

Esta novela, original de Caridad Bravo Adams, está ambientada
en el Caribe, específicamente en las colonias francesas; la
adaptación mexicana de 1993 está ambientada en la costa
atlántica de México y a esta nos referiremos en adelante por ser la
más conocida mundialmente.
Francisco Alcázar es un hombre rico e importante, que posee una
hacienda de caña de azúcar, casado con una mujer severa y sin
compasión, Sofía, con quien tiene un hijo, Andrés Alcázar y Valle,
perpetuamente consentido por su madre. Francisco había tenido
una aventura con una mujer casada que era maltratada por su
marido antes de casarse con Sofía. La mujer quedó embarazada
y murió cuando el niño tenía tres años. El muchacho, hijo
ilegítimo, es, en realidad, su primogénito. Cuando esta mujer
queda embarazada, su marido rehúsa a dejarla marchar, no
permite que Francisco sepa que el niño es suyo y tampoco lo
reconoce él. Así que el niño, llamado Juan, crece conocido como
Juan del Diablo, por no tener apellido.
La madre de Juan finalmente muere de la vergüenza y de los
malos tratos que había recibido de su marido y el muchacho fue
criado sin amor ni educación, en la pobreza y desatendido.
Siendo adolescente, el marido de su madre muere y entonces
Francisco Alcázar, que acaba de saber de la existencia de ese
hijo, ocultando tal hecho, le invita a vivir en su hacienda con su
familia, con el pretexto de que fuera un compañero de juegos
para su hijo Andrés. Sofía descubre le verdad e intenta echar a
Juan, a lo que Francisco se opone. Finalmente Francisco tiene un
accidente mientras monta a caballo justo antes de reconocer
legalmente a Juan como su hijo, como tenía planeado. Francisco,
sin embargo, ha dejado una carta con sus intenciones dirigida a
su amigo (y abogado) el licenciado Noel Mancera. Sofía intercepta
la carta y la esconde. En su lecho de muerte, Francisco manda
llamar a su hijo Andrés, y, aunque no dice la verdad, le pide que
cuide de Juan como haría un hermano. Tras su muerte, Sofía
echa a Juan sin decirle nada a Andrés, que echa mucho de
menos a Juan.
Quince años después Juan ya es un hombre que vive entre los
marineros y los piratas del puerto, ganándose una dudosa
reputación por sus negocios sucios de contrabando, por ganar
sus peleas y por ser amable y justo con sus hombres, que le
recompensan con una lealtad sin límite. También es un
mujeriego, pero nadie le ha robado el corazón. Sabe quién era su
padre, porque el licenciado Mancera se lo dice (es su mejor
amigo y el que le da algo de educación). Mancera le ofrece su
apellido, pero él rehúsa porque no lo necesita para sus negocios.
Por otra parte, Mónica y Aimeé son las dos adorables jóvenes
hijas del fallecido Conde de Altamira. Solían ser muy respetadas
en la alta sociedad, pero la familia De Altamira está en la
bancarrota, sus únicas posesiones son su apellido, su belleza y
la larga promesa del futuro matrimonio entre la mayor, Mónica, y
Andrés. Desafortunadamente, Mónica, que es reservada y
extremadamente prudente, no escribe a Andrés, que ha olvidado
su compromiso y, cuando está en la ciudad de México, conoce a
la hermana de Mónica, Aimeé. Aimeé es bonita, pero coqueta y
egoísta. Muestra interés en Andrés, que, más que
probablemente, es rico y tiene influencia y poder. Andrés se
enamora completamente de Aimeé, hecho que le cuenta a su
madre cuando esta va a visitarle. Sofía regresa a casa para
informar a Catalina, su prima y madre de Mónica y Aimeé, de los
sentimientos de su hijo. Cuando Catalina se entera del rechazo
hacia su hija, queda consternada, sabiendo que eso puede
significar la ruina de su familia. Cuando se entera de que Andrés
ama a Aimeé, se horroriza ante el pensamiento de cómo se le va
a partir el corazón a Mónica, pero acepta el nuevo compromiso.
Cuando Mónica descubre los sentimientos de Andrés, queda
destrozada: ese es el matrimonio con el que siempre ha soñado,
para el que fue educada y se había enamorado de Andrés. Cae
enferma, pero, tras recuperarse, decide entrar en el convento
local y tomar los hábitos. Les cuenta a todos que se siente
aliviada de que Andrés rompiera su compromiso y finge que
siempre había tenido vocación religiosa.
Por entonces Aimeé regresa con su madre. Un día, mientras
pasea por la playa, descubre y espía a un hombre que se está
dando un baño en una casa de la playa. Se trata de Juan del
Diablo, aunque Aimeé no le conoce, ni su pasado, ni sabe que es
hijo de don Francisco de Alcázar y Valle. Le observa desde la
distancia, pero Juan la ve. En los días sucesivos, Aimeé regresa
varias veces a espiar a Juan. Él decide encararse con ella y la
atrapa mientras ella está escondida esperándole. Pronto tienen
un romance y se enamoran.


