Destaca prensa posible romance de Sarkozy con ex de Mick
Jagger.

Los principales diarios y medios electrónicos franceses
destacaron hoy un posible romance entre el presidente francés
Nicolas Sarkozy y la cantante italiana Carla Bruni, ex pareja del
rockero Mick Jagger.

Las planas de periódicos como "Le Figaro" y "Le Parisien", así
como la edición electrónica de la revista "Point de Vue"
aparecieron este lunes llenas de una serie de fotografías de
Sarkozy con la ex modelo, con quien habría visitado
Eurodisneyland el pasado fin de semana.

Las imágenes, en las que entre otras se ve al mandatario francés
sonriente ante los ojos azules de Bruni, se difunden a sólo dos
meses de que el Palacio del Elíseo confirmó el divorcio de
Sarkozy con su segunda esposa, Cecilia, con quien llevaba 11
años casado.


















La oficina presidencial francesa omitió todo comentario sobre las
fotografías del mandatario con la ex top model de 38 años y los
rumores de la prensa francesa de que se trata del nuevo
romance de Sarkozy, de 52 años.

El diario "Le Figaro", de derecha y que es visto como aliado del
presidente, encabezó su primera plana con "Carla Bruni, la novia
del presidente" y una foto sonriente de la ahora cantante, cubierta
con un abrigo.

"Le Parisien" publicó en primera plana la fotografía de la pareja
en Eurodisney, rodeada por tres niños no identificados y con el
pie de foto "El jefe de Estado y su novia Carla".

Bruni, de tez blanca y cabello largo negro, ha sido relacionada
sentimentalmente en el pasado con los cantantes de rock, Mick
Jagger, co-fundador de The Rolling Stones, y Eric Clapton, así
como con el magnate de los negocios Donald Trump.

Carla Bruni, quien vive en Francia, fue una de las celebridades
que participaron en un concierto en octubre pasado contra de la
controvertida nueva ley sobre inmigración propuesta por Sarkozy,
que prevé realizar pruebas de ADN para probar lazos familiares.

La relación del presidente con la ex modelo no sería una
sorpresa para la madre de Sarkozy, Andree, quien dijo hace unos
días a la revista "Point de Vue" que su hijo no tendría dificultad en
encontrar una nueva pareja después de su divorcio.

Sin embargo, rechazó una nueva boda, porque afirmó: "Ya está
harta de nueras".

Sarkozy y Cecilia se separaron de forma amigable en octubre
pasado después de 11 años de matrimonio y un hijo, sin explicar
los motivos, la primera en la historia moderna de Francia en la
que un presidente en funciones se divorcia.


















La elegancia de Bruni conquista a los británicos

La elegancia, belleza y simpatía de Carla Bruni, la ex modelo
convertida en Primera Dama de Francia, ha conquistado a los
británicos, que ya la comparan con Jackie Kennedy y se
preguntan si será la sucesora de Diana de Gales.

Su presencia en Londres, con motivo de la visita de Estado del
presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha despertado el interés de
los medios británicos, que le dedican titulares como "Oh, La, La
Madame Sarko", "La Primera Dama chic" o "¿Es Carla la nueva
Diana?

Desde que bajó por las escalerillas del avión que la trajo al Reino
Unido para acompañar a Sarkozy, la cantante de 40 años acaparó

toda la atención, incluso más que el presidente francés, por su
vestuario y por lo atinado de la elección de sus zapatos, sin
tacones, para no aparecer mucho más alta que su marido.

El gris ha sido el color preferido para los atuendos que vistió
Bruni en estos dos días de visita de Estado, desde el abrigo con
el que bajó del avión presidencial hasta el traje de chaqueta
pantalón que llevó debajo de un sobretodo morado para almorzar
hoy con Sarah Brown, esposa del primer ministro británico,
Gordon Brown.

Incluso el sombrero pastillero que vistió es comparado con los de

Buckingham, al descubierto

Por primera vez en la historia, el Palacio de Buckingham muestra
desde mañana toda la pompa que rodea un banquete de Estado,
aunque sin su anfitriona, la reina Isabel II, y con maniquíes en vez
de lacayos y pajes de carne y hueso.

Cada año, ese palacio londinense, residencia y sede de trabajo
de la soberana, abre sus puertas durante el verano como medio
de lograr financiación, de gran importancia sobre todo después
de que este año se conociera que la fuerte inflación en el Reino
Unido ha hecho mella también en las finanzas de la soberana.

La Casa Real británica necesita urgentemente 32 millones de
libras (casi 64 millones de dólares) para el mantenimiento de
varias residencias reales, entre ellas el Palacio de Buckingham,
algunas de cuyas salas no se han tocado desde hace medio
siglo.

Quizás para incentivar las visitas, este año hay una novedad:
contemplar la célebre mesa con forma de herradura del salón de
baile dispuesta para un banquete de Estado, como el celebrado
por Isabel II en honor del entonces presidente sudafricano,
Nelson Mandela, en 1996, o el ofrecido al mandatario de EEUU
George Bush en el 2003.

A lo largo de su reinado, la soberana ha celebrado 97 banquetes

de Estado, 77 de ellos en Buckingham; 18 en el Palacio de
Windsor -como el ofrecido en honor del presidente francés,
Nicolas Sarkozy, y su esposa, la ex modelo Carla Bruni, en marzo
pasado- y los dos restantes en el Palacio de Holyroodhouse, en
Edimburgo.

Celebrado la primera noche de estancia en el Reino Unido del
mandatario extranjero, el banquete de Estado es, sin duda, una
gran gran ocasión.

La planificación comienza seis meses antes de la visita y la reina
sigue muy atentamente todos los detalles, desde la elección del
menú y la elaboración de la lista de invitados, hasta los lugares
donde se sientan los asistentes.

Poco antes de que comience el banquete, esa misma tarde, la
Reina inspecciona por última vez la gran mesa.

Una vez que la lista de invitados, que incluye a miembros de la
familia real y del Gobierno, al primado anglicano, el gobernador
del Banco de Inglaterra y los líderes de los principales partidos
políticos, recibe la aprobación de la soberana, se envían las
invitaciones, con unas seis semanas de antelación.

Y a partir de ahí hay más de un millar de copas de fino cristal por
pulir, 170 servilletas de lino por doblar y más de 20 arreglos
florales por preparar.

La mesa comienza a ponerse dos días antes del banquete. Y no
es para menos: hay que mantener, utilizando una regla si es
necesario, las distancias reglamentarias entre cada invitado y
colocar todo el servicio, que ocupa un espacio de 45 centímetros
de un extremo a otro.

Por ejemplo, cada asistente cuenta con seis copas, para el agua,
el vino -blanco y tinto-, el oporto, una quinta para brindar y otra
para el postre: en total 1.014 copas que fueron fabricadas para la
coronación de la reina, en 1953.

El banquete es servido por un equipo de 100 hombres
coordinados por el mayordomo de Palacio. Los lacayos, con sus
trajes rojos y dorados, entregan la comida a los pajes que,
vestidos con su uniforme azul oscuro, sirven a los invitados.

Una suerte de semáforo ayuda a la perfecta sincronización de
esa operación: una luz azul significa permanecer a la espera, una
ámbar señala el momento de servir la comida que ha preparado
un equipo de 20 chefs.

El menú, escrito en francés, la lengua clásica de la gastronomía,
consiste normalmente de cuatro platos, pescado, carne, postre y
fruta, aunque hay dietas especiales para vegetarianos.

La visita, posible hasta el 29 de septiembre próximo, permite,
asimismo, conocer algunos detalles, como que la silla de la
soberana es la única que tiene reposabrazos.

Además del salón de bailes, que con sus 14 metros de altura, 34
de longitud y 18 de ancho, es el mayor del palacio, el turista
puede conocer otras estancias interesantes, como el salón de
tronos y la pinacoteca, con cuadros de Vermeer, Rembrandt,
Rubens, Canaletto y Holbein, por sólo citar algunos.

La Casa Buckingham, construida en el mismo emplazamiento,
fue el hogar de los Duques de Buckingham hasta su compra, en
1762, por Jorge III (1738-1820), quien trasladó allí la corte.