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Estas son Conferencias Magistrales... Ojo! No, no son los rollos del mar
muerto... de risa; son los rollos de AJota

AJota es un buen egresado de Dale Carnegie, y siempre que habla en
público se suelta un rollón en el que lo que va a decir lo tiene que salpicar
de anécdotas ajenas o de ejemplos medios mamertos para que cualquier
chamaco entienda de lo que está hablando. Por eso le encanta que digan
que dictó una Conferencia Magistral. Eso es, de latín magíster, maestro. Él
cuando habla, se convierte en el dueño de la verdad - o de perdido del
balón - y dicta toda una cátedra. A ver si no nos confunde - a los que aquí
escribimos - con algún ex jesuita como su sex to sentido le hizo pensar
hace años que el sub comandante Marcos había seguido las enseñanzas
de San Ignacio de Loyola.

A continuación, les dejamos este rollazo que se aventó en la Hemispheria
que se celebró en San Pedro Garza García, N.L. el 12 de mayo del 2005.

Este texto ha sido tomado del site del Gobierno de Nuevo León y les
recomendamos su lectura para que agarren la onda y vean la calidad de la
melcocha. No se duerman. Sale:

Conferencia Magistral

"Pequeñas Cosas que nos Afectan Grandemente",
dictada por el C. Presidente y Director General del Grupo Reforma,
Alejandro Junco de la Vega

12/05/2005

Por: Prensa de Gobierno

...en el Salón Intercontinental, San Pedro Garza García, Nuevo León




















Muy buenos días:

Supongan que pudiéramos regresar mil años en el tiempo, el entorno sería
radicalmente diferente, desde luego; un aspecto en particular llamaría la
atención, dicen los científicos, y no es algo que nos vendría a la mente tan
fácilmente.

Lo que más nos impactaría sería esto, el silencio, piensen en ello, todo el
ruido existente en nuestro mundo moderno, televisión, teléfono, radios,
autos, aviones, celulares, electrodomésticos, nada existía hace mil años.

Dicen que si realmente pudiéramos regresar a esa época el silencio sería
ensordecedor, ahora veamos el otro lado de la moneda, consideren a
cuánto ruido estamos expuestos en nuestro entorno actual, cuántas voces
claman por nuestra atención, cada momento de nuestro día, están en todas
partes, en la televisión, periódicos, radio, Internet, centros comerciales, en
nuestros partidos de futbol, todas diciéndonos cosas que, insisten,
necesitamos saber.

Alguien estableció recientemente que en una sola tarde podemos estar
expuestos a una mayor cantidad de ideas, información que la que el Rey
Enrique Octavo recibió en toda su vida; qué significa esto, significa que
vivimos en un mundo tan lleno de información, que nuestro mayor reto es
entender qué hacer con tanta, la información puede ser valiosa si sabemos
lo que estamos buscando.

La fiebre de oro del siglo XXI es la carrera por encontrar formas de obtener
información y usarla para crear valor, filtramos la información a la usanza de
los viejos gambusinos en busca de las pepitas que nos harán ricos, a
diferencia de esos viejos gambusinos, sin embargo, parecemos estar en la
feliz posición que cada día se crea más información y con esa nueva
información vienen nuevas oportunidades para crear valores.

Una mina de oro inagotable es una idea seductora y si se pone uno a
pensar, eso es lo que se ha descubierto en la era de la información.

Parece pues bastante extraño que muchos no nos hemos unido aún a esta
nueva fiebre de oro y eso me lleva al asunto que abordaremos en la
siguiente parte del programa, buen Gobierno, o dicho de una manera más
sencilla buenas prácticas.

Qué tiene que ver esta fiebre de oro de la era de la información con el buen
Gobierno, simplemente esto: ya sea que uno esté hablando de un negocio,
de un pueblo, de una ciudad, una nación o una región económica entera, la
propuesta es la misma.

Si no estás completamente preparado para esta fiebre de oro no vas a
tener éxito en el siglo XXI, participar en la fiebre de oro moderna pues, es
algo que aplica no solo para los individuos, hay algunas importantes
consideraciones de diseño y funciones que deben ser realizadas por el
Gobierno y sus muchos organismos para asegurar que los ciudadanos
puedan usufructuar el producto de sus minas modernas, hacer más con
menos, obtener más resultados con menos esfuerzos.

El buen Gobierno involucra hoy en día cumplir las obligaciones del Estado
hacia sus ciudadanos de la manera más eficiente posible; una, que
permita que estos logren sus metas con un mínimo de tiempo y de energía.

En la era de la información hay un basto recurso mundial de conocimiento y
experiencia que podemos explotar para asegurar que los esfuerzos de
gobernancia estén bien dirigidos y sin embargo muchos países dejan que
esta oportunidad de oro se les vaya de entre las manos.

Entre los socios del TLC, México parece ser uno de los que están dejando ir
esta oportunidad simplemente no hemos aprovechado el nuevo paradigma,
¿por qué?, digámoslo así: todo mundo se ha unido a la fiebre de oro pero
en el caso de mi propio país hemos estado buscando pirita, mejor
conocida como oro del tonto.

En mi opinión nos hemos visto fatalmente distraídos por el uso y el abuso
de la ideología.

Para los que viven al norte del Río Bravo la democracia es un concepto tan
familiar que rara vez reflexionan en ella, en nuestro lado sin embargo
durante mucho tiempo fue una tenue esperanza que parecía estar siempre
fuera del alcance.

En épocas recientes, para un gran regocijo nuestro, esto ha cambiado, pero
también ha sido la fatal distracción de la que hablaba; hemos estado tan
ocupados con el reto de implementar la democracia que hemos fallado en
otro reto igualmente importante, el de la eficiencia y esto nos ha lastrado en
una manera importante; una pepita de información que nos muestre una
forma más eficiente de administrar nuestro sistema escolar puede
potencialmente tener enormes ramificaciones, un pequeño dato que
muestra una mejor forma de otorgar permisos a nuevas empresas pudiera
mejorar nuestro desempeño económico.

Un pedacito de oro de información respecto a la forma en que procesamos
nuestros recursos naturales podría arrojar un valioso incremento en
nuestro PIB, sin embargo se nos olvida que pequeñas fracciones de
información pueden llevar a pequeñas victorias y que estas son los
cimientos para conquistar grandes guerras.

El economista Tyler Cowen recientemente publicó un estudio de cómo si
Estados Unidos hubiera crecido solo uno por ciento por año menos entre
1870 y 1990, entonces el Estados Unidos del 90 sería más pobre que el
México actual; en otras palabras damas y caballeros, un pequeño punto
porcentual de diferencia es todo lo que se requiere para dar el contraste
entre este lado de la frontera y el otro.

Si se pone uno a pensar la alianza económica nuestra nos convierte en un
equipo, en el campeonato mundial de la creación de valor, el equipo TLC,
pero qué tan buen equipo formamos, podemos decir con honestidad que
cada miembro del equipo está en buenas condiciones físicas, podemos
honestamente decir que todos y cada uno de los jugadores tienen el
mismo nivel, la respuesta es inequívoca aún no somos jugadores de la
misma capacidad, cuanto más competitivo sería nuestro equipo si todos
estuviéramos jugando al mismo nivel, consideren el ejemplo del petróleo,
una industria monopólica.

Con cada barril extraído por nuestro gobierno perdemos una inmensa
oportunidad, con ese mismo barril de petróleo, British Petroleum, por
ejemplo, siete veces más valor agregado que nosotros, en pocas palabras
tienen 700 por ciento mejor desempeño en cada barril de petróleo.

Tayler Cowen, señalo la importancia de esa pequeña cifra, uno por ciento,
es uno por ciento, qué tal 700.

Hay muchas pequeñas cosas en el campo de la energía que al parecer
desconocemos y no es el único sector y sin embargo en los círculos
académicos intelectuales y políticos las pasamos por alto una y otra vez.

Seguimos cautivados por el hechizo de encontrar la gran ideología que
transformará nuestro país con el majestuoso caso de una pluma
presidencial, hemos sido seducidos por grandes planes de todos los
sabores ideológicos y sin embargo ninguno de ellos ha arrojado los
resultados que tanto ansiamos ver.

Cuando oigo hablar de estos grandes planes pienso en la Emperatriz
Catalina, cuando ella gobernó al gran imperio ruso tuvo un gran plan para
modernizar al país, quería construir varias grandes ciudades, que se
convirtieran en centros de industria y de progreso, un día llegó el
Emperador austriaco José Segundo en visita de Estado, los dos líderes
colocaron la piedras fundacionales para una de la nuevas grandes
ciudades que ella tenía en mente, Catalina puso la primera piedra, el
Emperador José la segunda.

La Emperatriz se mostró sumamente entusiasmada ese día, su homólogo,
el Emperador estaba más cauteloso, esa noche José Segundo le contó a
un amigo: he terminado en un día un asunto muy importante con la
Emperatriz de Rusia, "ella colocó la primera piedra de una nueva gran
ciudad yo coloqué la última" fin del plan.

Buscar soluciones a nuestros problemas a través de grandes planes no
llevará muy lejos el progreso económico de nuestra región, en México ya
hemos tenido toda clase de visiones que nos llevarían a la prosperidad, el
nacionalismo revolucionario del Presidente Cárdenas, la Revolución Verde,
la marcha al mar de Ruiz Cortines, el arriba y adelante de Echeverría, la
economía mixta de López Portillo, el neoliberalismo de Salinas y en breves
semanas nuevos proyectos alternativos de nación.

Cada vez pronunciamos la frase mágica y esperamos el rayo fulminante,
cada vez todo lo que obtuvimos fue otro numeroso batallón de cuerpos
reguladores y una costosa burocracia llena de nuevos trámites y como los
mexicanos no estamos dispuestos a dejar atrás la historia, todos y cada
uno de los ejércitos siguen allí, imponiendo la normatividad de docenas de
visiones no aprobadas.

Habrá una mejor forma si la simple diferencia de un punto porcentual es
todo lo que se necesitó para crear un contraste entre este lado de la
frontera y el otro, que tal si pensamos en cómo lograr pequeñas mejoras
sostenidas a través del tiempo.

Un problema que enfrentamos es lidiar con la teoría económica, si
hacemos memoria de lo que se nos enseñó en la economía uno ha habido
toda clase de teorías en torno a los retos del desarrollo, pero todas ellas
adoptan una perspectiva que ve al mundo desde muy lejos un vistazo
macro, el tratar de entender los retos del desarrollo sólo analizando los
niveles agregados de la economía es como tratar de entender nuestro
universo físico sólo a través de un telescopio, en la realidad la mayoría de lo
que hemos aprendido de nuestro universo físico ha sido a través del
microscopio, al verlo de cerca hemos entendido los átomos, las partículas,
el DNA, las células madre y más específicamente la relación entre estas,
cómo se pueden alinear los átomos para que generen, no destruyan
energía, el átomo del desarrollo, damas y caballeros, el que se requiere ver
de cerca es la persona, el ser humano y la relación de unos con otros y le
necesitamos crear un nuevo idioma común, uno que traspase nuestras
fronteras físicas e ideológicas, el idioma del desarrollo, de la creación de
valor para que la gente de la región económica pueda escapar el debate
hueco de las ideologías y se acoja, no a visiones y lemas, sino a
soluciones comprobadas, necesitamos usar esta nueva arma de
comunicación para facultar a los cuidadnos con estrategias bien dirigidas
para que incrementen el arsenal de nuestras jóvenes democracias,
necesitamos diseminar las mejores prácticas, a los liderazgos claves de
los medios y el sistema político, encontrar qué ha hecho que algunos
países sea hayan convertido en campeones y hacer sus prácticas parte de
nuestro saber colectivo.

No estamos hablando de grandes temas, ni de asuntos abstractos,
hablamos de historias de éxitos bien documentadas que les dicen a
personas comunes y corrientes qué se ha hecho específicamente para
mejorar las vidas de otras personas.

Si ataca la causa raíz de un problema relevante nos gusta, si utiliza la
menor cantidad de recursos críticos nos encanta, si su implementación
puede traspasar fronteras, perfecto, si no está atado a una postura
ideológica mejor, siempre complementando el qué con el conocimiento
específico del cómo, pudiera parecer una paradoja pero necesitamos
conocimiento sobre las economías del conocimiento.

Un estudio realizado por la Universidad de Georgia sobre el crecimiento en
productividad de diferentes países y grupos étnicos arrojó unos números
interesantes.

En el 2003 el crecimiento en la productividad de Corea del Sur 7.4 por
ciento, en Estados Unidos 4.7, los mexicanos en Estados Unidos, 9 por
ciento, la cifra correspondiente a los mexicanos, en México 6.5 negativo, no
crecimos, decrecimos, no le ayudamos al equipo del TLC, podemos decir
que esto nos sorprende.

Ninguna imagen de nuestra vida cotidiana capta mejor el problema que la
escena vista todos los días en la frontera México-Estados Unidos.

Existe un flujo sin fin de inmigrantes ilegales y una y otra vez los vez cambiar
ante tus ojos en el instante que cruzan la frontera de nuestro lado los carros
van con los vidrios abiertos, los brazo afuera, basura cae de las ventanas,
mientras ruedan al norte, echando relajo, sin cinturón de seguridad
pasándose semáforos y altos, llegan al puente, los cinturones se abrochan,
las ventanas se suben y en el interior del auto una actitud completamente
nueva invade a sus ocupantes.
Ahora estamos en la tierra de las oportunidades y el progreso, ahora
obedecemos la ley, ahora nos sentimos motivados, ahora tenemos un
propósito y como esto se agregan a las filas de un inmenso y productivo
ejército en el extranjero.

Qué provoca que la gente cambie en cuestión de segundos, de un lado de
la frontera tienen extendida la mano y sus voces dicen dame, dame
protección sindical, dame pensiones enormes, dame dinero que no me he
ganado, 400 millones de dólares al año en el caso de Ciudad de México.

Del otro lado se arremangan la camisa y preguntan dónde hay chamba, qué
más puedo hacer por mi mismo, si un sistema desalienta a sus
ciudadanos de realizar esfuerzos productivos y los alienta a convertirse en
algún tipo de parásito económico, no habrá ideología ni plan que funcione,
nuestro sistema está al borde de ser así.

Un gran esfuerzo y ningún esfuerzo reciben casi la misma recompensa, el
ciudadano le mete mucho, le saca poco, quién puede culpar a 20 millones
por emigrar y muchos más por adoptar estrategias parásitas.

Estamos en riesgo de caer en una condición conocida como el dilema
siberiano, en el dilema siberiano uno está pescando en el ártico cuando
repentinamente cae a través del hielo si te quedas adentro te ahogas, si
sales te congelas.

Muchas personas en nuestra región económica no tienen más esperanza
que eso, están condenados y le ponen esfuerzo igualmente condenados si
son parásitos, la vida para muchos de mis compatriotas sigue siendo
desesperada y todos los días un mayor número de ellos se apretujan en
contenedores o se amarran de bajo de vehículos para exportarse a una
tierra donde esperan encontrar un mejor futuro, una que ofrece recompensa
por sus esfuerzos.

Esto más que el TLC es lo que nos une estrechamente en términos
económicos y es una forma disfuncional de hacerlo, los sicólogos
llamarían esto una codependencia tóxica, yo le llamo una tragedia de
oportunidades perdidas, se supone que las cosas no iban a hacer así, se
nos dijo que a medida que el TLC abriera el comercio nuestro país se
convertiría en un jugador de equipo más capaz y que en todas nuestras
fronteras soplarían mejores vientos, crecería la prosperidad, al tiempo que
las compañías más competitivas ganarían acceso a un mercado mucho
más grande, una década después el sueño luce mejor que la realidad.

El crecimiento per cápita en los últimos 10 años ha sido un desolador uno
por ciento, en contraste en ese mismo período el crecimiento coreano
promedió 4.3 y el de China se ubicó en 7, México no se ha convertido en la
economía productiva que pronosticaron los optimistas.

Se ha vuelto cada vez más claro que por lo menos ahora solo podemos
esperar algún beneficio del Tratado mientras sigamos siendo una fuente
de mano de obra barata.

Pero aún ese escenario no resultó favorable, la inversión continua
trasladándose al otro lado del mundo, a China e India en busca de mano
de obra de mejor relación costo-beneficio.

La esperanza era que el TLC reduciría la disparidad de ingresos entre
Estados Unidos y su vecino sur, de hecho ésta se ha agudizado en un 10.6
por ciento en la última década, en pocas palabras parece haber poco en el
TLC para acercarnos o unirnos productivamente en un objetivo común y sin
embargo no dudo que hay voluntad de ambas partes para encontrar un
terreno común y trabajar juntos para nuestra ventaja mutua.

Creo que el problema es que hemos estado buscando este terreno común
en el lugar equivocado, algunas personas pensaban que podríamos
encontrarlo al adoptar el consenso de Washington, su mensaje hacia
nosotros en los países en desarrollo parecía ser, en esencia, que al abrir
nuestras puertas a las fuerzas de mercado haríamos posible que la
prosperidad nos inundara y sin embargo aquí estamos unos años después
en época de seca, por qué, hay quienes están tan obsesionados por el
resultado que olvidan el proceso y la infraestructura, que es un requisito
necesario para obtener los resultados que desean, siguen obsesionados
en el qué, no ven los cómos, se quedan en lo macro no bajan a los miles
de micro que componen el sistema total y viven entre miles de micro
anomalías.

La verdadera tragedia en esta historia es que este es el pan de cada día en
el mundo de desarrollo, estamos totalmente acostumbrados a ello,
muchas prácticas que solo generan tramitología y desperdicio son vistas
como normales.

Como solíamos considerar normal que robaran nuestros votos y nuestras
elecciones, aceptamos demasiado, aceptamos que es normal que
estamos nadando en petróleo y gas y sin embargo lo importemos,
aceptamos que es normal que tengamos un déficit de energía pero
prohibamos que el sector privado la genere.

Nuestra vida cotidiana es innecesariamente complicada y enredada,
cargamos con el lastre del desperdicio, la ineficiencia, la subutilización y
estamos atrapados en un sin fin de círculos en los que repetimos nuestros
errores.

En mucha grandes ciudades del mundo, por ejemplo, la rama política se
mantiene separada de la rama administrativa, una muralla china las divide.

En Brasil se elige al alcalde pero el administrador de la ciudad es una
posición que permanece el tiempo, los alcaldes podrán emigrar a mejores
posiciones políticas, pero la experiencia del administrador de la ciudad se
queda.

México pierde sus expertos cada tres años en cada nueva elección, hasta
ahora he hablado principalmente sobre el país que mejor conozco, pero
sería incorrecto pensar que esta receta serviría solo para curar este país.

Es muy claro que podremos trabajar juntos de una manera mucho más
productiva si todos hablamos el mismo lenguaje, el lenguaje del desarrollo
económico a través de mejores prácticas.

Hace algunos momentos hablé de la codependencia tóxica, pero qué
pasaría si pudiéramos encontrar un manera de trabajar juntos hablando el
mismo lenguaje, qué pasaría si mejoramos nuestra zona económica al
tener un mismo enfoque, uno que asegure a nuestros ciudadanos la mejor
relación, esfuerzo-resultado y que es el componente fundamental de esta
lengua común fuera las pequeñas cosas, las mil y una mejores prácticas
que constituyen una pujante economía, todos saldríamos beneficiados si
adoptamos el lenguaje económico de las mejores prácticas.

Quizá México sea el socio que tenga más camino por recorrer de las tres
naciones, pero eso no significa que no existan retos para todos, en el
abordaje exitoso de los mercados globales, tenemos los tres retos
enormes, consideren el crecimiento fenomenal de la economía China o
bien como la India captura cada vez más empleos de Norteamérica.

Como región tenemos la imperiosa necesidad de mejorar nuestra
competitividad y elevar nuestro nivel de vida y no vamos a encontrar un
manual de instrucciones para lograr estos objetivos en los grandes planes
y manifiestos políticos.

El ser competitivos tiene muy poco qué ver con slogan creativos, mucho qué
ver con emular cualquier práctica que funcione mejor que las demás.
Necesitamos identificar todas las formas en que podamos evitar el
despilfarro y la ineficiencia y necesitamos emplear todas las maneras en
que podemos elevar al máximo nuestra capacidad de generar valor.

En pocas palabras, necesitamos averiguar qué funciona y hacerlo que
funciona, más podemos colaborar, más podemos compartir, intercambiar
conocimientos si nos focalizamos en esto, porque a pesar de todas las
recetas y de los grandes planes de las últimas dos o tres décadas la dura
realidad es que las perspectivas económicas para muchas naciones en
desarrollo no han cambiado casi nada.

México es solo uno de muchos ejemplos, entonces qué se puede hacer al
respecto, un acuerdo como el TLC puede ser un factor que fortalezca el
desarrollo, pero todo depende de cómo lo usemos si se convierte en una
herramienta más para seguir discutiendo teorías, muy poco va a cambiar,
pero si lo usamos como un vehículo para trabajar en equipo, para
comunicarnos mejor, para lograr mejores formas de gobierno y si lo
hacemos el foco principal de algo tan simple y tan profundo como el
compartir las mejores prácticas de todos los rincones de nuestros
territorios no tengo la menor duda de que podremos tener logros
espectaculares.

Es por ello que me emociona ver a gente tan capaz como la reunida en este
auditorio para compartir conocimientos y estrategias.

En mi experiencia la mejor manera de predecir el comportamiento futuro de
alguien es fijarse en lo que hace no en lo que dice, podemos aprender
mucho más de los hacedores que de los habladores.

Esta reunión en breve entrará en una parte del programa donde vamos a
aprender sobre las experiencias de líderes que sin duda han sido
ejecutores de planes exitosos.

Van a compartir aprendizaje y experiencia que podrá narrarle a otros líderes
y millones de ciudadanos mucho tiempo y esfuerzo.

Espero que intercambios como los que van a tener ustedes en Monterrey
se repitan muchas veces, esto es Gobierno de la más alta calidad, señoras
y señores.

Por mi parte, como comunicador, quiero reconocer el rol que viéremos
desempeñado si nos importa el bienestar de nuestra gente, el producto de
nuestro trabajo debe promover el desarrollo, debo admitir que no siempre
lo logramos, en los medios es difícil salirse de una mentalidad emanada
que persigue las fallas, los escándalos y las excepciones.

Cuando las notas y los reportajes se enfocan principalmente a todo lo que
está mal en nuestra sociedad es muy fácil perder de vista aquello que va
bien, el trabajo productivo bueno puede ser ignorado, ejemplos
inspiradores e instructivos pueden quedar fuera, se requiere de un esfuerzo
especial para salirse de la estampida.

Algunos medios impresos y electrónicos estamos dispuestos pero
necesitamos su ayuda.

Por todo ese ruido que no teníamos hace mil años, hoy estamos
abrumados por él, hagamos ambos un esfuerzo para discutir lo que
verdaderamente importa, separemos el ruido coyuntural de las señales
valiosas, usemos esta información para crear valor en nuestras
comunidades, distingamos las pepitas de oro de información conducente
al desarrollo de la pirita de la ideología sin sentido.

Tenemos ante nosotros una gran oportunidad, debemos tomarla; la vida,
cuando se considera todo lo que ofrece, es nada menos que un banquete,
porque entonces aceptamos que tantos de nuestros semejantes tengan
solo migajas, esto no tiene que ser así.

Damas y caballeros la justicia dicta debe cambiar.

Muchas gracias. " Hasta aquí, cerramos las comillas. Al Marqués de las
mismas - las comillas - le dio flojera ponerlas en cada párrafo, pero se
sobreentiende que todo esto fue lo que dijo AJV.

http://www.nl.gob.mx/?P=leerarticulo&ArtOrder=



Noviembre 2001



Alejandro Junco de la Vega

Un guerrero indio se acercó con el jefe de la tribu para hacer una consulta:
'Gran jefe, usted que todo lo sabe, díganos como va a estar el invierno'.
Gran jefe fumó su pipa y le dijo: el invierno va estar muy frío, ir a cortar
madera.

Una semana de afanes después regresaron los guerreros para volverle a
preguntar: 'Pluma Blanca, ¿cómo estar el invierno?, ¿necesitar cortar más
madera?.

Pluma Blanca fumó su pipa, que no se que hierbas le pone, pero siempre
tenía la respuesta y le dijo: 'Invierno ser muy frío, ir a cortar más madera'.

Después de otra semana de labores, regresaron los guerreros a hacerle
una tercera consulta, en esta ocasión Pluma Blanca les dijo: 'Un
momentito, yo ir a consultar con los espíritus'.

Se retiró a la parte de atrás de la tienda, tomó su celular y le habló a la
redacción de un conocido periódico de la localidad.

'Oigan ustedes, periodistas que todo lo saben: ¿cómo viene el invierno?. El
periodista le dijo: lo tenemos bien comprobado, el invierno viene muy frío,
andan como locos los indios cortando madera'.

Amigos empresarios, yo tengo mucha información, la he obtenido de
ustedes, yo les agradezco esta oportunidad que me dan para empaquetarla
y compartirla con ustedes en la forma de una reflexión sobre el cambio,
sobre nuestra transición.

Por muy gradual que sea el acontecer del curso de la historia, siempre hay
un día, una hora, un minuto, en el que alguna acción significativa, se realiza
por primera o por última vez.

A veces entendemos y medimos sus consecuencias en el mismo
momento de los hechos, como nos pasó hace unas semanas cuando
aviones comerciales, convertidos en misiles, enlutaron al mundo.

En otras ocasiones, sin embargo, hechos trascendentes que también
cambiarán nuestras vidas para siempre, pasan desapercibidos. Acciones
que con el tiempo nos traerán consecuencias muy profundas, a veces
ingresan a nuestro mundo silenciosamente, sin imágenes espectaculares
y aquello que en primera instancia parecía tener muy escasas
conclusiones, con el tiempo adquiere su verdadera dimensión.

Si irrumpen violentamente a nuestras vidas o ingresan silenciosamente sin
bombo y platillo, y si parecen grandes o pequeñas con frecuencia se nos
dificulta asimilarlas, ¿por qué?, porque todo esto representa lo mismo:
cambio.

El cambio nos hace titubear, nos exige repensar, nos obliga a pasar a otro
estado de discusión donde se pone a prueba nuestra capacidad de
enfrentar un futuro que ya se hizo presente. ¿Qué tanto cambio están
ustedes dispuestos a aceptar?. ¿Qué tanto cambio podemos tolerar?, y
esto se los pregunto con una acción muy discreta, muy especifica en
mente: la de abrir o dejar cerrada una muy importante puerta, que de tanto
polvo y telaraña parecería irrelevante.

A veces me imagino a un extraterrestre aterrizando en cualquiera de sus
empresas y preguntándoles: ¿Por qué dejan tanto dinero sobre la mesa?,
¿Cómo es posible que el país sangre de recursos tan indispensables para
su crecimiento?.

Este intruso, que por estar lejos es capaz de distinguir a aquellos países
que se desarrollan a ritmos acelerados, de otros que se mueven tan, tan
lentos que parecían estar estancados, nos diría: ya lograron un sistema
democrático, qué bueno. Les falta dar el siguiente paso, falta darle
contenido a la transición mexicana.

¿Cómo?, arreglando su estado de derecho: la mala administración de
justicia les está afectando tanto como la falta de democracia, suponiendo,
sin conceder, que no importaran razones éticas, morales, de eficacia en la
lucha contra la corrupción, les doy una económica. Cada año nos vemos
obligados como país a erogar 90 mil millones de dólares por concepto de
servicio a distintos tipos de deuda. Para un país como el nuestro, se estima
que una cuarta parte de esa erogación tiene que ver con el denominado
"riesgo país".

Ese riesgo que a veces nos suena como un concepto un tanto etéreo,
enrealidad se traduce en pesos y centavos que ustedes erogan.

Los mexicanos pagamos entre 20 y 25 mil millones de dólares cada año
por la falta de un marco jurídico institucional que genere un nivel de
confianza en nuestro estado de derecho, similar al de los países con los
que competimos.

Los recursos dilapidados actualmente y requeridos con urgencia para el
desarrollo de México, son una gratificación extra a quienes tienen el valor de
apostarle a un país que conlleva un gran albur: su estado de derecho.

Ustedes lo saben muy bien, si hay algo que inhibe la competitividad de sus
empresas, es precisamente el alto pago de intereses, producto del pánico
de inversionistas nacionales y extranjeros por nuestro precario estado de
derecho.

Los ejemplos están a la orden del día, carreteras que parecen senderos
del viejo oeste, donde los asaltantes hacen de las suyas, bancos que no
pueden cobrar, estafadores que operan en la oscuridad, piratería rampante,
narcotráfico, fraude, extorsión, secuestros, manejo de asuntos penales en
forma amañada, etcétera, etcétera, etcétera.

Nuestro sistema judicial no es un sistema viral, esto lo entiende cualquier
extranjero que invierte en nuestro país, y sabe que hay que evitar a toda
costa un litigio en un juzgado mexicano, pues también sabe que allí hay
funcionarios que violan la ley, que se coluden y que tienen componendas
que a la postre terminan siendo asuntos pri-vados.

La oscuridad que cobija la autoridad en México es el ambiente perfecto para
el crecimiento de dos hiedras que envenenan nuestra vida pública:
corrupción e impunidad. Ciertamente la opacidad de nuestro sistema
político va más allá del sistema judicial, la falta de rendición de cuentas
invade todas las esferas de la vida pública, por ello constituye la gran
barrera que impide que nuestra transición empiece a dar resultados
tangibles y nuestra democracia se empiece a sentir en la vida diaria.

Los ejemplos de falta de transparencia y por lo tanto de rendición de
cuentas, sobran: el policía que al registrarse un accidente automovilístico
levanta un croquis y tiene la opción de falsearlo y venderlo al mejor postor,
pues a final de cuentas sabe que es un documento que a pesar de ser
público es de acceso restringido.

El director de escuela oficial que está excusado de dar cuentas sobre el
desempeño de los alumnos, pues sabe que cualquier indicador de
desempeño que aplica la Secretaría de Educación Pública es "información
confidencial".

Igualmente el juez o magistrado que goza de plena libertad para manejar
los expedientes de aquellos juicios bajo su responsabilidad, en un
ambiente de absoluta privacidad, al final de cuentas aquella documentación
que fundamenta las sentencias dictadas por el poder judicial, será
información resguardada por toda la eternidad.

Es por ello que ustedes saben santo y seña hasta de la vida sexual del
presidente Clinton, pero desconocen los detalles más básicos de lo que
declaró su Presidente en relación al asesinato de Colosio.

El Secretario de Hacienda sigue siendo el dueño de toda aquella
información relacionada con los impuestos que pagamos los mexicanos,
tan es así que los presupuestos que elaboran cada año y que presentan al
congreso, están de tal forma cifrados que por ningún motivo algún
ciudadano podría cometer el crimen de entrometerse en su contenido.

El propio director de PEMEX, una empresa que es de ustedes, ¿cómo les
respondería si ustedes le exigen que les entregue una copia de los
contratos que tiene celebrado PEMEX con el asunto de las coberturas en el
precio del gas?.

La cultura de la transparencia en la función pública es tan ajena a ustedes
mismos que, por ejemplo, aún como lideres no se atreverían a exigir estar
presentes en las deliberaciones económicas del Banco de México. Sin
embargo, bajo las mismas leyes de reuniones a luz de día, en el Finantial
Bank norteamericano, ustedes sí pueden estar presentes en las
deliberaciones de la FED americana, junto a Alan Greenspan.

Conceptos directamente asociados con la transparencia, como lo son la
rendición de cuentas, y la noción de que en una democracia el ciudadano
debe ser el soberano original, ni siquiera han sido sintetizadas en palabras
de uso común. No tendrían aplicación.

En aquellos países políticamente más desarrollados, los términos
"accountably", "empowerment" son parte central del lenguaje de la
democracia.

Estos dos conceptos fundamentales: rendición de cuentas y el ejercicio
delpoder por parte del ciudadano, no surgieron por generación espontánea.
Son el resultado de esos cambios silenciosos, pero profundos, de los que
hablaba al inicio. Cuando pienso en este tipo de evoluciones se me va la
memoria a un capítulo de la historia universal, que parecía que no pasaba
nada y sin embargo hoy sabemos que se gestaron grandes
transformaciones.

Un ejemplo emblemático de estos cambios a primera vista insignificantes,
es lo que sucedió con la navegación marítima. Un arte que se ha
perfeccionado a través de miles de años, desde la antigüedad los
marineros aprendieron a viajar juzgando la profundidad del mar y
observando. Hasta el año 1200 había límites verdaderamente
infranqueables para quienes querían explorar los mares. Una pequeña
innovación surgió y de pronto, todo cambio, el invierno y la mala visibilidad
dejaron de representar barreras para la navegación. La brújula, un
instrumento a primera vista inofensivo, se convirtió en catalizador del
crecimiento y de la expansión del comercio mundial.

Quien fue capaz de capitalizar el potencial de aquella pequeña innovación
pudo alcanzar mayor riqueza y prosperidad, las Ciudades Estado italianas
son un ejemplo claro de esto. Los barcos de Venecia empezaron a usar el
compás magnético y para el siglo XIII se habían transformado de una
pequeña villa de pescadores al principal imperio del Mediterráneo. Se
pudiera decir que allí tiene su origen, nada más y nada menos, que la era
del Renacimiento, la era de la razón.

Por ello no creo exagerar cuando digo que una pequeña innovación puede
cambiar el curso de la historia y las vidas de las personas que lo adoptan.
Este es un tema recurrente de la historia, y en la esfera de nuestra vida
pública, la obligación de quien está en el poder de rendir cuentas al
gobernado pudiera parecer un cambio menor. Y sin embargo es la brújula
que a pesar de su aparición discreta ha transformado la vida de muchas
naciones.

Por sencillo que parezca este pequeño cambio: el derecho del ciudadano a
la información y por lo tanto, la obligación de los órganos del Estado a
rendir cuentas, es lo que hace la diferencia entre una democracia que se
practica una sola vez cada seis años, a una democracia que se ejerce
todos los días.

Pero, ¿qué urgencia tenemos para dar este paso?, ¿qué diferencia hay
entre cinco, diez o quince años?, ¿cuál es la prisa de salir de esta edad
media mexicana que tenemos desde hace 70 y que todavía no terminamos
de abandonar?.

Me parece que en el título que eligieron para este encuentro está buena
parte de la respuesta, la transición que vivimos hace un año tiene valor no
porque el cambio sea bueno en sí mismo. Su valor está en que nos impone
retos y la ocasión propicia para enfrentarlos. La alternancia nos colocó
frente al reto de darle contenido a nuestra vida democrática, haciendo al
ciudadano el centro de la acción de gobierno.

Estamos todavía ante la oportunidad de romper con esa inercia en la que
los individuos somos ajenos a los asuntos públicos y garantizar a cada
mexicano la posibilidad de ser un participante activo y por lo tanto informado
en las decisiones que nos afectan a todos. El momento para hacer práctica
cotidiana nuestra incipiente democracia, se nos presenta ahora.
Difícilmente la volveremos a tener en cinco, diez o quince años.

Pero la urgencia está no sólo en la oportunidad que se nos va, está en el
peligro que nos queda. Porque existe un tercer tipo de cambio del que no
he hablado, que es muy dañino para cualquier nación, estoy hablando del
cambio que se anuncia con bombo y platillo y que en primera instancia
pareciera abrir la puerta a transformaciones profundas, pero que al final
termina siendo un acontecimiento tan espectacular como hueco. Estoy
hablando de la transición de membrete.

El dos de julio pasado vivimos un momento inédito, hicimos realidad un
evento largamente esperado: la alternancia, sacar de los Pinos a un partido
que se las había arreglado para permanecer allí por siete décadas. La
celebración tuvo su justificación, simboliza la oportunidad de transformar la
forma en la que se ha venido sucediendo el poder en nuestra patria.

Sin embargo, hacer realidad está aspiración ciudadana requiere mucho
más que un dos de julio, se necesitan reformas mucho más de fondo que
aumentar impuestos. Entre estas hay tres que son medulares: archivos
abiertos, reuniones a puertas abiertas y un sistema judicial abierto.

Así sea la información generada por el Legislativo, Ejecutivo o Judicial, en el
nivel municipal, estatal o federal, es patrimonio del ciudadano. Hay que
tumbar polvo y telarañas, ingresar al mundo de la transparencia y así, se
los aseguro, le daremos contenido a nuestra transición.

A un año de distancia, el peligro es que la oportunidad histórica del dos de
julio se quede en pirotecnia trivial, en una simple evolución de nombres y
colores de partido. La verdadera transición debe ir más allá, implica una
redefinición, no más servidores públicos que al no tener que informar y
rendir cuentas se convierten en amos. No más ciudadanos que al verse
imposibilitados de conocer y exigir se convierten en siervos. No deseamos
cambiar de amo, anhelamos no ser siervos.

Una democracia próspera sólo se podrá edificar en la medida que se
cimienten los pilares que la sustentan. Si nuestro estado de derecho es
débil, si al ciudadano se le esconden y manipulan los estados de la vida
pública, la justicia, la democracia y la prosperidad serán endebles.

Amigos industriales, siempre hay un día, una hora, un minuto, en el que
algún cambio silencioso puede cambiar nuestro mundo. Ya adquirimos
jubilosamente el derecho a votar, necesitamos adquirir ahora
silenciosamente el derecho a conocer. Muchas gracias.

http://www.coparmex.org.mx/contenidos/



CONFERENCIA (Nota Nueva)

Reflexiones sobre la profesionalización del periodismo*

Alejandro Junco de la Vega

En estas páginas se subrayan los desafíos que afrontan hoy la industria de
la información y las empresas periodísticas, especialmente en los países
menos desarrollados, en estos nuevos tiempos de libertad política y
económica y de globalización de los mercados. Especialmente, se hace
hincapié en la necesidad de mejorar y perfeccionar permanentemente los
métodos derecopilación, almacenamiento y distribución de la información.
En este contexto, asimismo, se sostiene que sería un grave error otorgar a
los egresados de las escuelas de periodismo el monopolio del ejercicio de
la profesión, pues esto iría en detrimento tanto de la sociedad en su
conjunto como de los programas de estudio de las escuelas de periodismo.

Soy egresado de una escuela de periodismo. Cuando comencé a trabajar
en el periódico El Norte, una de las principales tareas que me propuse fue
crear, precisamente, una Escuela de Periodismo dentro del periódico. Al
materializar este proyecto, en el verano de 1970, lo hice con la intención de
que la Escuela se convirtiera en el polo de desarrollo profesional para
alcanzar la excelencia en nuestro medio de comunicación.

Afortunadamente, hoy puedo mirar hacia atrás y decir con orgullo que dicho
objetivo se cumplió. Tal vez lo hice entonces motivado por mi juventud, por
quijotismo o por convicción, pero, sobre todo, por mi vocación de servicio y
por el interés legítimo de hacer negocios. Nuestros diarios, gracias a su
programa educativo, no sólo han llegado a ser mejores medios de
comunicación sino también negocios más prósperos. De manera que les
quiero hablar desde la perspectiva de un periodista que tiene tras de sí una
historia muy positiva que narrar en el tema de la profesionalización de los
medios de comunicación.

Durante mi visita a Chile he podido conocer algunos de los temas que
preocupan a los editores y he tenido la oportunidad, a la vez, de reunirme
con
el Presidente Patricio Aylwin, el Ministro Secretario General de Gobierno, el
presidente del Senado y la mesa directiva del Colegio de Periodistas. Me ha
alegrado constatar que todos, aunque con diferentes variantes,
estánconscientes de la necesidad de mejorar los flujos de información,
encalidad y cantidad.

Con todo, el más significativo de los diferentes temas tratados, a mi juicio,
dice relación con la profesionalización y dignificación del oficio del
periodismo, un noble objetivo que es compartido, estoy seguro, por todos
ustedes, y al cual me referiré más adelante. Primero haré una breve alusión
al contexto en el cual debe situarse hoy, en mi opinión, la problemática de la
información ydelperiodismo, a la luz de los desafíos de desarrollo
económico que afrontan nuestras sociedades latinoamericanas.

Libertad, información y desarrollo económico

La disolución de las repúblicas soviéticas ha marcado el fin de una era y el
comienzo de una nueva. Ha terminado la era del control y se ha iniciado la
de la libertad, donde el consumidor de bienes y productos de servicios
ocupa un lugar principal; donde las leyes de oferta y demanda asignan los
recursos en torno a aquellas cosas que la sociedad considera valiosas.

En mi opinión, quizás deformada por mi formación profesional, nuestros
países deben competir hoy con sociedades que han logrado avanzar
mucho,fundamentalmente en el desarrollo de sistemas de información y de
transmisión de conocimiento. Y esta es la razón, entre otras, de que ellas
sean máseficientes en la producción de bienes y servicios. En toda
sociedad, la calidad de la información es la que determina la calidad de su
decisiones.

La información es, en efecto, una herramienta fundamental de
competitividad: hacia adentro, para que los mercados internos operen en
forma mejor; hacia el exterior, para que se disponga de algo más que mano
de obra barata como ventaja comparativa. Cuando México exporta estaño a
mil trescientos pesos el kilogramo y éste regresa a los seis meses a treinta
mil dólares lalibra, empacado en forma de chips de computadora, la
diferencia en el valor entre un producto de importación y otro de exportación
estriba, simplemente, en el grado de conocimiento que posee ese producto.

Una de las principales metas que debe proponerse la industria de la
información es hacer, por consiguiente, que nuestros países no intenten
incorporarse a la economía mundial con las vendas en los ojos, con un
brazo amarrado a la espalda. Debemos constituirnos en un factor de apoyo,
a través del desarrollo de métodos ágiles de recopilación, almacenamiento,
recuperación y distribución de información, para que nuestros mercados
puedan competir en igualdad de condiciones en el exterior. Debemos
transformar nuestros países en sociedades ricas en información, donde
ésta sea, en el hecho, patrimonio de todos y no el privilegio de unos pocos.

En síntesis, en esta nueva era todos los actores del proceso económic
debieran pensar en términos de cuál puede ser su aporte particular. En
nuestro caso,debemos acrecentar la rapidez en la toma de decisiones de
los actores sociales, propiciando un mejor flujo informativo.

Dignificación real y dignificación espuria

Señalé antes que uno de los grandes temas de la industria de la
información es el de la dignificación de la labor periodística. He podido
advertir, sin embargo, que hay quienes piensan en Chile que se puede
avanzar hacia la dignificación del periodismo a través de la exigencia de un
título universitario para el ejercicio de la profesión. En mi opinión, la
"profesionalización" por esta vía (el monopolio) consütuye una forma
espuria y artificial de dignificar el periodismo. Fundo la afirmación en tres
elementos.

En primer término, la verdadera dignificación de un oficio se obtiene como
resultado de un saber efectivo; y no por decreto.

Las industrias de la información, como cualquiera otra, están sujetas a
premios y castigos, a consumidores que pueden con su plebiscito diario
decirnos siestamos o no satisfaciendo sus necesidades. Por consiguiente,
movidas por el interés legítimo de tener más credibilidad, mayor prestigio,
éstas gravitarán hacia aquellas áreas del conocimiento profesional que
más puedan aportar.

Y hay aquí, en efecto, un gran incentivo para contratar periodistas. Por
vocación, por entrenamiento, por desarrollo de sus habilidades, por
convicción, el periodista tiene algo que aportar, más allá del hecho de poder
exhibir o no untítulo de periodista otorgado por una universidad.

La segunda razón de por qué el camino de la limitación del ejercicio de la
profesión a quienes hayan estudiado periodismo en una universidad es
equivocado, dice relación con el hecho de que la actividad de la transmisión
de información y del conocimiento se basa cada día más en áreas
multidisciplinarias. Son muchos los campos del saber que pueden ayudar
a perfeccionar los sistemas de información escrito, radial o televisivo. A la
vez, lacomunicación de las distintas disciplinas a través del periodismo
permite una mejor comprensión de la realidad. En verdad, existe hoy una
grann necesidad de conocimientos precisos, no adjetivos, sino sustantivos.
En la redacción de nuestro diario, por ejemplo, hemos contratado
recientemente a un especialistaen ecología. Sabemos que dándole las
herramientas del lenguaje periodísticopuede hacer un importante aporte.

Sería un error dejarle la temática del periodismo a una sola profesión,
porque elperiodista, si bien no tiene capacidad para decir a la gente qué es
lo que debepensar sobre determinada materia, sí la tiene para fijar la
agenda, para decidir silo importante son los problemas de comercio
exterior o los ecológicos. Meparece injusto que la sociedad pueda ver
solamente en el espejo lo que filtrenalgunas personas que han sido
autorizadas como periodistas.

El campo del conocimiento humano es muy variado y debe ser visto por
múltiples ojos, que aporten a la vez múltiples puntos de vista.

Considero inconveniente la idea de la monopolización del ejercicio del
periodismo, en tercer lugar, porque eso le haría un gran daño a la profesión
en el largo plazo. Ello, porque de esa manera se le privaría al periodista y a
las escuelas de periodismo de hacer una introspección acerca de los
procesos de educación en los que se desenvuelven, de hacer un análisis
hacia adentro que les permita determinar qué cosas son de verdadero valor
hoy en día y qué cosasse deben adaptar en sus programas educativos. Es
necesario que las escuelasde periodismo reflejen aquellas cosas que van
a dar un valor agregado a lacomunidad.

Un punto que adiciono a este último argumento es si el ser titulado
comoperiodista puede brindar o no garantía absoluta de que se va a ejercer
laactividad con ética y profesionalismo. Si se considera que sí,entonces
debiéramos hacemos la siguiente pregunta: ¿quién garantiza la buena
formación de ese periodista?

Creo que todas las escuelas de periodismo que hay en este país están
facultadas para otorgar un diploma al periodista. Pero, ¿Cuáles son las que
tienen los mejores programas de capacitación y entrenamiento? ¿Cuáles
tienen la calidad educativa necesaria como para confiar en que sus
egresados hagan un buen uso del monopolio de la profesión? ¿Posee
alguna, acaso, la bolamágica de cristal que le permita saber cuál debe ser
el perfil perfecto delperiodista y cómo prepararlo para la sociedad futura?
Creo que falta mucho camino que correr en este sentido. No he encontrado
todavía escuelas que se especialicen, por ejemplo, en todo lo referente a
almacenar información de una manera recuperable; en cómo crear
sistemas de bases de datos que nospermitan transitar desde la guerra de
los adjetivos a la muestra de lo sustantivos, vicio que caracteriza
prácticamente a todos nuestros países en América Latina.

No he visto aún que se hagan los empeños necesarios para entender los
problemas que afronta la comunidad en muchos de sus retos al futuro.

Esa pobreza conceptual se va a solucionar únicamente cuando se permita
a las escuelas de periodismo afrontar las realidades del mercado y se
avance hacia una solución de largo plazo que verdaderamente dignifique al
periodista a través de una formación y entrenamiento que lo faculte para
crear cosas que sean de valor para el medio de difusión y, por tanto, para el
público lector.

Pienso que la necesidad que perciben algunos de limitar el ejercicio del
periodismo a quienes tengan el respectivo título universitario se relaciona
con la supuesta influencia excesiva que tienen algunos medios de difusión
sobre la comunidad, puesto que algunos de éstos han adquirido un
tamaño tal que impide que otros más pequeños tengan oportunidad de
competir.

Miremos este tema desde otra perspectiva.

Hay una industria de la información con la cual el ciudadano medio tiene un
contacto muy directo: los periódicos, los canales de televisión, las
estaciones de radio. Pero no debe cometerse el error de pensar que el
mundo gira en torno a esa industria de la información, cuando, en verdad, la
información ñuye enmúltiples formas, las que finalmente vienen a ser los
pilares que sustentannuestra labor de procesadores de la información.

El reto que tenemos hoy estriba en descubrir cómo mejorar los sustentos
de nuestra industria. Sólo así podremos establecer un campo de juego
más "nivelado", en el que participen todos los procesadores de
información, sea poniendo tinta en papel, enviando señales de
computadora en forma electromecánica o por ondas de radio, etc. En la
medida que exista un campo nivelado que dé igualdad de oportunidades a
las empresas de la información, vamos a tener diversidad de puntos de
vista.

También hay problemas relativos a lo que yo llamo la "infraestructura" en
que se desarrollan los medios de comunicación, los que se manifiestan de
muchas formas. En los países avanzados existe hoy día toda una
reglamentacióndestinada a hacer fluir la información desde los distintos
generadores, como en el caso norteamericano a través de los disclosures,
con fijación de términos, plazos, cantidades, calidades y costos. Esta fluidez
obligada tiene por objetivo impedir que la información sea el privilegio de
quien la genera en formamonopólica. Un ejemplo que cito con frecuencia al
respecto es la ley que obliga a la Suprema Corte de Justicia de los Estados
Unidos a difundir sus criterios jurisprudenciales. De esta manera, a través
de medios modernos, electromagnéticos, en diskettes de computadora,
esa jurisprudencia essometida a un proceso de indización y de
recuperación. En menos de 24 horas desde que la Corte emite un juicio, en
cualquier pequeño poblado de los Estados Unidos un abogado puede
hacer lo que en nuestros países le toma semanas de trabajo manual en
una biblioteca. Sin esa agilidad se retrasa la toma de decisiones de todos
los actores del proceso. Finalmente, el abogado mexicano o el chileno, a la
hora que debe competir con su contraparte de un país avanzado, está en
una situación de evidente desventaja. Este es sólo un ejemplo, pero se da
en otras áreas, como en el comercio, la educación, etc.

Feudos informativos

En nuestras sociedades hay una serie de feudos informativos, lo que se
traduce en que sólo ciertas empresas grandes, que poseen "derecho
depicaporte", pueden abrir puertas de ministerios, de tribunales, de jueces.
Y esasson, precisamente, las empresas que tienen ventajas sobre las
pequeñas y medianas.

Pero el problema no lo causan aquellas que son grandes; el problema está
en que a las chicas no se las promueve verdaderamente. En algunos
países se las apoya con dinero, con créditos, con tecnología, pero esos
métodos son formas falsas de respaldo. Las empresas pequeñas y
medianas necesitan que se les permita, en igualdad de términos, acceder
a la información; tal como hoy lasmás grandes, en virtud de su tamaño o de
su prestigio, tienen acceso a esa información.

Algunas autoridades del Gobierno chileno me manifestaron recientemente
queestaba en estudio un anteproyecto de ley de prensa. Temo que con ello
se estéintentando hacer calzar la realidad en un molde preestablecido.

Nuestros países, cuyos sistemas jurídicos son de origen napoleónico
(códigos positivistas), tienden a querer editar en forma milimétrica aquello
que a nivel mundial cambia en forma kilométrica. El desarrollo tecnológico
nos está llevando a lugares que no conocemos, y, sin embargo,
pretendemos ponerlos ahora en letras de molde con el fin de dilucidar de
antemano materias tales como, por ejemplo, qué va a ser más importante
¿el secreto profesional o la seguridad nacional?, ¿la vida privada o el
derecho de información? Pienso que este empeño conducirá finalmente a
una situación en que todo aquello va a sumar cero. Es decir, la ley no va a
proporcionar ninguna ventaja sobre lo que actualmente se tiene, y sí va a
poner en riesgo algunos conceptos importantes relativos a la libertad de
expresión.

Ha sido para mí motivo de gran satisfacción observar que en Chile la
propiaindustria de la información está adoptando medidas
autorreguladoras con el finde asegurar, por ejemplo, que el ejercicio de la
libertad vaya acompañado de una gran responsabilidad ética. En este
sentido, un botón de muestra muymeritorio es el Consejo de Ética que ha
establecido la Federación de Medios deComunicación de Chile.

Pienso, por consiguiente, que los esfuerzos deben dirigirse a resolver
losproblemas de la cantidad y calidad de información y del acceso a ella, y
no a controlar la prensa. Y en este respecto, como mencionaba antes,
puede avanzarse quizás a través de una reglamentación muy precisa, para
evitar que la información sea privilegio únicamente de los feudos que la
crean. Pienso que Chile está hoy en muy buen pie para que ello suceda.

La tarea más importante de hoy es ajustar nuestra acción a las exigencias
del mundo actual. Esto quiere decir que debemos afrontar los retos y hacer
uso de las ventajas que este mundo nuevo nos está ofreciendo, pues sólo
así nuestra industria, la de la información y del ejercicio del periodismo,
estará anclada en raíces firmes, y no en artificios, dádivas o componendas
legales.

ALEJANDRO JUNCO DE LA VEGA. Periodista. Ex presidente de la Sociedad
Interamericana de Prensa (1992-1993). Director de los diarios El Norte y El
Sol de Monterrey, México.

* Transcripción editada de la intervención del autor en el marco de la reunión
del Club de la Prensa, de la Asociación Nacional de la Prensa de Chile,
realizada en Santiago de Chile en noviembre de 1992.

Estudios Públicos, 53 (verano 1994)

http://www.cepchile.cl/dms/lang_1/doc_1207.html



AEJMC 2005 Convention Paper Abstracts (Nota Nueva)

August 10 to 13 - San Antonio, Texas

2005 AEJMC San Antonio Convention Keynote Speech

Alejandro Junco de la Vega of Reforma

Ladies and gentlemen, few activities could give me more pleasure than
exchanging thoughts about journalism. For that reason, and for her kind
introduction, I want to thank Mary Alice Shaver for the opportunity to address
this most important group of educators.

In my impossibly biased view, you do...God's work.

But before we get into discussions and take ourselves some miles up into
the sky to get the broad view of journalism, I think it might be useful to
remind ourselves how it can feel when you're hard at work in the trenches.

They say that a journalist is a machine that converts coffee into copy.

There is a good deal of truth in that. In that vein, I'd like to share a passage
from a novel, the Arizona Kiss, by Ray Ring. He writes:

I can tell you what it's like to work for a newspaper. Imagine a combine, one
of those huge threshing machines that eat up a row of wheat like nothing,
bearing down on you. You're running in front of it, all day long, day in and day
out, just inches in front of the maw, where steel blades are whirring and
clacking and waiting for you to get tired or make one slip.

The only way to keep the combine off you is to throw it something else to rip
apart and digest.

What you feed it is stories. Words and photos. Ten inches of this, fifteen
inches of that, a vertical shot here and a horizontal there, scraps of news and
film that go into the maw where they are processed and dumped onto some
page to fill spaces around the ads.

Each story buys you a little time, barely enough to slap together the next
story, and the next and the next. You never get far ahead, you never take a
breather, all you do is live on the hustle.

Always in a rush, always on deadline, you keep scrambling to feed the
combine. That's what it's like.

The only way to break free is with a big story, one you can ride for a while and
tear off in pieces so big, the combine has to strain to choke them down. That
buys you a little time. But sooner or later the combine will come chopping
after you again, and you better be ready to feed it all over again.

If you had to describe the experience of work in the 21st century-in one
word-I think that for a great many people that word would be "pressure".

As the passage I've just read suggests, pressure can leave you with
precious little time to ask yourself the larger questions:

Is this the right story to run?
Am I asking the most important questions?
Is it framed correctly?
Is it conducive to our community's development?
Is what I am doing ethically sound?

If the reporter and editor have too little time to stop and ask him or herself
such questions, do we have a problem?

I believe we do.

Consider the scandals of fabricated or inadequately investigated stories.
Things, it seems, are not exactly as they ought to be.

When ambitious young journalists fabricate stories to make their name, is
that an aberration or the sign of a profession with a problem? Are values
being corroded by ambition? Are fame-seeking reporters undermining the
integrity of our media?

Are they feeling the pressure of the so-called pajamahadeen-that army of
fact-stomping and intensely partisan bloggers? Do they worry that they will
be swamped by a sea of alternative media and other growing sources of
information? And is that leading them to errors of judgment?

Could some colleagues be "adjusting" the rules to get the break they're
after?

I ask this because I acutely appreciate what it means to have a
compromised system of journalism. In my country, we have seen what
happens when reporters have no ethical compass, no overriding sense of
purpose of direction, and no commitment to practicing journalism for any
purpose other than to earn a few pesos.

A generation ago, ethics and integrity were all but foreign concepts to
journalism in Mexico. Today, we live in better times.

A generation ago, there was no freedom of the press in my country. Today, it
is flourishing.

A generation ago, people had no faith in the words they read because they
knew those words might have arrived there through bribe, through patronage
or coercion. Today, readers can turn to us, trusting we will tell them the truth.

A generation ago, our democracy was strangled because our media had no
voice. Today, that voice is louder and stronger, and democracy is coming to
life.

A generation ago, ethics played little part in our journalism. Today, to us, they
could not matter more.

In one generation, a corrupt system was transformed into an honorable one.

Journalism, I learned as a student in America, can be a potent force for good
and a potent force for change. But it can only be a force for good, and a force
for change, if you have the right people giving reporters the right guidance at
the right time and in the right way.

Without the right people offering guidance, all you have is that huge
threshing machine saying "give me more, give me more," and reporters
feeding the machine.

In our newspapers, the guidance is strong, and it comes-not just from
publishers or editors-but from a very unusual place.

Let me explain what it is and how this has come about.

A generation ago, I went to the United States to study journalism. I took what
I had learned back home and set about applying those techniques in our
family's own newspaper in Monterrey.

We rewrote all the rules:

We made a point of recruiting only young, idealistic and inexperienced
reporters, who would listen and learn about journalism and ethics, about
what was expected in their working relationship with their news sources,
and about their first concern being the reader's interest.

For the first time in a Mexican newspaper, reporters were paid wages equal
to those of other professional fields.

We threw out the system of news people reporting AND selling
advertisements at the same time to the same source.

We banned bribes and gifts, which were traditionally accepted, and even
expected, by Mexican reporters and editors.

Naturally, high-level officials in government and business were unhappy...as
was anyone used to having things reported their way.

But our readers recognized the honesty and the difference; they became our
allies in this crusade. And we, in turn, invited them to play a bigger role than
readers are usually asked to play.We asked them to come and scrutinize our
internal editorial processes. We asked them to sit on our editorial councils
and give us guidance.

Our competitors were amused to see us place our fate in the hands of
citizens of the community.

"It won't work," they said.

"It can't be done," they said.

"You can't put this in the hands of amateurs."

But it could indeed be done, and it has worked, undeniably. Why? Because
in a democracy there is no such thing as an "amateur." If an issue matters to
you, then it is-by that very fact-an issue to be explored, reported and debated.

Democracy is based on the conviction that there are extraordinary
possibilities in ordinary people.

Each year, we inaugurate a new set of councils, and for the ensuing year, the
members of those councils play a critical role in our papers. They determine
the stories we run, the questions we ask, and the direction we follow.

They are our compass, and they are our conscience. As a means of
maintaining ethical standards, I have seen few systems that have as strong
an effect. Why? Because our business is laid bare. We share everything.

And, watching everything, the boards have their say. Their influence is deep.

But that influence is not confined to our papers. Indirectly, these councils are
also influencing the direction of a nascent democracy: They don't tell citizens
what to think, they tell them what they ought to think about.

After all, how do you make change? First, you set the agenda. You raise the
questions. You alert people to a problem. And then you offer them a potential
solution--another way of doing things, a better way.

This has been our journalistic paradigm-day in and day out-for 15 years now.

It is the editorial councils who have had a large influence on the questions
we have raised, the problems we have publicized, and the potential
solutions we have explored.

There is a lot of weighing and balancing to be done:
Do we raise this question, or do we raise that one?
Do we focus on this problem or pay more attention to that one?
What solutions do we offer? What interpretations are there?

The editorial council members have tackled these issues from the many
perspectives they bring, and they have tackled them with the earnestness of
people who understand how much is at stake.

They have grasped, keenly, that journalism owes more to its readers than
simply being ethical. We have to be asking not just any question, but the
right question. We have to fill our pages not just with topics, but with the right
topics.

When you are spoilt for choice, if you're not careful, you can end up with
nothing more than spoilage. We have so very many sources of information
nowadays--it is a cacophony! With so much noise bombarding our
communities, how are people to distinguish valuable signals from
meaningless noise?

The editorial council members know that they have come to speak for the
community. They know its members have many needs and hopes. They
understand those needs and hopes because they represent those very
people.

They know that the more our country develops and grows, the more
complicated the choices will become. And they know that journalism can
help people make those choices.

They know these options are not academic or theoretical. That they will
determine whether our children will lead happier, safer and more
prosperous lives. They know that you can fail people not only by your ethical
failure, but also by your failure to ask the right questions and report the right
stories.

With all that in mind, they watch, they listen, and they offer their views.

And day by day, issue by issue, they keep us on the right path so that our
editors and reporters avoid the temptation of playing the game of the modern
tech newcomers to publishing.

They maintain a kind of safety rail. We are far less likely to go over the rail
and run inaccurate stories with those boards maintaining a watchful eye.

The value of that safety rail is incalculable. It protects the very reason behind
our success and the principal source of our institution's future value.

I can't stress enough how significant a part of our operation these councils
are, and perhaps it might help to demonstrate that by describing the sheer
scale of the system.

Our newspapers are broadsheet, with several sections. Each newspaper
section has an editor, each editor has an editorial council, and each of those
boards is made up of 12 community leaders. Every single one of them
comes from outside the paper.

And each week, each of those councils of 12 meets with each one of the 62
section editors. On top of that, we have thematic editorial councils in the
subjects of Energy, Rule of Law, Education, Agriculture, Tourism,
Transportation and Piracy.

So what does that give us altogether?

Seventy editorial councils, each made of up 12 community leaders. In other
words, 840 specialized ombudsmen across the country speaking for its
citizens. Almost 13,000 people in the span of 15 years.

The results of this deep engagement with the community have been quite
remarkable.

Three years ago, Professor Manuel Chavez brought a team of researchers
from Michigan State University and studied our editorial council process at
length. He concluded that we had something unique-a new paradigm of
community participation.

He found that although there is a comparison that you can draw with the
American practice of "public journalism", that comparison could only take
you so far. In that model, the newspaper sets the agenda. In our model, it is
the public, through the editorial councils, who are at the steering wheel.

That makes a crucial difference.

It's a vital distinction, because the power is truly in the hands of our readers.
That is empowering not only for our public, but paradoxically, for us on the
newspaper as well; we become strong by being vulnerable...by being open.

With so much alternative information out there, we believe that the relative
value of credibility is going up, not down. So we need to be different, not
similar, to the competition we are under attack from.

But what other options are there? We all know the concept of the
ombudsman. In conventional wisdom, that person is the representative of
the people in the media. In our editorial councils, we go a crucial step
further. We don't just have a representative of the people-we have the people
themselves.

And not just any people or even average people, but tough-to-please
educated people, the leaders, the decision makers. And to engage with
them, our paradigm is simple: we share everything. We show the board
members what is happening and seek their input and their appraisal.

Our papers have become champions of openness, and I believe that
openness will prove to be a very big story when historians come to write
about the 21st century.

Openness, as I see it, is fueled by the point of view that you should make the
most information available to the greatest number of people.

This is, after all, the Information Age, and whatever we can do to make
information available must surely be a contribution to economic progress.

In Mexico, where development matters so very much, our journalism offers
the possibility of progress.

Our boards have a deep and abiding interest in this. They gladly help us
search for new ways to help the community develop. They eagerly help us to
frame the right agenda for our readers.

They are enthusiastic to explore the important questions:
How do we bring value to the community?
What best practices are out there that can be applied here?
How can we help put them to work for our country?
How can we contribute to becoming a productive nation?
What are the obstacles that impede us on the road to becoming an efficient
economy and a viable political entity?

This is no idle intellectual indulgence. This is raw and vital stuff.

When they ask these questions, they are thinking of the boy, barely a
teenager, who smuggles himself across the U.S. border lashed to the
underside of a truck.

When they ask these questions, they are thinking of the child abducted from
a busy street in broad daylight and held for ransom.

When they ask these questions, they are thinking of the drug lords who
laugh at the law enforcement bodies that never bring them to justice.

When they ask these questions, they are thinking of the children who go
hungry each night. Of the contrast between life in their own country and that
north of the Rio Grande.

When I talk about the change we have seen in a generation, you might
imagine that Mexico has catapulted itself into a new age of happiness and
prosperity. But that is not so. We are still searching for answers.

We are still grappling with the reasons why the stream of migration
northwards is unending.

We are still making sense of the tangle of bureaucracy and the legacy of
generations of corruption and petty tyranny.

But where once we were a dispirited nation, there are now many of us who
feel a new sense of purpose and possibility. If you could sit with the
members of the editorial councils, you would feel some of that spirit.

When you are part of a common enterprise that you all believe in, when you
are motivated in your work by some larger purpose, you are less likely to
compromise your ethics in any way that will compromise the common cause.

Perhaps you've heard about the young man who applied one day for a job as
an usher in a theater. The owner asked him: "If there was a fire, what would
you do?" The young man said: "Oh, don't worry about me. I'm fit. I could get
out very fast."

I think of that story when I read about journalists breaking the rules to help
their career. More often than not, you fail when you put yourself first.

I would like to think that in our enterprise, we don't have journalists
preoccupied with gathering their own glory. I don't believe that is because we
have better people, but I do believe that the system we have brings out the
very best in them. That makes me proud of them, it makes me proud of the
system we have, and it fills me with hope.

We live in a world where there is plenty to discourage us, but I have seen
enough of the capacity of human beings to make each new day...better; to
convince me...that there is always hope.

Some might say that our role as journalists is only to report. But "publish and
shrug your shoulders" seems to me a dismal a creed.

I take a more hopeful view. How could I not?

I have watch our editorial councils help to frame the questions and the
direction of our reporting. I have watched them reprove our reporters when
they appear to be taking a wrong step, and I have seen many good things
happening when they productively frame the agenda.

This is a more substantial step along from the so-called "citizen journalism"
that has manifested itself in recent times.

The "See It, Shoot It, Send It" technique ABC has recently adopted, for
example, which encourages citizens who should happen upon an event-the
more sensational the better, no doubt-to pull out their picture-capable cell
phone, record the event, and rush it wirelessly to the TV station, is
incomplete.

It's all well and good to encourage your citizens to become your eyes and
ears, but let's not forget, those citizens have a mind as well. Getting their
audiences' observations is one thing. Getting their thoughts in an organized
and stimulating process is far richer and more potent.

If you as an editor are willing to line your thinking and your paradigms up
against the community's best and brightest, the insights you gain will
inevitably be rewarding. You'll be a wiser, more informed editor.

You'll improve the opportunity of framing the information agenda,
conductively. And this is key.

In our papers, we used to think in terms of visions of development. We no
longer do that. More and more, we find ourselves analyzing our community's
challenges, as a team-with community leaders-in terms of what has worked
in other parts of the world.

We make comparisons. We ask: Who in the world is doing best in this or
that field, what have they done to become champions, and how can we learn
from this?

In other words, we do not merely inform about a taxi strike. We present
information that can help the community determine how can we have a more
efficient transportation system. For example...(Anecdote)

This is undeniably journalism with an agenda. We pursue that agenda
because we believe we have a crucial role to play in our country's economic
and political development.

By enabling community participation, by opening up our internal processes
to the acid test of critical and educated minds, we also enable the
community to function as a protector of ethics.

By guiding our reporters and holding them to account, the community acts
as a protector of a journalism that acts for the good of the people, which in
turn functions as a guardian of our democracy.

These are not idle thoughts or indulgences. We are very conscious that
democracy, in countries as far away as Iraq, as close as Mexico, is a tender
and vulnerable process. It is no more than a flickering flame, and we must
do all we possibly can to protect and nurture it.

As a journalism student, I learned a great deal about the value of freedom of
information, and its role in protecting democracy. I learned the importance of
being able to bring to light the details of something-that someone,
somewhere-does not want you to know.

And I learned that a dedicated educator-in our case, Professor Mary Gardner,
a longtime member and former president of AEJ, who came to Mexico each
summer for more than two decades to instill these ideals in our young
reporters-could have, through a classroom, a colossal influence on the
direction of our newspaper, on our profession and on the democratization
process of our nation.

That is the function you perform as educators, and it is far from slight. It is, if
you carry it out effectively, pivotal to a community's future.

It is also an evolving function, which needs to be open to new approaches.

I have spoken today about "framing the discussion" and working to an
agenda. That might sound to be at odds with one of the most cherished of
journalistic standards: objectivity.

Indeed, in the age of the opinionated blogger, you might argue that our
objectivity marks out our journalistic professionalism as a significant point of
difference-and a superior one at that.

I do not believe that it is impossible to work to an agenda of growth and the
creation of value while also retaining our objectivity. Democracy prizes
objectivity. It also prizes relevant information and the right to make an
informed choice.

We live in a frenzied age, where the risk of information overload is
ever-present. One wit once said that trying to determine what is going on in
the world by reading newspapers is like trying to tell the time by watching the
second hand of a clock. Now it is five, now it is six, now seven...

In a sense, that captures more of the essence of modern information
overload than it does of the intrinsic nature of journalism. Our profession can
in fact be a valuable tool for making sense of a confusing world. It can be an
agent for change, for growth, for reform, and most of all for understanding.

In Mexico, we also know that it can be the vital instrument that protects our
democratic freedoms. No matter how imperfect things are, as long as there
is a free press, everything is correctable. Without it, everything is concealable.

Let us make the most of these discussions by dedicating ourselves to
making a world that is correctable, and where concealment is just a
regrettable memory of the past. And let us dedicate ourselves to achieving
that by providing lifelong education about all these ideas to everyone who
can benefit from them.

A recent article in The Economist mentioned this proverb:

"If you want one year of prosperity, grow grain.
If you want ten years of prosperity, grow trees.
If you want 100 years of prosperity, grow PEOPLE."

When you think about it, of all God's work, growing people must surely be the
most important of all.

I cannot commend you enough for putting your talents and your skills and
your passion to the vocation you have chosen: growing people. Your work
can indeed bring forth a hundred years of prosperity.

But more than that, it can bring forth hope. It can bring forth truth. And, it can
bring forth wisdom.

I salute you for that.