No se compliquen el vino
¿Cuántos manuales sobre "cómo entender de vino" se editarán
cada año en el mundo? Seguramente, muchísimos. Y es que no
falla: en cuanto un tema se pone de moda, proliferan los expertos
que consideran su obligación poner sus conocimientos por
escrito con el propósito de ganarse una platita exhibiendo esos
conocimientos.
Y así proliferan los libros en los que se pretende explicar al
público todos los misterios del vino. Hay que decir que, en
general, se venden, porque el tema interesa. Pero también hay
que decir que entender de vinos lo suficiente como para
disfrutarlos con conocimiento de causa es una cosa que no tiene
demasiadas complicaciones y sólo requiere un poco de atención.
Desde luego, lo que hay que borrar es esa imagen
cinematográfica del ciudadano al que le ponen delante una copa
de vino y, muy serio, la mira, la huele, prueba el vino, se pone más
serio todavía y afirma: "Château Margaux de 1985". Eso, en las
películas y en la TV, queda muy bien, pero es muy irreal. Lo de
jugar a las adivinanzas está muy bien para los niños, pero no en
un asunto tan serio como el vino.
No hay más que una manera de saber de vino, que es bebiendo
muchos vinos. Ojo al plural: no es lo mismo "muchos vinos" que
"mucho vino". Bebiendo, decimos, muchos vinos... y fijándose un
poquito.
Lo primero que tiene que hacer usted ante un vino, una vez que lo
ha mirado, lo ha olido y lo ha bebido, es decidir si le gusta o no le
gusta. Tan sencillo como eso. En cualquiera de los dos casos, lo
que tiene que hacer es tener claro por qué le ha gustado, o por
qué no le ha gustado... y acordarse. Por supuesto, usted se
interesará por saber qué es lo que ha bebido, quiero decir que se
preocupará de conocer la procedencia del vino, su edad y las
variedades de uva con las que está elaborado, de modo que si se
vuelve a encontrar con ellas pueda reconocerlas. Es más fácil de
lo que parece.
Poco a poco, vino a vino, irá usted recordando las características
de esas variedades. No se abrume: tampoco es que haya tantas.
Mejor dicho, haberlas haylas, pero la mayor parte de los vinos del
mundo se elaboran con un pequeño número de variedades de
uva. Si es usted capaz de identificar y recordar la
cabernet-sauvignon, la merlot, la malbec, la pinot noir y la
chardonnay ya tiene bastante para quedar como un sabio ante
sus amigos.
Porque, poco a poco, irá ampliando conocimientos e
internándose por variedades menos "universales"; pero principio
quieren las cosas. Usted recuerde cómo huelen y a qué saben
los vinos elaborados con cabernet-sauvignon, que son los que
más se va a encontrar por ahí, y habrá puesto la primera piedra
del edificio, que será tan grande como usted quiera, de sus
conocimientos de vino.
Después de cierta práctica verá cómo el aspecto del vino le
contará cosas sobre su edad, cómo su nariz le hablará de su
origen, cómo en la boca le contará cosas de su tierra... Usted no
tiene más que dejar hablar al vino y "traducir" su lenguaje al de los
humanos. Quedará como un auténtico experto, pero es que lo
será.
No arruine ese prestigio, una vez conseguido, jugando a las
adivinanzas. Tampoco se dedique a puntuar vinos; todavía no me
ha explicado nadie, ni siquiera los máximos "gurús" del vino, qué
matices hacen que un vino merezca 94 puntos y otro 93. Miren
ustedes: el vino está hecho para disfrutarlo. Fundamentalmente,
para beberlo, y sobre todo para beberlo comiendo. Se merece ser
comentado, más que nada si es para bien. Pero no vale la pena
someterlo a un examen para ponerle nota.
Ustedes, a lo suyo: ante un buen vino... disfruten. Lo demás
déjenselo a los pedantes

Al sabor del chef