Redacción Central, 13 abr (EFE).- El primero de los ocho cónclaves
celebrados en el siglo XX (del 31 de julio a 4 de agosto de 1903) se
dividió en dos facciones, una a favor del cardenal Rampolla y otra del
cardenal Sarto.
Austria vetó al primero y fue ésta la última injerencia formal de un poder
imperial sobre la elección de un Papa; finalmente resultó elegido Sarto,
que reinó con el nombre de Pío X, pontífice que el 20 de enero siguiente
firmó la Constitución "Commissum Nobis".
Este texto abolía el privilegio del veto y condenaba a la excomunión a
cualquier cardenal que comunicara al cónclave un veto enviado por un
Gobierno.
El siguiente cónclave, el del 31 de agosto a 3 de septiembre de 1914, se
celebró en plena Guerra Mundial y de él salió Benedicto XV.
Posteriormente, el 2 de febrero de 1922 se abrió el cónclave que sería el
más largo del siglo, donde fue elegido Papa Pío XI, y al que se le conoce
como uno de los más tensos y disputados y el único del que se sabe
que alguno de los presentes fue excomulgado por romper las reglas.
Por el contrario, la siguiente fue la asamblea más corta del siglo. Se
abrió el 1 de marzo de 1939 y el nuevo Papa Pío XII fue elegido al
segundo día de reunión.
En esta ocasión pudieron estar presentes todos los purpurados gracias
a una disposición del anterior pontífice que ordenaba alargar el tiempo
de espera para permitir la llegada de los cardenales americanos, que no
pudieron asistir a la anterior cita.
El siguiente cónclave, de 1958, se celebró con las disposiciones
aprobadas por Pío XII, que introdujo la mayoría de los dos tercios más un
voto para la elección de Pontífice. Con este sistema resultó elegido Juan
XXIII, el pontífice que convocó el Concilio Vaticano II.
Tras fallecer este Papa en plena celebración eucarística, tuvo lugar en
1963 el cónclave para elegir a su sucesor y fue el nuevo Papa, Pablo VI,
quien se encargó de terminar los trabajos del Vaticano II.





















Pablo VI introdujo importantes cambios en el sistema de elección de
Pontífice recogidos en la Constitución "Romano Pontífice Eligendo" de
1975. Entre otras normas, estableció en 80 años el límite de edad para
ser elector, reforzó el secreto de las sesiones y dispuso que el número
de cardenales electores no superara los 120.
En estas condiciones se celebró el cónclave del que salió elegido Juan
Pablo I en agosto de 1978 que incluía todas las innovaciones aportadas
por su antecesor.
Esta asamblea fue la más numerosa de la historia, en ella estuvieron
representados los cinco continentes y, por primera vez, el número de
europeos fue tan elevado como el de no europeos.
Además, los cardenales de la curia romana no alcanzaban el tercio
necesario para formar una minoría de bloqueo y de los 111 electores,
sólo una docena habían participado en cónclaves anteriores.
Cuarenta y nueve días después, el 14 de octubre de 1978, 110
cardenales electores se reunieron en cónclave para elegir al sucesor de
Juan Pablo I, fallecido el 29 de septiembre anterior.
El cónclave duró dos días y de él salió elegido Sumo Pontífice el polaco
Karol Wojtyla, que escogió para reinar el nombre de Juan Pablo II. Este
fue el primer papa no italiano desde Adriano VI en 1522.
En este cónclave se enfrentaron los partidarios de la línea conciliar y los
preconciliares, ambas encabezadas por los cardenales italianos Siri y
Benelli, respectivamente.
Al no conseguir el apoyo suficiente, los purpurados optaron por la
elección de un candidato no italiano que supusiera un cambio en la
Iglesia: el cardenal Karol Wojtyla, que estuvo a punto de no llegar a la
última sesión del cónclave a causa de una avería en su coche, fue
elegido Papa el 16 de octubre de 1978. EFE doc/jam/cbm