Para los árabes el Papa era un "campeón de paz y libertad"
El mundo árabe se sumó hoy a las muestras de pesar por la muerte del
Papa Juan Pablo II, calificado de "campeón de la paz y la libertad" por los
Gobiernos y las autoridades religiosas de la región.
Ese sentimiento tuvo su mejor reflejo en las palabras del gran imam de
Al Azhar de El Cairo y líder espiritual del islam suní, Mohamed Sayed
Tantaui, quien describió la desaparición del Pontífice como "una gran
pérdida, ya que era un icono de paz y amor".
Tantaui precisó que la muerte de Juan Pablo II es lamentada por todos
los egipcios -tanto los integrados en la iglesia ortodoxa como en la fe de
Mahoma-, y subrayó la postura "moderada" del Pontífice ante las causas
palestina e iraquí, y sus esfuerzos para fomentar el amor y la amistad
entre los musulmanes y los cristianos.
Parecida reacción tuvo el presidente egipcio, Hosni Mubarak, para quien
el Papa era "un defensor de las causas árabes", en especial la
palestina, y que al igual que Tantaui destacó que se trataba de "un icono
de la paz".
Los templos cristianos celebraron hoy misas en memoria del Papa en El
Cairo, donde el portavoz de la Iglesia Católica Romana, Rafik Greish,
señaló que el Pontífice merece la admiración de todos por trabajar
durante 26 años "para que el amor reine en el mundo".
Greish afirmó que el Papa "siempre se alineó con los palestinos en su
causa y se opuso a la guerra de Irak", y además subrayó su papel en la
caída del comunismo y la "restauración de los valores religiosos en
Europa".
En un comunicado suscrito por el Papa de la Iglesia Copta, Shenuda III, y
el Comité de Iglesias de Oriente Medio, se califica a Juan Pablo II de "un
hombre que sirvió al mundo para lograr la paz, la seguridad y la libertad".
El secretario general de la Liga Arabe, Amro Musa, destacó, por su parte,
el empeño de Juan Pablo II -al que consideró un "clérigo único"- en
promover el diálogo entre religiones.
Musa, como otros dirigentes árabes, subrayó el interés particular que el
Papa mostró por la pacificación de Oriente Medio y sus esfuerzos por
que esa paz se basara "en los principios de igualdad, justicia y libertad".



















En Líbano, país árabe con mayor proporción de cristianos, el Gobierno
decretó hoy tres días de luto oficial.
El presidente libanés, el pro sirio Emile Lahud, señaló que "a pesar de
que el Líbano es un país pequeño, fue siempre algo especial para el
Pontífice, que en varias ocasiones rogó por él e instó a la comunidad
internacional a que lo ayudara a preservar su existencia y su
coexistencia".
Juan Pablo II, que visitó el país en 1997, describió al Líbano -recordó el
mandatario- como "una nación con una noble misión y una interacción
de diversas culturas y religiones".
El primer ministro designado, Omar Karame, y el jefe del Parlamento,
Nabih Berri, rindieron asimismo homenaje al Papa por su labor a favor
de la paz en el Líbano y en el mundo.
El presidente de la vecina Siria, Bachar Al Asad, envió un mensaje de
condolencias al Vaticano, en el que expresó "profunda tristeza por la
muerte de quien dedicó su vida a la virtud, la paz y la justicia en el
mundo".
En Jordania, un país de mayoría musulmana pero que cuenta con una
importante minoría de cristianos -en su mayoría de origen palestino-, la
prensa y los medios de comunicación oficiales rindieron asimismo
homenaje al Papa.
La televisión jordana le recordó "como un gran hombre que dejó señales
impresionantes en relación con la paz y la estabilidad en el mundo
entero".
Las expresiones de tristeza sobre la muerte del Papa Juan Pablo II no
sólo se produjeron en los países árabes con importantes comunidades
cristianas sino también en el Golfo Pérsico, donde la totalidad de la
población es musulmana.
El Jefe de Estado de Emiratos Arabes Unidos, jeque Jalifa Ben Zayed Al
Nahyan, destacó la contribución del Pontífice a un mayor entendimiento
entre el islam y el cristianismo.
"Estamos muy entristecidos por la muerte del Papa Juan Pablo II y en
nombre del Gobierno y del pueblo de los Emiratos Arabes Unidos
expresamos nuestro pesar a los miembros de la Iglesia Católica en todo
el mundo", dijo el emir, citado por la agencia local WAM.
En un editorial, el periódico saudí "Arab News" dijo que los musulmanes
de Oriente Medio sienten particularmente el fallecimiento del Papa.
"(Su muerte) será lamentada no sólo por cientos de millones de
católicos de todo el mundo, sino también por los del resto de las
creencias cristianas y los seguidores de otras religiones", se precisa en
el texto.
El periódico kuwaití "Arab Times" subrayó que el difunto era "una persona
afable, que contribuyó inmensamente a promover la paz y la armonía
común".
Todas estas reacciones suceden a la conmoción informativa que anoche
causó la muerte del Papa en las televisiones árabes, que interrumpieron
su programación para emitir documentales sobre la vida de Juan Pablo
II, en los que destacaron que el fallecido siempre trabajó por el
entendimiento entre las distintas civilizaciones y religiones del planeta.
EFE hh-amg/jam

Los funerales por el Papa serán oficiados la próxima semana

Los funerales por el papa Juan Pablo II, fallecido anoche, serán
oficiados la próxima semana, no antes del jueves, y sus restos
mortales serán trasladados a la basílica de San Pedro el lunes por la
tarde para recibir el homenaje de los fieles.
Así lo manifestó el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, que
informó de que la primera congregación general de cardenales para
preparar el cónclave comenzará el lunes, pocas horas antes de que el
cadáver sea expuesto en el templo vaticano.
Según la normativa vaticana, el cadáver del Papa será colocado en un
catafalco delante del Altar de la Confesión, donde tendrá que
permanecer tres días, por lo que antes del jueves no pueden ser
oficiados los funerales.
Desde las muertes de Pablo VI y Juan Pablo I las exequias son
oficiadas en la plaza de San Pedro, en presencia de reyes,
presidentes, y personalidades de todo el mundo.
Los restos de Juan Pablo II serán trasladados en las próximas horas a
la sala Clementina del Palacio Apostólico para recibir el homenaje de
la Curia.
Antes, serán velados por los dos secretarios del Papa, el arzobispo
Estanislao Dziwisz y el religioso Mieczyslaw Mokrzycki, así como por
las monjas polacas que han cuidado del Papa y del apartamento papal,
en el que seguirán durante unos días más, aunque haya sido
precintado por el Camarlengo, que ostenta el poder de la Iglesia
mientras no haya un nuevo Papa.
Juan Pablo II, que en mayo habría cumplido 85 años, falleció anoche, a
las 21,37 hora local (19,37 GMT), según informó Navarro Valls.
El portavoz precisó que a las ocho de la tarde comenzó en la
habitación del Papa la Santa Misa de la festividad de la Divina
Misericordia, instituida por el Pontífice para honrar el culto impulsado
por la santa polaca Faustina Kowalska, de la que se consideraba
discípulo.
La misa fue presidida por el arzobispo Estanislao Dziwisz, secretario
particular de Juan Pablo II, y a la misma asistió el cardenal polaco
Marian Jaworski, y los monseñores Estanislao Rylko y Mieczslaw
Mokrzycki, el otro secretario del Papa.
Durante la misa le fue administrado el Viático y una vez más el
sacramento de la Unción de los Enfermos.
Navarro Valls, que no facilitó el certificado de defunción, agregó que
las últimas horas del Pontífice estuvieron caracterizadas por las
ininterrumpidas plegarias de todos los que asistían al rito y de los
rezos de los miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro.
En el momento de la muerte estaban presentes los dos secretarios de
Juan Pablo II, el cardenal Jaworski, el arzobispo Rylko, el amigo
personal del Papa Tadeusz Styczen y las tres monjas polacas que
prestaban servicio en el apartamento papal.
También estaban presente su médico personal, Renato Buzzonetti, los
dos médicos de guardia, Alessandro Barelli y Ciro D'Allo, y dos
enfermeras de guardia.
Inmediatamente después, llegó el cardenal Secretario de Estado,
Angelo Sodano, el Camarlengo de la Iglesia de Roma, el cardenal
español Eduardo Martínez Somalo; el sustituto de la Secretaría de
Estado, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, y el vice camarlengo,
el arzobispo Paolo Sardi.
También entró el cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio
Cardenalicio, y el cardenal Jozef Tomko.
Navarro no facilitó más datos sobre los últimos momentos de la vida
del Papa, que agonizaba desde hacía tres días.
El portavoz confirmó que hoy, a las 10,30 hora local (08.30 GMT) será
oficiada en la plaza de San Pedro una misa en sufragio por el Papa,
que será presidida por el cardenal Sodano.
A mediodía, se recitará en el mismo lugar el Regina Coeli, rezo que
sustituye al Angelus en tiempo de Pascua.
Juan Pablo II falleció como deseaba, trabajando y "gastándose", como
le gustaba decir, por el Reino de Dios.
Hasta tres días antes de su muerte hizo un esfuerzo sobrehumano
para asomarse a la ventana de sus aposentos a bendecir a los fieles e
intentó hablar, aunque, al igual que el domingo de Resurrección, no lo
logró.
Y es que la traqueotomía que le fue practicada el 24 de febrero para
que superase una crisis respiratoria aguda y el parkinson que padecía
se lo impidieron.
Según sus colaboradores, estaba lúcido y su último pensamiento
antes de morir fue para los jóvenes, a los que consideraba los
centinelas del futuro y con los que se sentía un joven más.
Las últimas palabras que pronunció, según dijo Navarro, pensando en
los jóvenes fueron: "Os he buscado y ahora vosotros venid a mi y lo
agradezco".
Con su muerte concluye el tercer pontificado más largo de la historia
de la Iglesia, que sorprendió al mundo el 16 de octubre de 1978 al
elegir al primer Papa no italiano en cinco siglos.
A partir de ese día puso en marcha un pontificado mediático que ha
cambiado la forma de hacer de la Iglesia.
Karol Wojtyla contribuyó decisivamente a la caída del comunismo y
condenó el capitalismo salvaje y el sistema de globalización que hace
cada vez más ricos a los países ricos y cada vez más pobres a los
países en vía de desarrollo.
También mostró su preocupación por la progresiva descristianización
de Europa.
Conocedor de la importancia de los medios de comunicación, utilizó
todos para difundir el Evangelio, defender la familia y condenar el
aborto, la eutanasia, el divorcio, las uniones entre homosexuales y la
equiparación de las parejas de hecho con el matrimonio tradicional.
En sus escritos reiteró una de las ideas claves de su pontificado: la
naturaleza y el destino del hombre y del mundo no pueden ser
comprendidos en su totalidad si no es a la luz del misterio de la
Redención.
De esa idea se deriva su posición sobre la "teología de la liberación",
surgida en Latinoamérica, en la que vio el peligro de que los intentos
de los teólogos de profundizar en la liberación de los pobres se vieran
inspirados por ideas marxistas ajenas al mensaje cristiano. EFE JL/af

Las exequias del Papa, su ceremonial y datos más relevantes

Las ceremonias previstas a la muerte de un Papa siguen un
reglamento incluido en las normas vaticanas, con algunos aspectos
que tienen siglos de historia y otros más recientes, y prescriben un
luto oficial de nueve días.
No antes de cuatro días ni más allá de seis el Papa muerto debe ser
enterrado en la cripta de la basílica de San Pedro y, a no ser que el
Pontífice haya dispuesto otra cosa en su testamento, el Colegio
Cardenalicio se encarga de cumplir con las exequias.
Estas ceremonias están recogidas en el capítulo V de la Constitución
Apostólica Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II en 1996.
"Tras la muerte del Romano Pontífice, los cardenales celebrarán las
exequias en sufragio de su alma durante nueve días consecutivos,
según el Ordo Exequiarium Romani Pontificis, cuyas normas cumplirán
fielmente", dice el texto constitucional en su artículo 27.
En la cripta vaticana están ya enterrados los restos de Pío XII, Pablo VI
y Juan Pablo I, así como los de otros muchos papas habidos en la
historia de la Iglesia, aunque los de Juan XXIII fueron trasladados en
2001, por decisión de Juan Pablo II, de la cripta a una capilla de la
propia basílica.
El rito que rodea a la muerte de un Papa prevé que un cardenal que
puede confesar y absolver en nombre del Pontífice, el Penitenciario
Mayor, le vista con los hábitos pontificales para la celebración del
entierro.
Una vez vestidos los restos mortales del Papa se instalan en un
catafalco, en una de las salas del Palacio Vaticano, y de allí se
trasladan a la Basílica de San Pedro, donde son expuestos para recibir
el homenaje de los creyentes, antes de la celebración del solemne
funeral.
El Camarlengo, administrador apostólico de la sede vacante, debe
velar por que no se tomen imágenes del Papa "si no está revestido con
los hábitos pontificales".
El mismo cardenal es quien tiene que asumir la tarea de destrucción
del anillo del Pescador, utilizado desde Eugenio IV (1431-1444) como
sello que da autenticidad a los documentos papales, que pesa onza y
media de oro fino (unos 38 gramos), tiene grabado el nombre del Papa
que lo usa y lleva en relieve la figura de San Pedro, pescando en la
barca.
El Papa es enterrado con otro anillo, de uso habitual y de oro, liso o con
algún camafeo o gema tallada, que lleva en la mano derecha; el
Pontífice usa en grandes solemnidades otro, el anillo Pontificial: el
actual, que pasa de unos papas a otros, lo mandó hacer Pío VII en los
primeros años del siglo XIX.
Antes del sepelio, el cuerpo del Papa se deposita dentro de tres
ataúdes, metidos uno dentro de otro; el exterior es de madera de olmo
pulimentada, el de en medio es de plomo, y el interior es de madera de
ciprés, considerada incorruptible y forrado en terciopelo carmesí.
Antes de proceder al cierre del ataúd, que por lo general se hace en la
basílica de San Pedro, se introduce un pergamino en el que va escrita,
en latín clásico, una relación de los hechos más destacados del
Pontificado.
Asimismo, y junto al cadáver, se depositan tres bolsas de cordobán
(piel curtida) de color rojo con las monedas de oro, plata y cobre
acuñadas durante su Pontificado.
Posteriormente, los ataúdes de ciprés y de plomo se atan una vez
cerrados con cordones de seda morados, cuyos extremos se unen
con una cera derretida en la que el cardenal camarlengo imprime el
escudo de armas del Pontífice.
Finalmente es competencia, también del cardenal camarlengo, que
"después de la sepultura del Sumo Pontífice y durante la elección del
nuevo Papa, no se habite ninguna parte del apartamento privado del
Sumo Pontífice".
Los Papas son enterrados tradicionalmente en la basílica de San
Pedro, salvo que el Pontífice en su testamento establezca otro lugar.
San Pedro es el mayor templo de la Cristiandad y está ubicado en el
Estado más pequeño del mundo, sobre la colina del Vaticano, en Roma,
y a la orilla derecha del río Tíber.
No obstante, hay Papas enterrados en las catacumbas, así como en
diversas iglesias de Roma y de Italia.
En su suelo y capillas reposan los restos de numerosos pontífices,
además de los 49 mausoleos o monumentos funerarios que acogen
restos mortales de Papas de la cristiandad, como los de Inocencio III,
Urbano VIII, y Clemente XIII.
En la cripta están además los restos mortales de más de un centenar
de papas, entre ellos los de San Pedro, el primer Pontífice de la
cristiandad, así como los de San Gregorio Magno, San Leo, San Pío X,
Pablo VI y Juan Pablo I, estos dos últimos fallecidos en 1978.
Además, en las grutas vaticanas reposan los cuerpos de los dos
papas españoles emparentados con la familia Borgia, Calixto III,
fallecido en 1458 y Alejandro VI, Rodrigo Borgia que falleció en 1503. En
estos casos, y aunque en el sarcófago consta "aquí están enterrados
dos papas españoles", al parecer sólo hay restos de uno de ellos, por
lo que el sarcófago español es objeto de estudio e investigación. EFE
doc/jam/cbm/jar