Jara, el ex gobernador a quien el secuestro hizo profesor de ruso
e inglés

El ex gobernador del departamento colombiano del Meta Alan
Jara, secuestrado por las FARC en 2001, recobró hoy la libertad,
pero sus compañeros de secuestro perdieron a quien les hacía
más soportable la vida en la selva con sus lecciones de inglés y
ruso.

Jara, de 51 años, fue entregado por las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) a una comisión
humanitaria, que el domingo pasado recibió también a tres
policías y un militar que llevaban en cautiverio desde 2007 y el
jueves hará lo mismo con el ex parlamentario regional Sigifredo
López, secuestrado en 2002.


















El ex gobernador es un ingeniero civil egresado de la Escuela de
Construcción de la ciudad ucraniana de Kiev, a la que viajó en
1975 para aprender ruso y en la que, como reconocimiento a su
desempeño como estudiante, se le permitió cursar los estudios
superiores.

El inglés lo aprendió en la selva con un diccionario y se hizo
profesor de idiomas como método de relajación personal y
también de los policías y militares con quienes soportó los años
de cautiverio, según contó a su esposa, Claudia Rugeles, en un
mensaje.

"Si Alan en la selva tiene energía, nosotros no podemos
cansarnos ni desfallecer", dijo en una de las muchas entrevistas
periodísticas que ha ofrecido en estos años la esposa de este
político, cuyo único hijo tenía siete años por la época en la que fue
secuestrado.

Jara cayó en manos de las FARC el 15 de julio de 2001 en la
carretera que comunica a El Dorado y Lejanías, localidades del
Meta, departamento del que fue gobernador en dos
oportunidades.

El político, que ya no era gobernador sino consultor de la ONU, se
había desplazado a la zona invitado por el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para asistir a la
apertura del Puente de la Reconciliación.

Los rebeldes lo bajaron del vehículo diplomático en el que se
desplazaba y se lo llevaron a pesar de que los diplomáticos que
le acompañaban intentaron evitarlo por todos los medios.

Unos días después un comunicado de las FARC indicó que
había sido "retenido" para explicar sus presuntos contactos con
organizaciones paramilitares, algo desmentido por su familia
tajantemente.

Jara cumplió su primer año como secuestrado con la noticia de la
muerte de su madre, Georgina Urzola.

De ello se enteró por la radio, que sintonizaba para escuchar los
programas para secuestrados de las dos grandes cadenas del
país, por medio de los cuales familiares y amigos les envían
mensajes.

En un mensaje enviado hace un año, unos amigos le dijeron:
"otro día más sin tu presencia, pero es otro día menos de tu
cautiverio".

Un puñado de cartas, algunas fotografías y un vídeo componen
las tres pruebas de vida de Jara que los rebeldes han
proporcionado desde febrero de 2002.

En un vídeo que llegó desde la selva, Jara contó el triste día a día
de un secuestrado, manifestó su preocupación por una
protuberancia que le salió en la garganta y expresó su dolor y el
de muchos de los secuestrados por haber perdido a sus padres
y madres durante su cautiverio.

La última de las pruebas de vida de Jara llegó a su esposa e hijo
a mediados de enero de 2008, en las manos de la ex congresista
Consuelo González, liberada unilateralmente por las FARC como
el ex gobernador del Meta.

En esta remesa llegó también un mensaje al periodista Darío
Arizmendi, conductor de la franja informativa matinal de Caracol
Radio, firmado por seis rehenes, entre ellos Jara.

En su carta escribieron: "no es el dolor físico lo que nos hiere, no
son las cadenas que llevamos colgadas a nuestros cuellos lo
que nos atormenta, no son las permanentes enfermedades las
que nos afligen. Es la agonía mental causada por la
irracionalidad de todo esto, es el enojo que nos produce la
perversidad del malo y la indiferencia del bueno".

El hijo de Jara, Alan Felipe, de 14 años, dijo hoy a Efe antes de la
llegada del político a Villavicencio que cuando le vea, sólo tendrá
"el impulso de abrazarle".

"La verdad es que no sé exactamente qué le voy a decir cuando
me reencuentre con él, pero estamos con mucha alegría", reveló
este joven antes de despedirse de la comisión humanitaria que
partió hoy del aeropuerto de Villavicencio para ir en busca de su
padre a las selvas del sur de Colombia.