo Jimmy Copley, que ya falleció lamentablemente, me dice:
- Rodolfo, vamos a hacer un experimento en Sacramento, California. La
Goss me insiste en que nos vayamos a offset, a tí que tanto te gustan los
fierros, ¿por qué no vienes y me ayudas a tomar una decisión?
Le agradecí la invitación. Fui a Sacramento, hicimos unas pruebas con una
unidad de alta velocidad de offset, hicimos algunas observaciones que
tanto él como yo creímos pertinentes, ya que habíamos tenido experiencia
en rotativas, la Goss las aceptó y nos hizo una oferta tanto a Jimmy como a
nosotros, que era muy difícil de no aceptar.
Regreso a Monterrey, pasa un poco de tiempo y Guillermo Bremer que era
nuestro vecino hacia el Sur por la calle de Zaragoza, me dice que iba a
cerrar su negocio de deportes, que iba a vender el edificio, y que quería
darme la oportunidad de comprarlo. Llegamos a un arreglo, tiramos el
edificio viejo, donde estaba el edificio de deportes, hablé con Jimmy, y le
dije:
- Estoy listo, yo quiero una prensa de cinco unidades, dos de ellas con
color, con un formador de manera que podamos utilizar toda la capacidad
de la prensa. Me uno contigo, que nos den una cotización y fecha de
entrega.
Al mes va un representante de la Goss ahí a Monterrey, ve el terreno que
teníamos, lo juzgó adecuado, no podíamos darnos el lujo de cerrar
producción en el sistema antiguo, lo que se llama sistema caliente, sería
peligrosísimo no publicar el periódico por algunos meses. Entonces la
solución fue ésa, irnos a offset en un nuevo edificio.¨
Honor a quien honor merece
¨ Para esto quiero aclarar que el boicot estaba en todo su esplendor. Don
Abelardo Leal Señor, el padre de Abelardo Leal Jr., quien me dispensó
muchos consejos legales fue la salvación jurídica. Abogado de abogados,
carecía de título, pero al señor, a ese señor, todos los abogados
connotados de Monterrey que tenían título lo iban a consultar. Me consta
porque cuando iba yo con él a discutir algún escrito que teníamos que
mandar a la Ciudad de México, yo salía por la puerta de atrás y los señores
entraban por la puerta de enfrente. A él, Don Abelardo grande, le debemos
mucho.
Pasa el tiempo, inauguramos la rotativa, fue el éxito que nunca
esperábamos, cobrábamos anuncios a todo a color que nadie más que
nosotros teníamos. Era el único periódico de América Latina que tenía
rotativa de offset de alta velocidad que podía imprimir a todo color, había
unidades de alta velocidad en la Ciudad de México, pero eran en blanco y
negro nada más. Pasa el tiempo, todo el mundo sabía que ahí habíamos
dominado desde mucho tiempo antes a El Porvenir; ahora con más razón ¨