
Llevar al escenario una serie infantil como LazyTown, con actores,
director y equipo técnico argentinos, planteaba varios desafíos.
Por un lado, la consabida sinceridad de los pequeños
espectadores ante el hecho teatral hacía temer una eventual
desaprobación de su parte si los personajes, la acción o la
historia a narrar no estaban a la altura del popular programa que
emite la señal de cable Discovery Kids
Cabía la posibilidad, por otro lado, de que el producto final no
satisficiera al creador de LazyTown y propietario de los derechos-,
el atleta islandés Magnus Scheving (el Sportacus original). Pero
ese riesgo se evitó haciéndolo partícipe del entrenamiento de los
actores.
De tal modo que, atendiendo casi todos los flancos en riesgo, y
luego de una minuciosa elección del elenco, se dió a conocer la
primera versión teatral del programa en todo el mundo (sin contar
las dos que se hicieron en el país de origen). Los resultados, a la
vista, son altamente positivos.
El espectáculo logra transmitir toda la energía y el dinamismo
que caracterizan a la serie, además del candor de ciertos
personajes y un mensaje en favor de la buena alimentación y el
ejercicio físico, y de valores como la amistad, el esfuerzo y el
respeto.El peso de la historia (que compendia dos de los
capítulos que rotan actualmente en la pantalla local) recae sobre
tres personajes: el paladín Sportacus, el movediza Stephanie y el
malvado Robbie Rotten.
Es sobre esos pilares que el director construyó su puesta, con el
agregado de una serie de figuras secundarias (Stingy, Ziggy,
Pixel) que en la versión televisiva son muñecos y aquí adquieren
un perfil más humano.
Las caracterizaciones y máscaras son, en todos los casos, de
una calidad encomiable, lo mismo que la realización
escenográfica, que alterna la plaza de LazyTown (que significa,
justamente, ciudad perezosa) con el laboratorio del patético
Robbie. Luces, sonido y efectos especiales, junto con la activa
coreografía (repuesta por Alejandro Lavallén), aportan lo suyo al
atrayente resultado.
Pero es el desempeño del trío protagónico lo que concita
especial atención. Sportacus, el gimnasta amante de las
manzanas (los dulces sanos, como las llama), es interpretado
por Joel Ledesma, que si bien ya había participado de otras
obras (2º piso ascensor, y más) se revela aquí como un
magnífico histrión, capaz de encarar roles de gran demanda
física, como la que le impone este personaje.
La encantadora niña de los cabellos rosados y el siniestro
Robbie (de cuyos intérpretes no pueden citarse los nombres
porque no se aclaran en el programa de mano) cumplen también
actuaciones más que interesantes.

