Nathalie Soublette es Florencia

17 años. Hija de Josefina. La conocemos como la princesa
del curso, algo superficial, frívola y malcriada. Está en cuarto
medio. Sin la figura de un padre, ha sido criada prácticamente
por su nana, Juana. Se enamora de los hombres
equivocados, partiendo por Rodrigo.

Nathalie Soublette

La "Nata" como le dicen sus amigos, tiene 28 años y estudió




















teatro en la Escuela de Gustavo Meza.
No está pololeando, pero el hombre que conquiste su corazón
deber ser el que para él, ella sea la mujer más linda…

En materia musical le encanta escuchar folklore andino y en
cuanto a comida un buen plato de Ñoquis, es lo que más
disfruta.

El carrete ideal para Nathalie es en casa de amigos y luego
correr la mesa para bailar. Y si de locuras se trata, para ella la
más de todas, fue haberle escrito a un pololo "te amo" afuera,
en la pared de su colegio.

El proyecto más cercano profesionalmente para esta actriz, es
nada menos que un largometraje chileno.


Nathalie Soublette:
“Mi realización no es ser protagonista de una teleserie”


Muchas mujeres viven la crisis de los 30 en la que se
cuestionan lo que han hecho con su vida. Aunque está a punto
de cumplirlos, esta actriz saca cuentas alegres de su vida.
Porque trabajo no le falta, mucho menos el amor.

Quizá sea por lo delgada que es, o tal vez porque lleva el
rostro sin rastro de maquillaje. Lo cierto es que Nathalie se ve
mucho menor, y no representa para nada los 29 años que
tiene. Por eso no sería raro volver a verla en su papel de
Florencia, de la serie Bienvenida Realidad, de TVN, en la que
interpretaba a una adolescente recién salida del colegio.
Si bien esta actriz no ha participado en teleseries, tanto su voz
como su rostro forman parte del inconsciente colectivo casi
sin darnos cuenta. Pues ha hecho innumerables doblajes y
también comerciales. “Ha sido mi esfuerzo y mi trabajo el
estar vigente. Me han pasado cosas súper buenas. No me ha
faltado el trabajo. Estoy súper insertada en el medio, a pesar
de no salir en teleseries. Por eso lo encuentro súper positivo”,
comenta relajada y segura de sí misma.

Por ahora, su rostro se mantiene al tope, pues es una de las
protagonistas de El Huésped, película de terror del director
Coke Hidalgo. Allí encarna a Cony, una recién egresada
estudiante de medicina que cuestiona su vocación, una vez
que enfrenta la dura realidad. Filmada en la antigua
maternidad del Hospital El Salvador, muchos aseguran que
se escuchaban ruidos, golpes y fenómenos paranormales.

-¿Es verdad que les pasaron cosas raras mientras filmaban?
-Sí, pasaron hartas cosas. Entrábamos a trabajar a las 8 de la
noche, así que estábamos toda la noche en la parte
abandonada del hospital. Y había energías. No es que se
haya aparecido un fantasma, pero pasaban cosas raras. Por
ejemplo, yo estaba con alguien y le decía: “voy al baño”, y
después veía a esa misma persona en el baño. Además a los
actores nos toca esperar ene rato, así que íbamos todos
apiñados a todos lados.

-¿Y cómo aguantaron el susto?
-Con mucha paciencia y aperrando nomás (se ríe). Eso
mismo le dio una onda al filme y a lo que pretendíamos,
porque sirve harto para actuar.

-¿Harías una tercera parte de Bienvenida realidad?
-Sí. Me gustó harto el trabajo que hicimos. Encuentro que
dábamos un mensaje, pasaban cosas. No como las
teleseries en las que estás ocho meses hablando de lo
mismo. En cambio acá los personajes iban cambiando y les
iban pasando cosas todo el tiempo.
-¿No te gustaría trabajar en teleseries?
-La verdad es que llama la atención, por el cuento de la plata,
pero no se ha dado. No me han llamado, pero eso mismo le
ha dado un plus a mi carrera. Cuando tienes la pega, como
que te relajas un poco, no haces tantas cosas. Ha sido mi
esfuerzo y mi trabajo el estar vigente. Me han pasado cosas
súper buenas. No me ha faltado el trabajo. Estoy súper
insertada en el medio, a pesar de no salir en teleseries. Por
eso lo encuentro súper positivo.
-O sea, no tienes trancas con participar en ellas
-No, para nada. Si el día de mañana me llaman, bienvenido
sea. Y es otra experiencia más. No es como grabar una serie,
que es el descueve. Porque no es el nivel de trabajo que tiene
una teleserie. No dependes de un canal, no tienes que ir a
estelares ni nada. Es mucho más relajado. Te da como para
tener vida.
-¿Te agrada cierto anonimato?
-Sí. Lo prefiero mil veces. Me muero de plancha cuando te
reconocen en la calle. Igual está bien, es parte del trabajo,
pero está bien así. Por eso, lo que se vaya dando está bien.
Uno va aprendiendo. Pero para mí ha sido, aunque suene
cliché, que gracias a no estar tan estipulada en un solo lugar,
me han pasado otro tipo de experiencias que han sido
increíbles. Los doblajes que hago son súper entretenidos. Y
la plata que no gano por no hacer teleseries, la gano haciendo
comerciales. Así que salvo igual.
-Uno supondría que por ser actriz, te mostrarías más
extrovertida…
-Es que se ha dado el pasar piola y me gusta mantenerme
así. Igual yo pienso que, al ser más grande, porque tengo 29
años, ya tengo súper claro el cuento. Uno se tiene que
aprender a manejar. Y eso está netamente en uno. Además,
soy un ser absolutamente normal, así que tampoco voy a ser
portada de un diario.
-Pero al promocionar una película estás obligada a figurar.
-Sí, pero después la gente se olvida. Y después cuando se
viene otro proyecto, te vuelven a buscar.

-¿Y no te produce algo el que te olviden, aunque sea
momentáneamente?
-No, para nada. Porque mi carrera ha sido bien ascendente,
pero tranquila. Ya estoy acostumbrada, sé cómo es la
dinámica. Además, he tenido la suerte de que se me hayan
dado los trabajos de manera súper parcelada. Así que no he
pasado por una época en que no he estado.
-O sea, tu rostro es permanente.
-Claro, cuando terminó Bienvenida realidad, salió una historia
de la Lotería. Siempre he estado en algo.
-¿Y qué pasa con el teatro?
-Tengo una compañía, que se llama Pulsión Impro, en la que
trabajamos la improvisación. Es un proyecto súper
entretenido. Es nuestro. Estamos tratando de inventar un
idioma nuevo de teatro. Así que estamos en un proceso de
creación absoluto. Si bien estamos preparados para hacer
montajes y todo eso, estamos en una búsqueda de las
improvisaciones. Trabajamos con la actualidad, lo que pasa
hoy en día, e improvisar en base a eso.
-¿No tienen funciones?
-No. Hacemos muestras a los amigos, a nuestra gente. A
nuestros pares. Además, trabajamos con funciones vendidas.
Como a colegios y cosas así, porque también forma parte de
enseñar. Es un proyecto súper educativo. Por ejemplo, a los
niños los hacemos pintar y basándonos en su dibujo,
improvisamos. Es algo súper lúdico. Y parte de algo íntimo de
ellos.
“Queremos encontrar el ser poético del actor. Porque ya se
han hecho todas las obras de teatro diez mil veces. Casi que
hacer un Radrigán o un Shakespeare es como ponerse play.
Si bien lo puedes hacer con tu onda, tu volada y tu cosecha, lo
encuadras en lo que los medios te entregan: que son el
escenario, algo cuadrado. Los juglares se paraban en la plaza
y actuaban la noticia del otro pueblo y era algo gutural. Y
queremos rescatar el ser poético del actor, ese que le nace
del estómago. Por eso es pulsión. Freud plantea que la
pulsión es lo que te hace moverte desde la guata. La idea es
que, si estás arriba del escenario, no te mueves si no es
porque viene de algo tuyo”.
-¿Y por qué este afán de crear algo nuevo?
-Por romper estructuras, por hacer política. Por romper lo
establecido, porque se está creando un nuevo idioma en el
mundo, en el planeta entero. Entonces hay que ir con el
mundo.
A propósito de política, ¿participarías en una campaña?
-Si me pagan, sí. Trabajo en el sentido de crear un personaje,
o algo así. No como “Nathalie apoya a…”. Además, no estoy
inscrita, no me interesa. Yo hago la política por otro lado, por
eso digo que me la juego. Nos juntamos a hablar de política,
tratamos de romper estructura y decimos lo que pensamos,
pero de otra forma. No me interesa votar por descarte.
-Pero el aceptar un pago, significa aceptar una ideología…
-Pero es que es un trabajo. Aunque igual creo que no
trabajaría para la derecha. No creo en la política. Cada vez
más me desapego. Pero ya me da pena. Siento que es una
burla hacia el ciudadano, hacia nosotros. Me considero bien
laguista, pero igual encuentro que hay cosas mal hechas.
- (En ese momento aparece un hombre con un niño en
brazos) ¿Tienes hijos?
-No. Es que vivo con una amiga, su marido y su hijo.
-Muchas mujeres, al llegar a los 30, se cuestionan lo que
han hecho. Estás casi en los 30, ¿te lo has cuestionado?
-Yo creo que pasa mucho. Y también creo que estoy en esa
crisis, pero me lo he tomado positivamente. Cada vez se
aclaran más las cosas que quiero hacer. Al principio mucha
gente me decía: “pero Nata, cómo es posible que no estés en
teleseries, si tienes todo el perfil”. Y yo me lo cuestionaba y
me preguntaba qué hacía mal.
“Pero ahora se me ha ido aclarando la película, y qué bueno
poder, de entre tantos actores que hay, ser alguien distinto. Se
me han ido aclarando las cosas que quiero hacer, para dónde
voy. Como no he tenido hijos, he tenido tiempo para
dedicarme a mi carrera. Y cuando venga el tiempo de los
hijos, podré darles bien tiempo. Siento que he hecho bien las
cosas. Me siento en un recuento positivo”.
-Aunque tienes un buen recuento, ¿sientes que te queda
algún desafío?
-Me encantaría irme afuera, para probar nuevas cosas, y me
gustaría terminar haciendo clases. Eso sería increíble.
-¿Algún plan concreto?
-Hay una carrera pedagógica acá (en Chile), que me gusta
mucho. Además, ya he hecho clases. Y encuentro que, para
mí, encaja perfecto. Me entretiene, lo encuentro maravilloso.
Los niños alucinan con lo que están aprendiendo. Es súper
rico. Tirador para arriba.
-¿Qué te ha detenido para irte a aprender afuera?
-Me ha detenido un poco el que me han ido saliendo cosas.
En ese sentido no me he detenido. Además, lo haría como
experiencia, pero prefiero hacer teatro en mi país. Creo que
aquí es la política que quiero hacer. Que si vas a ver una obra,
tú salgas distinta. Y no por ser nacionalista, sino porque es lo
que uno maneja. Tampoco me gustaría seguir en Santiago.
-¿Por qué?
-Porque la contaminación te impide muchas cosas. Te limita.
Y no refiero sólo al esmog, sino también a los autos, el ruido,
gente enojada. He vivido en Antofagasta muchos años y allá
vas a almorzar con tu familia. Los ves todos los días y te vas
en bici al centro.
“Soy una convencida de que no tienes que tener sesenta para
pensar en la parcela que voy a tener para ser feliz. Pienso que
no. Si los tiempos ricos son éstos. Entonces por qué tener
que hacerlos tan lejanos. Lo que sí, es que me iría al norte”.
-¿No hay demasiado sol?
-Sí, no puedo vivir sin sol. Soy una lagartija, congelada. A mí el
sol me da ene energía. Los días de invierno soy de estar en la
cama viendo tele. También me gusta Iquique. Es ciudad, pero
también puedes estar en conexión con la naturaleza. Pero
obviamente trabajando. Con una realización personal. Para
mí, mi realización no es ser protagonista de una teleserie. No
tengo esas aspiraciones.
-¿Te planteas un plazo para cumplir estos anhelos?
-No, porque hoy en día, la vida como está, es súper inviable
pensar en mañana.
-¿Y los hijos?
-Sí, en un mañana súper cercano. Estoy lista para la foto.
-¿Estás pololeando?
-Mmm, sí. Y estoy súper feliz.
-Hay tres perros en tu casa, ¿tienes otros animales?
-Sí, tengo una gata. Se llama Lucha, porque se aferró a la vida.
Vino una gata, parió y se fue. Los demás hermanitos se
murieron y la Lucha sobrevivió. Un mes y medio dándole
mamadera cada cuatro horas.
-Se nota que te gustan los animales…
-Soy una amante de los animales. Toda la vida me encuentro
gatitos y perritos en la calle, los alimento, los tiro pa’ arriba y
después voy a la feria y los regalo.
-¿No te encariñas con los animales que recoges?
-He tenido que aprender a ser salvadora y no más. Y aprender
a cederlos, porque antes se los regalaba a amigos que sabía
que los iban a querer, y que yo iba a poder ir a verlos, pero ya
se acabaron los recursos. No podría ir pasando y dejar la caja
llena de gatitos ahí botados. Pero para mí es súper
gratificante poder ayudarlos. Siempre.
Bienvenida Realidad