

Mónica, destrozada por el dolor y de luto, cree como todos que
Juan y su hermana han muerto, pero unos días más tarde, por
unas palabras de Azucena, descubre que Juan puede estar vivo y
decide vender la casa y el barco para hacerle volver. Finalmente
alquila la casa al nuevo juez, regresando a casa de su madre, y le
da los papeles del barco a Andrés para que lo venda. Este lo
compra para desquitarse y Bautista, su capataz, lo hunde.
Mientras Juan se recupera en la cabaña de Tehua, en vez de a
Mónica encuentra a Aimée, que como ya está embarazada,
pretende engañar a Juan para que crea que el hijo es suyo y no
de Andrés, pero es ella la engañada y Juan va a ver a Mónica.
Mónica, que no cabe en sí de gozo al ver a Juan, le cuida la
herida, le hace descansar y le propone escapar juntos,pero Juan,
pese a que lo que más desearía en el mundo es no tener que
separarse más de ella, se niega, pues no quiere huir toda la vida,
ni de la justicia, porque es inocente, ni de Andrés, que ahora cree
que se escapó con su mujer y querrá vengarse. Cuando Juan
reaparece en misa delante de todo el pueblo, Andrés lo reta a un
duelo y cuando este se produce, Andrés está tan borracho que
falla dos veces, pero Juan le perdona la vida hiríendole en una
mano y más que nunca en el orgullo.
Como ya se sabe que Juan y Aimée no han muerto, se arregla
que Aimée fue llevada a la fuerza por los hombres de Juan para
que esta pueda volver con Andrés, pero aún queda pendiente la
muerte de Espíndola y Juan, como el Tuerto lo mató para salvarle
la vida, no puede menos que echarse la culpa y alegar defensa
propia. Como Mónica le dice que no podría soportar volver a verlo
preso y menos para proteger a otro, Juan decide que lo mejor
será apartarla de él mientras no se demuestra su inocencia, se
esconde en un cortijo abandonado y, cuando Mónica va a
buscarle para decirle que no pudo recuperar el barco y que este
se hundió, él le miente y le hace creer que el barco era más
importante que ella, encontrando así la excusa para hacer que
ella se aleje de él.
Entretanto, Andrés se ha enterado de que Aimée fue la amante de
Juan y sólo la mantiene en la casa porque espera un hijo, pero
Aimée sufre un aborto y, para ocultarlo, decide salir a caballo y
fingir una caída. Bautista, para vengar a sus amos, esconde una
piedra bajo la silla y, mientras Aimée galopa, se encuentra con
Mónica, viene de hablar con Juan sobre el barco, el caballo se
encabrita, Mónica cree que por su culpa, y Aimée cae sobre unas
rocas. Gravemente herida, la llevan a su casa, donde muere, no
sin antes, aprovechando el sentimiento de culpa de su hermana,
le hace prometer que nunca regresará con Juan.
Andrés,despechado y sobre todo viudo, decide que se equivocó,
que debió casarse con Mónica, y que para conseguirlo sólo tiene
que quitarle el apellido a Juan. De ese modo el matrimonio
quedaría invalidado, puesto que Juan Alcázar y Valle dejaría de
existir.
Por otra parte, Juan debe entregarse hasta que se aclaren todos
sus asuntos con la justicia. Aprovechando esta circunstancia y
destrozada por la muerte de su hija Aimée, doña Catalina vende
su casa a Juan, sin que Mónica sepa que él la compra, para que
no tenga dónde ir y obligarla a ir con ella a la capital a casa de su
tía Amalia.
Cuando Juan sale de la cárcel tres meses después, va a la
capital a buscar a su esposa, pero encuentra la prima de esta
que le dice que Mónica no quiere verle. Desolado, regresa a San
Pedro mientras es Andrés el que sí la visita.
Doña Catalina ve con buenos ojos que Andrés quiera casarse
con Mónica y trata de convencerla para que acepte, por lo que
regresan a San Pedro, donde, paseando por el mercado con
Andrés y su prima Dolores, se reencuentra con Juan, que quiere
hablar con ella y explicárselo todo, pero ella no se siente con
fuerzas para seguir sufriendo y declina hablar con él. Por eso
Juan se cuela de noche en casa de Andrés, en el cuarto donde
Mónica duerme con su prima, dispuesto a obligarla a escucharle
aunque ella le suplica que se vaya. Salen al salón y allí los
sorprenden Andrés y Bautista. Empieza un rifirrafe entre los
hermanos y Bautista dispara a Juan para proteger a Andrés, pero
Mónica se interpone y es herida en un brazo.
Decidida a no soportar más que los dos hermanos la tomen
como moneda de cambio, se alquila un cuarto y se va a vivir sola,
pese a la oposición de todos.
Por otra parte, como doña Sofía no quiere que su hijo se case con
Mónica, pues culpa a su prima Catalina y a sus hijas de todas
sus desgracias, conspira para que Mónica regrese con Juan.
Sale a la luz de nuevo la carta que escribió Francisco
reconociendo a Juan, que está en poder de Guadalupe Cagiga
pues, sin que este se diera cuenta (le dejó el sobre), se la robó a
Bautista, que a su vez se la había robado a doña Sofía. Así que
Sofía y Alberto urden un plan para atacar a Bautista y robarle la
carta que creen que aún tiene, pero Juan piensa en lo mismo, y,
aunque este sabe que sólo encontrará el sobre, piensa que le
será suficiente para demostrar la existencia de la carta ante el
juez Romero Vargas. Cuando Bautista es apaleado y registrado
por los mercenarios de Alberto, el sobre no aparece, lo que
disgusta mucho a Sofía, porque lo escondió en el sombrero. Juan
cree que se les han adelantado, pero el Tuerto se queda con el
sombrero donde casualmente termina por aparecer el sobre.
Una noche Andrés, borracho y deseoso de venganza, se presenta
en el cuarto de Mónica y trata de hacerla suya por la fuerza
diciendo que si Juan tuvo a Aimée, él también tiene derecho a
tener a Mónica, pero las súplicas de ella le hacen ver lo que está
a punto de hacer y se marcha. Ella no lo cuenta, pues teme que
esta vez Juan mate a Andrés.
Juan sigue insistiendo en que Mónica aún le quiere como él a
ella y la visita de noche en su cuarto. La casera se queja de que
no es decente que a Mónica la visiten hombres a deshoras en
estado inapropiado. Andrés se regodea ante Juan y miente,
diciendo que la hizo suya. Pero Juan, que ha recuperado su
apellido gracias a la carta y al juez Romero Vargas, va a buscar a
Mónica y se la lleva a casa, la que fue de doña Catalina.
Juan se entera de que Mónica está esperando un hijo, pero dice
que no le importa si es de Andrés. Al oír esto,la pobre Mónica se
desmaya de la impresión, porque Juan se ha enterado y haya
podido creer a Andrés.
Finalmente, Andrés manda llamar a Juan a su casa y mientras
están los dos allí, se produce un terremoto que derrumba la casa
sobre sus cabezas. Andrés queda atrapado bajo los escombros y
Juan, conmovido, le salva la vida, pese a todo, antes de regresar
corriendo a su casa en ruinas para encontrar que Mónica ha
desaparecido. Desesperado, la busca sin descanso durante dos
días entre los heridos y los muertos, hasta que finalmente
aparece en casa de Tehua. Va camino de allí cuando lo
emboscan en el risco Bautista y sus hombres para matarlo, pero
salta al agua, donde Bautista lo da por muerto, y Mónica, que lo
ha visto, salta tras él y al fin se reencuentran.
Andrés, herido por el terremoto, consciente de que Juan le salvó
la vida a pesar de todo, por fin recapacita: hace saber a su madre
que que no quiere volver a saber de ella porque con sus intrigas
no ha conseguido más que destrozarle la vida y, colérico, echa a
patadas a Bautista cuando este se presenta diciendo que ha
matado a Juan.
Cuando sabe que Juan está en su casa, Andrés se presenta allí
para aclarar que nunca llegó a abusar de Mónica, pedir perdón
por todo y despedirse de su hermano.
Por fin, Juan y Mónica pueden vivir felices y comer perdices.



