El niño que ya tiene historia para ser abuelo

A los 12 años, el boliviano Mauricio Baldivieso ya tiene una
historia para contar a sus nietos.

"Yo fui el primer futbolista del mundo que debutó más joven en el
profesionalismo...", podría comenzar el emotivo relato de
Mauricio, dentro de unos cincuenta años.

Y así, como un veterano de mil guerras que muestra orgulloso las
cicatrices de múltiples heridas, continuará la historia esta figura
que hoy es 'un poco más vieja', pues el 22 de julio cumplió 13
años.


















"Era el domingo 19 de julio de 2009. El Aurora, el equipo que
dirigía mi padre, Julio César, perdíamos por 0-1 en Cochabamba
con La Paz. Corrían 81 minutos del partido de la primera jornada
del torneo Clausura cuando mi viejo giró la cabeza y me dijo:
Mauricio, prepárate que sales".

Así comenzó la vorágine de acontecimientos que pusieron al
joven de 170 centímetros de estatura bajo un huracán mediático.

Mauricio saltó a la cancha para vivir, no quince, sino nueve
minutos de fama con el diez a la espalda, el mismo número que
ya honraron en sus romerías Pelé, Maradona, Zico, Enzo
Francéscoli, Carlos Valderrama, 'el Diablo' Etcheverri, 'el
Chorrillano' Palacios, 'el Toro' Acuña, Alex Aguinaga, Ronaldinho
Gaúcho...

"No me lo esperaba. El viejo dijo que sólo saldría a la cancha si
fuéramos ganando", diría el joven.



















El 'Viejo', el padre de Mauricio, debutó en el fútbol profesional
cuando tenía 15 años en las filas del Wilsterman, luego la
precocidad futbolística parece estar en el ADN de los Baldivieso.

En menos de diez minutos Mauricio no tuvo tiempo para mostrar
el repertorio que tiene en las botas, según su orgulloso padre.

Sufrió sí, una dura infracción por parte de Alaca, que lo hizo rodar
por el césped. Alaca dijo después que Mauricio lloró y él joven
aseguró que ni una lágrima derramó por la falta que casi origina
una gresca. Agregó que la acusación es producto de la envidia
que ahora afecta a la mitad de sus compatriotas.

La máxima pasión de Mauricio Baldivieso se hizo religión cuatro
años antes, cuando tenía nueve y ya destacaba en las divisiones
menores del fútbol qatarí mientras su padre quemaba sus
últimos cartuchos como jugador histórico de Bolivia en el
Al-Ryyan. Y también con el diez en la espalda.

El debut profesional del niño de doce años, un hecho sin
precedentes en la historia del fútbol boliviano, sigue siendo hoy
motivo de debate dentro y allende las fronteras.

Cuatro días después de su estreno, el ex internacional Julio
César Baldivieso renunció a la entidad de Cochabamba y de la
mano partió con su hijo.

Baldivieso padre llegó al banco del 'equipo del pueblo' en abril de
2008 y en pocas jornadas lo puso a salvo del descenso a la
segunda división, LO condujo a la conquista del Torneo Clausura
y, de contera, lo clasificó en la Copa Libertadores de 2009.

Pero la reacción negativa de los directivos del Aurora ante el
debut profesional del niño, y las condiciones impuestas al técnico
precipitaron el rompimiento definitivo.

"HE preferido ponerme de acuerdo con ellos y dejar la institución.
Seguramente a muchos dirigentes les ha calado profundo el
debut de mi hijo, porque ellos, tal vez, tienen fracasos en su vida
personal o en sus hijos", afirmó entonces el ex futbolista.

"Si pasara en Argentina o Brasil, nadie hablaría de polémica y sí
de una proeza. Pero en Bolivia hay mucho miedo a triunfar",
expresó recientemente su hijo.

Y mientras en el país andino muchos consideran que jugadores
con más talento se pierden para el fútbol por no tener un padre
influyente, Julio César Baldivieso replica: "Que vengan aquí esos
jugadores más talentosos que mi hijo. Les haré una prueba, y si
son mejores, los pondré a jugar".

El chico que recién cumplió 13 años calzó al episodio de su debut
y despedida una frase histórica de Diego Maradona: "me cortaron
las piernas".

Pero dice estar «preparado para darlo todo". E, incluso, se ha
trazado la meta de llegar a la selección absoluta y ser mejor que
su padre. También tiene en la mira al fútbol europeo, al
Barcelona, donde juega su ídolo, Lionel Messi.

Sabe que le quedan muchos años por delante. Disfruta tranquilo
de sus nueve minutos de fútbol profesional. Hasta hoy su teléfono
no para de sonar.