El destino entreteje las historias de nuestros personajes en un
pequeño suburbio de la ciudad de México: Tlalpan. Las familias
acuden a la misma iglesia, caminan y chocan en sus calles, sin
saber que sus vidas estarán fuertemente vinculadas “alguna vez”.

En la tradicional iglesia de Tlalpan hay un coro de niños donde la
solista es una joven de 15 años, Ana Hernández.

Ana Hernández es una belleza natural y salvaje, de fuerte carácter
y gran entereza. Es huérfana de padre. Vive con sus hermanitas y
su madre. Sufre del maltrato y el acoso sexual de su padrastro,
Rodolfo “el gato” Sánchez.

La felicidad de Guillermo se empaña súbitamente: su mujer está
condenada a muerte por un tumor en el cerebro.


















Ana conoce su primera ilusión, un amor casi imposible dadas las
diferencias de clase: Nacho Nájera, un joven rico, corredor de
autos deportivos quien, además, está comprometido con
Magdalena Arredón, una bella mujer de su mismo nivel social.

El destino es nuestro gran protagónico. El destino decide que
Nacho fije sus ojos en Ana, pero también el destino le arrebata
ese primer amor. Nacho muere en un accidente aéreo después
de alcanzar el gran éxito, ganar en las “500 Millas de Indianápolis”.

El coro de la iglesia de Tlalpan canta a Réquiem por partida
doble: Nacho Nájera y la esposa de Guillermo Lamas. Isabel
muere repentinamente en un accidente automovilístico. La
pequeña Alejandra queda paralítica, víctima del mismo accidente.

El mundo de Guillermo Lamas se desquicia y él solamente
piensa en morir… Únicamente Rosaura Ontiveros, su cuñada,
parece ser la única beneficiada: muerta su hermana Isabel, ella
hereda marido.

La madre de Ana mata a Rodolfo y Ana se inculpa para
protegerla. El sacrificio de Ana es infructuoso, su madre es
diagnosticada como demente y recluida en un hospital. Sus
hermanas son ingresadas en un orfanato y Ana purga su
sentencia en un tribunal para menores.
El constante chocar en el pequeño núcleo de Tlalpan hace que la
casualidad decida una relación nueva para Guillermo Lamas:
Magdalena Arredón, quien antes fuera la prometida de Nacho
Nájera. Pero Rosaura Ontiveros se propone firmemente
obstaculizar a cualquier mujer que pretenda arrebatarle a
Guillermo.

Ana sale del reclusorio y va a un centro de readaptación social
manejado por una congregación de monjas, La Colmena.

Una vez más, el destino y la casualidad disponen que, por un
número equivocado, Ana inicie una amistad telefónica con una
niña solitaria e invalidad: Alejandra, la hija de Guillermo Lamas.

Al paso de los meses, por azares de la casualidad, Ana
Hernández es contratada como institutriz de la pequeña Alejandra.

El amor toca a redoble de campanas entre Guillermo Lamas y la
institutriz de su hija, pero el destino dispuso que el camino
estaría lleno de obstáculos: Rosaura Ontiveros, cuñada de
Guillermo; Magdalena Arredón, ahora prometida de Guillermo…
Además, un nuevo personaje hace aparición en la escena de
todos: Rodolfo “el gato” Sánchez. El padrastro de Ana, a quien
todos daban por muerto, entra en sus vidas con un nombre falso
y una nueva personalidad.

Para Guillermo y Ana el futuro parece inalcanzable, ya que el
mayor de los obstáculos es la obsesiva idea de Guillermo de que
la diferencia de edades es una gran brecha: Guillermo Lamas,
hombre maduro de 44 años; Ana Hernández, joven de tan solo 17
años.

Pero el destino y la casualidad operan el milagro de amor entre
Ana y Guillermo, ya que la casualidad es como los anónimos de
Dios cuando éste no quiere firmar sus milagros.