Los Polivoces fueron uno de los íconos de la comedia
mexicana durante finales de la década de los años 60
principios de la década de los años 70. Estaba
compuesto por Enrique Cuenca Márquez (Nacido en
Ciudad de México el 2 de Octubre de 1940 y fallecido
el 29 de Diciembre de 2000) y Eduardo Manzano
(Nacido el 18 de julio de 1938 en Ciudad de México).
Cuenca, en colaboración con el guionista Mauricio
Kleiff escribió la mayor parte del material clásico de
los Polivoces.

Su nombre refleja una de las cualidades
características de los comediantes, la cual era la de
crear diversos personajes e imitar celebridades
(prefijo griego poli=muchas/voces).

Manzano, ingeniero de carrera conoció a Cuenca en
1959 en un concurso para imitadores del canal 4. La
pareja de artistas incursionó en el cine y la televisión,
filmando 19 películas así como un programa televisivo
continuo en cadena nacional de 1969 a 1975. Parte



















de su obra fue filmada en blanco y negro y el resto
fue presentada a color. Tras la disolución del equipo
en los años 70, ambos miembros continuaron su
carrera por separado. Eduardo Manzano realizó de
1979 a 1984 El show de Eduardo II (donde descubrió
a Luis de Alba). Tras realizar durante un año la
emisión La vida en risa poco se supo de él, en el
2004, actuó en el film Club eutanasia .

Entre los personajes creados en mancuerna fueron:

El Policía y varios convictos.( La policia siempre en
Vigilia )
Chano y Chon.
Los hermanos lelos
Mostachón y Guachangüer (éste castellanización de
Wash&Wear)
Andobas y Don Teófilito
Juan Garrison y Agallón Mafafas ( el zorro del desierto
de los leones ).
Gordolfo Gelatino y su mam&#xE1 doña Naborita
Gelatino
El Zopilote Vengador y don Chupe
Acelerino y su papá Pacifino
Entre su filmografía se encuentra:

¡Ahí madre!
Entre Pobretones y Ricachones
El Aviso Inoportuno
Somos del otro Laredo
¡Hijazo de Mi Vidaza!
Obtenido de


Los humoristas deben evitar la vulgaridad en sus
chistes, dice El Polivoz


La gracia de un cómico se termina con su muerte:
Enrique Cuenca

El trabajo que desempeñó con Eduardo Manzano
siempre lo hizo de manera digna, explica

Angel Vargas y Mónica Mateos n Llegaron a la
televisión cuando aún era mozuela. Y, por supuesto,
se la llevaron al río, para hacer de ella una gran
señora en el terreno de la comicidad. Comenzaban
los sesenta. Plenos de juventud e ingenio, Enrique
Cuenca y Eduardo Manzano metamorfosearon sus
cuerpos y voces para "instituir" una nueva forma de
humor: el sketch basado en sus propias
caracterizaciones.

Los Polivoces irrumpieron en la pantalla chica
comandando una tropa de entrañables personajes
que sobrevivieron más allá de los 15 años que duró al
aire su show (1960-1975). Por eso, no se puede
hablar de ellos en pasado. Son clásicos. La sola
evocación de su nombre provoca amplias sonrisas,
cuando no sonoras carcajadas, entre quienes han
visto su programa, aun las actuales repeticiones.

Después de Los Polivoces, "ya todos los comediantes
son como nuestros hijos", asegura Enrique Cuenca,
quien durante la entrevista forcejea con las voces de
Juan Gárrison, el mesié Pier Cardán (o sea Pedro
Cárdenas), doña Naborita Gelatino y el Mostachón,
entre otras de sus célebres creaciones, que quieren
meter su cuchara en la conversación.

"Cuando nosotros llegamos a la televisión ella era
señorita. Desde abrirle las puertas nos costó un
trabajo de la patada. Ahora, los zaguanes están así
­extiende los brazos a más no poder­, bien abiertos".

Kippy Casado fue quien dio la primera oportunidad al
dueto de jóvenes imitadores en un segmento de 15
minutos de su programa Tiempos y Contrastes:
"caracterizábamos a los personajes de moda en
aquel entonces: Agustín Lara, Pedro Vargas, Celio
González, Bienvenido Granda, Agustín Barrios Gómez,
el Ratón Macías y Miguel Aceves Mejía, entre otros.
Cuando se nos agotaron, decidimos inventar los
nuestros, cosa que nunca se había hecho en
televisión.

"Uno de los primeros fue inspirado en el entonces
dueño del teatro Blanquita, el señor Vallejo, a quien
le puse el señor Bayito. De ahí empezaron a surgir los
otros personajes. En el programa, el público se dio
cuenta de que éramos los mismos de la semana
anterior, pero caracterizados de otra  manera. La lista
comenzó a crecer: los hermanos Lelos, el maistro y su
pequeño saltamontes, Agallón Mafafas y Juan
Gárrison, don Teofilito y Andobas...

"Entre Mauricio Kleiff, que fue el guionista, y yo, los
inventamos, éramos los creativos. Eduardo se
dedicaba a hacer los contratos, a cobrar el dinero, en
fin, a toda la parte administrativa. A mí se me daba la
creatividad, porque nací en un barrio muy fuerte y
muy populachero, Santa Julia, de ahí me fusilé
muchos personajes''.  

­¿Esos personajes eran un resumen de la sociedad
de aquel entonces?

­¡Claro que sí! No podían ser ficticios, uno no podría
imaginar tanto, tenían que ser de la vida real.
Gordolfo Gelatino era un muchacho que vendía ropa
en el mercado de Santa Julia, se llamaba Rodolfo,
pero empezó a engordar y le decíamos Gordolfo. Ese
personaje le quedó como anillo al dedo a Eduardo,
pues estaba gordo. Mauricio le puso el apellido
Gelatino por Rodolfo Valentino.

"Doña Naborita Gelatino sí existió, era  una viejita de
Santa Julia que tenía dos hijos, el Pinín y Lalo, ambos
eran más flojos que nada, no trabajaban, de ahí nos
inspiramos: (con voz de Gordolfo) 'Madre, no soporto
verte planchar'; (con voz de Naborita) '¿no, hijazo?...
¡ayyy, qué lindo!'; (Gordolfo) 'mejor vete a la otra
recámara'.

"Don Teofilito era la voz de mi abuelo; Andobas la de
Borolas; Mostachón la de Resortes, pero sin ser tan
exagerado; para el Guashangüer, Eduardo agarró la
de Manolín, el que hacía pareja con Shilinski, y para
Agallón Mafafas hizo la de Pedro Armendáriz. La
gente nunca se dio cuenta. No lo percibió, porque la
fisonomía era otra.

"Si se dan cuenta, el éxito estuvo en cambiarle la voz
a todos los personajes. Para la televisión mexicana
fue como si llegaran nuevos cómicos a la pantalla
cada semana. Lo que ésta quería eran novedades,
pues se come todo y no puede estar repitiendo.
Después de nosotros, salieron cómicos que nos
imitaron, hasta parecían nuestros hijos, y en la
actualidad aún se pueden ver.  ­¿Cuando llegaron a
la tv, tuvieron alguna restricción en cuanto a los
chistes que decían?

­No mucho. Las reglas quedan sintetizadas en tener
el talento para no caer en vulgaridades ni en
groserías o la autocensura. También existía una
oficina en la que revisaban el script. Con nosotros no
habían ningún problema, nos dejaban pasar todo.

­¿Ni aun cuando abordaban asuntos políticos, como la
crítica al sindicalismo, con el Guashangüer, o cuando
imitaban a políticos internacionales, como Kissinger o
Fidel Castro?

­No, porque siempre lo hicimos muy dignamente, sin
ofender a nadie. Mauricio Kleiff fue muy cuidadoso con
ese tipo de cosas.

­¿Improvisaban?

­Mucho. Les voy a enseñar un libreto para que se den
cuenta. Se llegó al colmo de que un día Raúl Vale le
compró los guiones de Los Polivoces a Mauricio Kleiff.
Raúl dijo: 'ya tengo aquí lo mero mero', y cuando los
leyó no tenían nada, los chistes a la mera hora se
improvisaban. Eran scripts para la idiosincrasia de
cada personaje. Ahora ya no improvisan, no todos
tienen la facilidad para hacerlo. Hay cómicos que no
se pueden dar ese lujo porque le dan en la torre al
script.

­¿Hay diferencia, entonces, entre los comediantes de
antaño y los de hoy?

­¡Por supuesto! Pero no es que estemos tasados por
años, sino por calidad. Hay unos que son bailarines,
otros cantan, están los vulgares y los albureros,
también los dicharacheros. Nosotros éramos
improvisadores, lo mismo el Loco Valdés, quien no
tenía script, a diferencia de nosotros.

"En nuestros programas se puede apreciar cómo nos
sacábamos de onda el uno al otro. Eduardo ya sabía
que si yo me estaba saliendo del guión era por algo,
y estaba atento para poder contestarme".

­Así como los personajes tuvieron su génesis, ¿de
dónde sacaban cada chiste?

­Del pueblo. Siempre conviví con la gente, las
personas me nutrían. En la calle contaban situaciones
y nos proveían de chistes sin querer. Siempre andaba
de vago, en los bares, en las fiestas. Esa era la
bronca de Eduardo, quien siempre se la pasaba en su
casa.

­¿Existen personajes, chistes o situaciones que
aseguren la risa de antemano?

­Eso es lo que pretendemos. Hay chistes claves con
los que uno sabe que la gente a fuerza se va a reír.
Para nosotros, los comediantes, lo más importante es
la primera risa. Cuando se saca la primera carcajada,
la gente ya está con uno. Da miedo que se digan
chistes y que nadie se ría.

­¿Eran bien pagados?

­Si, ganábamos muy bien. Fuimos los primeros en
cambiarnos de canal, del dos al ocho; nos dieron
mucha lana por eso. Después Emilio Azcárraga Milmo
también nos pagó bien por repetir nuestros
programas.

­¿Por qué se acabo el ciclo de Los Polivoces?

­No se desgastó la fórmula, de hecho ahí sigue.
Sucedió que Eduardo quiso seguir el camino solo. No
le funcionó, nada más malogró el dueto. Eduardo
estuvo muy orgulloso porque decía 'yo acabé con Los
Polivoces'. Eso no es un orgullo. A mucha gente le
dolió nuestra separación, en especial a mí, porque ya
no pensaba en función de uno, sino de dos. ¿Para
qué acabo Eduardo con esto, si no le redituó nada?
Todavía dijera uno, lo hizo para conseguir lo que
actualmente tiene, pero él está desde hace años en
su casa, no sale, no trabaja, y yo ando en todos
lados. Fue una mala obra. No estoy conforme, porque
todavía teníamos mucho que dar. ¡Qué lastima!

­¿Eso significa que ya no existe ninguna posibilidad
de que se reintegren?

­No. Además ya no sería rencuentro, sino
rencarnación. Imagínense ahora a Eduardo, con el
problema que tiene de su pie, con su bastón y todo el
rollo, ya no haríamos todas la imitaciones que
hacíamos, sino nada más a don Teofilito. Y yo
pegándole por detrás, desquitándome con una jerga
mojada: '¡Andele, don Teofilito, por güey!'

­¿La televisión es un medio que acorta la vida
escénica?

­Eso es mentira. Las fórmulas no se desgastan. Si así
fuera, ¿por qué pasan de nuevo El show de Los
Polivoces y sigue siendo un fregadazo?, ¿por qué
siguen pasando a El Chavo y uno se sigue atacado
de la risa? Y aún más lejos: ¿por qué siguen pasando
con éxito las películas de Cantinflas, de Tin Tan? Al
cómico se le acaba la gracia hasta que lo entierran,
puede estar viejo, jorobado y arrugado y aún hace
reír, pues se nace con la gracia.

­¿Volvería a la televisión?

­¡Claro que sí! Pero como están las cosas... no le dan
oportunidad a la gente que sabe. Andan buscándole
tres pies al gato, teniendo a los buenos. Dizque
quieren comicidad joven, y la comicidad no tiene edad.

­¿Qué criticaría de los programas cómicos actuales?  

­Que es la misma gata pero revolcada. No hay nada
nuevo bajo el sol. Siempre ha habido cómicos
vulgares, groseros, finos, de golpes. Lo que pasa es
que ahora hay más apertura para hablar en doble
sentido y decir de todo. Por eso digo que antes la
televisión era más señorita. Si Los Polivoces
continuaran, quizá ya hubiéramos ensanchado más
los zaguanes de Televisa.

­¿Los actuales programas de humor están hechos con
inteligencia?

­¿Qué es un humor inteligente? No, yo considero que
los programas son sanos. Claro que hay hasta
cuentos colorados, como en los que se habla de una
vieja rebuenota y la gente se excita luego, luego.
'¡Pinches calientes! Qué buen cómico es ­recrimina el
público­, aunque diga tantas majaderías'. Hay
personas a las que les gustan las cosas corrientes.

­Entonces, ¿es deber de la televisión dar un poquito
de todo al público?

­Sí, ya se abrió de piernas. ¡Orale!, lo que la gente
quiera.

­Que se haya repetido El show de Los Polivoces,
¿habla de un vacío de comediantes en la televisión?

­ No creo que se deba a un vacío, sino a que el
programa ya es un clásico. En uno más actual
aparecen los mismos chistes que en Los Polivoces.
Todo es un ciclo. Las rutinas son las mismas, pero
cada quien hace pequeñas variaciones. La diferencia
de un chiste está en el perchero, en quien lo diga. El
público en México no tiene memoria, se olvida de los
artistas y de sus creaciones. Por ejemplo, ahí están
las telenovelas, un artista está de moda un ratito,
luego aparece otro y se olvidan del primero. Es muy
triste.

­¿Eso significa que siempre estará el mismo tipo de
humor en la televisión mexicana?

­Sí, y será un humor reciclado, a menos de que
aparezca una nueva fórmula.

­¿Cuál es su personaje más entrañable?

­El mesié, que decía: ''bola de coguientes". Era
sensacional, su mamá vendía quesadillas y tacos de
tripas fuera de una pulquería, y su papá era jicarero.

­¿Qué tan importante es el humor para la sociedad
mexicana?

­Es lo más grande que se puede tener. Nos reímos de
la muerte y estamos haciendo albures de todo. Si se
muere un personaje enseguida se busca el chiste,
como cuando mataron a Kennedy y todos
bromeábamos: '¿Qué dijo Jacqueline instantes
después de que le dispararon a su esposo? ¡Oh,
John, Oh, John!'. Y uno respondía: 'Hoyón, no vuelvas
a Dallas'.

Canción: Gordolfo

Vengan cámaras...
La 3, la 1, la 2... ¡Ahí!
Ja, ja, ja, ja.

Cuando era niño yo tuve una sorpresa,
al descubrir que en mi todo era belleza,
no me resigno a que toda mi hermosura
dentro de un tiempo se vaya a la basura.

Soy tan hermoso ya lo ven,
soy tan precioso yo lo sé,
soy primoroso, bello, lindo, soy gracioso, (¡mucho!)
soy exquisito yo lo sé,
soy tan bonito miren bien,
y soy muy fino,
soy Gordolfo Gelatino.

No me decido a casarme todavía
sería egoísta arruinar así las vidas
de esas muñecas que no duermen tranquilas
porque me han visto parado en una esquina.

Soy tan hermoso ya lo ven,
soy tan precioso yo lo sé,
soy primoroso, bello, lindo, soy gracioso, (¡mucho!)
soy exquisito yo lo sé,
soy tan bonito miren bien
y soy muy fino,
soy Gordolfo Gelatino.
¡Ahí!

Coro:

Es tan hermoso ya lo ven, (¡madre!)
está precioso yo lo sé, (¡venga madre!)
es primoroso, bello, lindo y es gracioso,
es exquisito (¡yo lo sé!)
es tan bonito (¡ecuánime, madre!)
este es mi niño,
mi Gordolfo Gelatino.

Gordolfo:

¿Por qué, Dios mío, me hiciste tan perfecto?
¿Por qué, Señor, no me diste algún defecto?
¡Yo sufro tanto por ser tan diferente!
¡Quiero ser feo, como toda la gente! (¡ay no!)

Soy tan hermoso ya lo ven,
soy tan precioso yo lo sé,
soy primoroso, bello, lindo, soy gracioso, (¡mucho!)
soy exquisito yo lo sé,
soy tan bonito miren bien
y soy muy fino,
soy Gordolfo Gelatino.
¡Ahí!

Coro:

Es tan hermoso ya lo ven, (¡cual debe!)
está precioso yo lo sé, (¡venga, madre!)
es primoroso, bello, lindo y es gracioso,
es exquisito (¡yo lo sé!)
es tan bonito (¡ecuánime, madre!)
este es mi niño,
¡soy Gordolfo Gelatino!

La la la la la la la la

Gordolfo y su mamá:

¡Hijazo de mi vidaza!

¡Madre, ecuánime, ecuánime!

¡Yo lo hice solita!

¡Miren lo que hizo mi cabecita de algodón para sus
nenas!

¡¡¡Ahí!!!

Le toca a 'Los Polivoces'

Otro caso de la vida irreal es el que presentará este
lunes Silvia Pinole (Angélica Vale) en
La Parodia; en
esta ocasión, con la historia de una jovencita que
daría cualquier cosa por un abrigo de mink.

Los personajes de Laureano (Luis Ernesto Cano) y
Doña Paz (Arath de la Torre), El Mostachón (Freddy
Ortega) y El Whash and Wear (Arath de la Torre)
regresan a la televisión mexicana gracias a un
homenaje que la producción de La Parodia realiza a
Los Polivoces.

Otro Yoyo estará de miedo con un tema especial
sobre la muerte a este asunto dedica el monólogo
Adal Quemones (Germán Ortega) y el reportaje de
Yordi (Arath de la Torre).

La Parodia se transmite todos los lunes por el Canal
de las Estrellas en punto de las 22:00 horas.
aine Capulina
          Los Polivoces